Sección final de Sencillamente Jesús, de NT Wright

Sencillamente Jesús: una nueva visión de quién era,

qué hizo y por qué es importante

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A continuación el texto de la última sección del libro. Vale la pena leer el libro entero. La explicación de Wright del contexto histórico en que Jesús llevaba a cabo su trabajo es excelente y le ayuda a uno a comprender mejor muchas cosas que aparecen en la Biblia.

Resumen

Podemos resumirlo todo de la siguiente manera: vivimos en el período del gobierno soberano de Jesús sobre el mundo, un reino que todavía no se ha consumado, puesto que, como dice Pablo en 1 Cor 15,20-28, debe reinar hasta que «ponga a sus enemigos como estrado de sus pies», incluida la misma muerte. Pero Pablo afirma claramente que no tenemos que esperar hasta la segunda venida para decir que Jesús ya está reinando. De hecho, Pablo dice en ese pasaje algo que de otra manera no hubiéramos sospechado: el reino de Jesús, en su modo actual, es estrictamente temporal. Dios Padre ha instalado a Jesús en poder para obrar por encargo suyo; pero, cuando esa tarea esté completa, «el mismo Hijo será sometido al que le sometió todo en todos, y así Dios será todo en todas las cosas». No creo que Pablo se hubiera peleado con el Credo niceno cuando dice de Jesús que su reino «no tendrá fin». Esto, en definitiva, es lo que el libro del Apocalipsis dice página tras página. Pero quiero destacar este punto en 1 Cor, porque deja muy claro que la edad presente es verdaderamente la edad del reino de Jesús el Mesías. Dicho con otras palabras, no podemos estar de acuerdo … en que este reino se demora hasta la segunda venida. Al contrario, entonces será cuando quede completo.

Con todo, al intentar comprender este reino presente de Jesús hemos visto dos tendencias aparentemente del todo diferentes. Por un lado hemos visto que todos los poderes y autoridades del universo están sometidos a Jesús en un sentido o en otro. Eso no significa que hagan todo el tiempo lo que él quiere, o sea, solo lo que Jesús mismo quiere que sean las estructuras sociales y políticas de gobernanza. Jesús mismo señalaba a Pilato que la autoridad que el gobernador romano tenía sobre él le había sido concedida «de arriba» (Jn 19,11). Una vez que se ha dicho eso, no deberíamos ser tímidos en reconocer -por paradójico que pueda parecer a nuestras cuadriculadas mentalidades- que las estructuras de la autoridad han sido dadas por Dios, aun cuando sean tiránicas y violentas. Parte de lo que decimos cuando decimos que una estructura está dada por Dios es también que Dios le pedirá cuentas. Nos hemos acostumbrado a pensar de la legitimidad política simplemente en términos del método o modo de designación (por ejemplo, si se han ganado unas elecciones). Los antiguos judíos y primitivos cristianos estaban mucho más interesados en que los gobernantes rindieran cuentas respecto a lo que hacían realmente. Dios quiere gobernantes, pero Dios los llamará a dar cuentas.

¿Dónde entra Jesús en todo esto? Desde su propia perspectiva, él mismo estaba eclipsando las estructuras de poder de su tiempo y también llamándolas a dar cuentas entonces y allí. De eso trataba la acción en el Templo. Pero su muerte, resurrección y ascensión eran la demostración de que él era Señor y ellos no. La llamada a rendir cuentas, en otras palabras, ya ha empezado… y se completará en la segunda venida. Y la misión de la Iglesia de decir la verdad al poder significa lo que significa porque está fundada en la primera y anticipa la segunda. Lo que hace la Iglesia con el poder del Espíritu está arraigado en el logro de Jesús y mira hacia la culminación final de su obra. Así es como Jesús gobierna el mundo en el momento presente.

Pero, por fortuna, no se detiene en la crítica constante, positiva y negativa, de lo que los gobernantes del mundo están llamados a hacer. Hay millones de cosas en las que la Iglesia debería entrar y que a los gobernantes del mundo no les interesan o no tienen recursos para llevarlas a cabo. Jesús tiene toda clase de proyectos en la manga y simplemente está esperando a que los fieles hagan sus oraciones, lean los signos de los tiempos y comiencen a trabajar. Nadie hubiera soñado en la Comisión de la Verdad y la Reconciliación si Desmond Tutu no hubiera orado y promovido que tuviera lugar. Nadie hubiera elaborado el movimiento del Jubileo para hacer campaña a favor de la condonación de la deuda si algunas personas en las Iglesias no se hubieran puesto serias acerca de la apremiante situación de los pobres. Y, más cerca de casa, nadie hubiera organizado un servicio de coches para llevar y traer a los ancianos a los supermercados. Es probable que nadie se hubiera ofrecido como voluntario para tocar el órgano en los servicios religiosos de las cárceles locales. Muy poca gente podía comenzar grupos de juegos para los niños de madres solteras que están trabajando cuando termina la escuela. En mi experiencia, nadie más atendería cuidadosamente la situación apremiante de comunidades rurales o de enclaves de ciudades igualmente aisladas. Nadie más pensaba en organizar la acción de «Pastores de calle», al menos en mi país, que ha tenido un éxito notable en la reducción del crimen, etc.

Y si la respuesta es que todas estas cosas son muy pequeñas e insignificantes en sí mismas, contesto de dos maneras. La primera, ¿no explicaba Jesús sus propias obras hablando de la más pequeña de las semillas que luego crece hasta ser el arbusto más grande? Y segunda, es notable cómo una acción pequeña puede comenzar un movimiento. Un teólogo lo ha llamado «gracia en cascada». Empieza a correr el rumor de que una Iglesia en la ciudad vecina ha comenzado un proyecto especial, y el hecho de contar la buena noticia invita a la gente a que ella misma intente algo parecido. Así es como se extendió el movimiento «Hospice», transformando en una sola generación el cuidado de los pacientes terminales. Jesús está trabajando, llevando adelante su proyecto del reino.

Sin duda está haciendo esto de un millón de formas que nosotros apenas vemos. Ciertamente está trabajando muy por fuera de los límites de la Iglesia. La visión cósmica de Colosenses es verdad y debería darnos esperanza no en último término cuando tenemos que plantarnos ante los funcionarios de los gobiernos locales y explicar lo que estamos haciendo cuando rezamos con la gente en la calle, o por qué necesitamos alquilar un local público para una serie de reuniones, o por qué seguimos implacablemente opuestos a un nuevo negocio que quiere explotar desvergonzadamente a los jóvenes o a las familias de bajos ingresos, animándoles, por ejemplo, a jugar con sus limitados recursos. Cuando nos explicamos, lo hacemos ante gente que, lo sepan o no, han sido designados para sus tareas por el mismo Dios. Jesús ha derrotado en la cruz el poder que los hacía malvados. Y, cuando oramos y celebramos su muerte en los sacramentos, proclamamos esa victoria y andamos nuestro camino tranquilamente y sin miedo.

Pero Jesús también está trabajando de muchas maneras dentro y fuera de la Iglesia. Tenemos, como dice Pablo, que «renovarnos a imagen del Creador» (Col 3,10). Es decir, renovados dando culto a Dios y al Cordero de manera que podamos hacerlo como «sacerdotes y reyes», poniendo en práctica el gobierno de Jesús en el mundo y resumiendo ante él la alabanza de la creación. Eso es lo que ocurre cuando Jesús gobierna el mundo. Y, después de todo, lo que nos dijo que esperásemos. Los pobres en el espíritu harán que venga el reino de los cielos; los mansos poseerán la tierra tan suavemente que los poderosos no lo advertirán hasta que sea demasiado tarde; los pacíficos sacarán del negocio a los fabricantes de armas; los que tienen hambre y sed de la justicia de Dios analizarán la política del Gobierno y las normas legales, y hablarán por los que están en el fondo del montón; los misericordiosos sorprenderán a todos mostrando que hay una forma de relacionarse entre los seres humanos distinta de los enjuiciamientos duros, ansiosos de abajar a todos. «Vosotros sois la luz del mundo», dijo Jesús. «Vosotros sois la sal de la tierra». Anunciaba un programa que todavía había de llevarse a cabo. Invitaba a sus oyentes, entonces y ahora, a unirse a él para que sucediera. Eso es, simplemente, lo que ocurre cuando Jesús es entronizado.

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2 respuestas a Sección final de Sencillamente Jesús, de NT Wright

  1. Abiel Herrera dijo:

    Gracias hermano! Tu blog es una bendición. Agradezco a Dios el esfuerzo que haces por compartir esto que es tan pertinente en español. Sigo tu blog y he sido muy enriquecido por el

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