Comentario de Tom Wright con base en el leccionario – Año A, Tercer Domingo del Adviento

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Cuarta reflexión semanal de Tom Wright para el Adviento

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 Rebelión y Promesa

Lucas 1:57-80

Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. Al oír los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella. 

Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y lo llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; pero su madre dijo: —¡No! Se llamará Juan. Le dijeron: —¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Entonces preguntaron por señas a su padre cómo lo quería llamar. 

Él, pidiendo una tablilla, escribió: «Juan es su nombre.» Y todos se maravillaron. En ese momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y comenzó a bendecir a Dios. Se llenaron de temor todos sus vecinos, y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas. Los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: «¿Quién, pues, será este niño?» Y la mano del Señor estaba con él. Zacarías, su padre, fue lleno del Espíritu Santo y profetizó, diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David, su siervo  —como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio—, salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odiaron, para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto, del juramento que hizo a Abraham, nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor lo serviríamos en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado, porque irás delante de la presencia del Señor para preparar sus caminos, para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz».

El niño crecía y se fortalecía en espíritu, y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

—–o—–

Al igual que Mateo, Lucas ancla la historia que va a contar en la historia del Antiguo Testamento. Pero, a diferencia de Mateo, Lucas amplía la historia casi en seguida para recordarnos que lo que Dios hace por su pueblo en realidad es de relevancia mundial. El primer capítulo de Lucas está repleto de ecos del primer capítulo de Samuel, del nacimiento y del llamado de Samuel, y luego del ministerio de Samuel cuando finalmente unge al rey David. Nos está diciendo que Juan el Bautista, cuyo nacimiento es como el de un nuevo Samuel, va a ungir al nuevo y verdadero Rey, Jesús, en su bautismo.

Pero en el capítulo dos, Lucas amplía esta perspectiva, porque «Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuera empadronado». De repente nos encontramos no sólo en el mapa de Israel, sino en el mapa de Roma, el imperio más grande que el mundo había conocido. Y creo que Lucas quiere que saboreemos el hecho de que César en Roma emite un decreto y en el extremo lejano de su imperio, que para él era donde el diablo perdió la chaqueta, un joven y su prometida emprenden un viaje a Belén, donde nace su hijo. Este es, en realidad, el verdadero Rey que en un futuro va a hacer temblar a los césares, hasta que finalmente se arrepienten y reconocen que Él es el Señor del mundo.

Todo esto lo está insinuando Lucas por la forma en que arma la historia. Cuando llegamos a la genealogía de Jesús en Lucas, encontramos que se remonta no a Abraham, sino a Adán. Lucas nos está contando la historia de Jesús como la historia del mundo, como la historia de toda la raza humana, que es abarcada por el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de Israel, quien ahora se revela en Jesús.

Lucas también indica, desde un principio, que esta historia es acerca del templo, el juicio sobre el templo actual y del nuevo templo que Jesús está construyendo. El Evangelio de Lucas comienza en el templo con Zacarías, quien ve una visión pero no la cree; el ángel le dice que su esposa va a dar a luz e inicialmente él no entiende. Luego, Jesús es presentado en el templo, algo que se menciona únicamente en el evangelio de Lucas. Esto continúa hasta el final de Lucas. Justo al final del evangelio, los discípulos se encuentran en el templo alabando a Dios.

Pero el templo ha estado bajo juicio. Como encontramos una y otra vez en el Antiguo Testamento, el templo en Jerusalén se ha convertido en símbolo de resistencia a la voluntad de Dios, símbolo del hecho de que Israel es duro de corazón. El templo sintetiza las dos historias que hemos visto en el Antiguo Testamento: la de la promesa y de la presencia de Dios, y la de la rebelión de Israel.

En Lucas 15, Jesús sintetiza el punto de la presencia de Dios y la rebelión de Israel en tres parábolas. Encontramos en Lucas 15, “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírlo”. Lucas contiene muchas escenas en que la gente ha organizado una fiesta y están comiendo con Jesús. Pero otros se quejan. “Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: —Éste recibe a los pecadores y come con ellos”. En otras palabras, ¿cómo podría estar anunciando el reino de Dios? Porque si realmente fuera un agente que anuncia el reino de Dios, estaría respetando, favoreciendo y pasando tiempo con nosotros que guardamos la ley—nosotros los que somos “justos” y fieles al Dios de Israel. Jesús les cuenta las tres parábolas: la parábola de la oveja perdida, la parábola de la moneda perdida y la parábola del hijo perdido, o de los hijos perdidos (porque la parábola se trata tanto del hermano mayor como del menor). Cada una de estas historias nos explica por qué hay una fiesta.

Aquí está el puñetazo: “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”. (Lucas 15:7). Jesús está diciendo: “Cuando yo comparto con los pecadores, cuando les doy la bienvenida y los perdono, los ángeles hacen una fiesta arriba”. Lo que está diciendo es que nosotros deberíamos tener una fiesta aquí abajo también. Lo que él está haciendo, entonces, es uniendo el cielo y la tierra. Está diciendo que lo que está haciendo es la manifestación en la tierra como en el cielo de la celebración que está teniendo lugar entre los ángeles en la corte de Dios. ¡Los ángeles están de fiesta y nosotros deberíamos estar igual! El cielo y la tierra se unen.

Luego en Lucas 24 el Jesús resucitado explica cómo toda la historia de la vida y la muerte de Jesús encaja. Los dos discípulos en el camino hacia Emaús están desconcertados porque pensaban que este Jesús a quien siguieron iba a redimir a Israel, que él era el que por fin iba a hacer lo que habían estado esperando durante siglos. Pero como lo crucificaron no podía haber sido él Mesías. Pero Jesús les dice: “Lo tienen completamente al revés … ¿No era necesario que el Mesías sufriera estas cosas y luego entrara en su gloria?”.

Toda la historia es moldeada por el creador Dios, moldeada a través del Éxodo, moldeada a través de la historia desde Abraham hasta David, moldeada por el exilio y las promesas de restauración. 

Al leer Lucas, debemos verlo como la culminación de esa gran historia de las Escrituras, ahora transformada en un nuevo modo: el modo de misión, el modo de sufrimiento, el modo de santidad, el modo de seguir a Jesús hasta los confines de la tierra. 

Este texto es tomado de una conferencia de N. T. Wright que forma parte de un curso a la distancia aun no disponible, llamado El mundo multi-historia de la Biblia. Para descargar el texto en un archivo de Word, haz clic aquí rebelion-y-promesa

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Comentario de Tom Wright con base en el leccionario – Año A, Segundo Domingo del Adviento

2013-07-30-10-13-34-1

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Tercera reflexión semanal de Tom Wright para el Adviento

2013-07-30-10-13-34-1

El texto para esta semana es tomado de una conferencia que Wright dio en Dallas el 16 de noviembre del 2016.

Reflexiones sobre el prólogo del evangelio de Juan

En el principio era el Verbo … Y el Verbo se hizo carne, y tabernaculizó entre nosotros; y contemplamos su gloria.

En su prólogo, Juan nos insta de forma positiva a ver toda la historia que nos va a contar en el marco del lejano horizonte de los dos primeros libros de la Biblia. A fin de cuentas, Juan enfoca su historia una y otra vez en el Templo—en la manera en que Jesús lo eclipsa, en la advertencia implícita de Jesús para el Templo y sus guardianes, y en el acto final de Jesús que el Templo era incapaz de llevar a cabo.

¿Qué tiene eso que ver con Génesis y Éxodo? En realidad, todo: porque cualquier persona con ojos del primer siglo sabe que Génesis 1 y 2 describen la construcción del Templo supremo, la realidad única del-cielo-y-la-tierra, el Cosmos único dentro del cual se sostienen, en una interrelación y un equilibrio, las dos realidades del espacio de Dios y el espacio nuestro. Las siete etapas de la creación son las siete etapas de la construcción de un templo, donde el constructor va a residir y tomar su “descanso”: aquí está Sión, mi lugar de reposo, dice el Dios de Israel en los Salmos. Seguir leyendo

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Comentario de Tom Wright con base en el leccionario – Año A, Primer Domingo del Adviento

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Una reflexión para el Adviento muy diferente

Esta semana leí el siguiente texto en un libro que ofrece una lectura diferente para cada día de Adviento. Fue escrito por un sacerdote jesuita alemán, Alfred Delp, miembro del círculo de Kreisau, un grupo que se opuso a Hitler. Delp fue ahorcado por la Gestapo pocos meses antes de terminara la Segunda Guerra Mundial.

alfred-kelp

La estremecedora realidad del Adviento

Actuó con todo su poder: deshizo los planes de los orgullosos. Lucas 1:51

No hay quizás nada que nosotros gente moderna, necesite más que ser realmente sacudidos. Donde la vida es firme necesitamos sentir su firmeza, y donde es inestable e incierta y no tiene ninguna base, también tenemos que conocer esto y soportarlo.

Podemos preguntarnos ¿por qué Dios envía huracanes sobre la tierra, por qué el caos donde todo aparece sin esperanza y oscuro, y por qué parece no tener fin el sufrimiento humano? Tal vez es porque hemos estado viviendo en la tierra apoyados en una seguridad totalmente falsa y llena de mentira. Y hoy Dios golpea la tierra hasta que resuena, ahora sacude y destroza: no para aporrearnos con miedo sino para enseñarnos una cosa: –el anhelo más profundo del espíritu.

Muchas de las cosas que están sucediendo hoy en día no habrían ocurrido si hubiéramos estado viviendo en ese anhelo, esa inquietud del corazón que viene cuando nos encontramos con Dios, y cuando vemos claramente las cosas tal y como son en realidad. Si hubiéramos hecho esto, Dios habría  intervenido para detener muchas de las cosas que ahora sacuden y abruman nuestras vidas. Nosotros hubiéramos llevado a término y juzgado los límites de nuestra propia competencia.

Pero hemos vivido en una falsa confianza, en una desilusionante seguridad, en nuestra espiritualidad insana realmente creemos que podemos bajar las estrellas del cielo y encender llamas de eternidad en el mundo. Creemos que con nuestras propias fuerzas, podemos evitar peligros y desaparecer la noche, apagar y detener el temblor interno del Universo. Creemos que podemos aprovechar todo y hacerlo encajar en un esquema final que perdurará.

Aquí está el mensaje de Adviento: frente a quien es el Último, el mundo empezará a temblar. Sólo cuando no nos aferremos a falsas seguridades nuestros ojos podrán ver a este Último y llegar al fondo de las cosas. Sólo entonces tendremos la fuerza para vencer el terror en el que Dios ha dejado al mundo hundirse. Dios usa estos terrores para despertarnos del sueño, como dice Pablo, y nos muestran que es tiempo de arrepentirse, es hora de cambiar las cosas. Es el momento de decir: “Está bien, era de noche, pero ahora dejemos que termine y estemos listos para el día”. Nosotros tenemos que hacer de esto una decisión producto de los mismos horrores que experimentamos. Debido a esto nuestra decisión será inamovible incluso en la incertidumbre.

Si queremos que el Adviento nos transforme –a nuestros hogares y corazones, e incluso a las naciones– entonces la gran pregunta para nosotros es si vamos a salir de las convulsiones de nuestro tiempo con esta determinación: ¡Sí, levántate! Es hora de despertar del sueño. Un despertar debe empezar en alguna parte. Es hora de regresar las cosas a donde Dios las destinó. Es hora para cada uno de nosotros de ir a trabajar – con la certeza de que el Señor vendrá –  poner nuestra vida en el orden de Dios en todo lo que podamos. Donde la Palabra de Dios es escuchada, Él no nos ocultará la verdad; donde nuestra vida se rebele Él lo va a reprender.

Necesitamos personas que atraviesan por calamidades terribles y emergen de ellas con el conocimiento de que los que miran al Señor serán preservados por Él, aún si son los perseguidos de la Tierra.

El mensaje de Adviento sale de nuestro encuentro con Dios, con el evangelio. Por lo tanto, es el mensaje que sacude –de modo tal que al final el mundo entero será sacudido. El hecho de que el Hijo del hombre vendrá otra vez es más que una profecía histórica, es también un decreto de que la llegada de Dios y la sacudida de la humanidad están conectadas de modo alguno. Si somos interiormente inertes, incapaces de ser genuinamente alentados, si llegamos a ser obstinados y duros, superficiales y mezquinos, entonces Dios mismo va a intervenir en los acontecimientos mundiales. Él nos enseñará lo que significa vivir en confusión y estar agitados interiormente. Entonces la gran pregunta para nosotros es si todavía somos capaces de estar verdaderamente conmocionados – o si vamos a continuar para ver miles de cosas que sabemos que no deberían ser y no deben ser y todavía seguir endurecidos hacia ello. ¿En cuántas maneras nos hemos vuelto indiferentes y nos hemos acostumbrado a las cosas que no deberían ser?

Estar conmocionados, sin embargo, fuera de nuestra complacencia patética es sólo una parte del Adviento. Hay mucho más que le pertenece. El Adviento está bendecido con las promesas de Dios, las cuales constituyen la felicidad oculta de este tiempo. Estas promesas encienden la luz en nuestros corazones. Ser quebrantado, ser despertado – esto es necesario para el Adviento. En la crudeza de despertar, en el desamparo de volver en sí, en la miseria de darnos cuenta de nuestras limitaciones, los hilos de oro que pasan entre el Cielo y la Tierra nos alcanzan. Estos hilos dan al mundo una prueba de la abundancia que puede tener.

 No debemos rehuir a este tipo de pensamientos del Adviento. Debemos dejar que nuestro sentido interior vea y que nuestros corazones lleguen lejos. Entonces encontraremos tanto la seriedad del Adviento y sus bendiciones en una manera diferente. Nosotros, si escuchamos, oiremos el mensaje que nos está llamando para animarnos, para consolarnos, y para elevarnos.

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Segunda reflexión semanal de Tom Wright para el Adviento

2013-07-30-10-13-34-1

El texto es tomado de una conferencia que dio el 15 de noviembre en SMU. Lo traduje muy rápidamente y espero que suficientemente comprensible; a veces la redacción de Wright es demasiado complicada y se excede con la cantidad de frases que utiliza.

El archivo en Word se puede descargar aquí. el-jesus-que-nunca-conocimos

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