Otra entrada del blog de Tim Gombis

Am Apoc

El siguiente texto es una traducción hecha a la carrera de otra entrada de Tim Gombis sobre el libro American Apocalpyse. El tema es impactante.

Las raíces racistas del evangelicalismo

Ojalá en este momento pudiera dedicar todo mi tiempo a leer la excelente obra American Apocalypse (Apocalipsis Norteamericano: Una Historia del Evangelicalismo Moderno), de Matthew Avery Sutton. Entre otras cosas, traza el fuerte antisemitismo y racismo del movimiento evangélico a principios del siglo 20. Sorprendentemente, los fundamentalistas tenían una relación ambivalente con el Klu Klux Klan, la cual Sutton documenta a través de los debates y discusiones que se publicaron en las páginas editoriales de la revista Moody Monthly.

Los líderes fundamentalistas no ocultaron la realidad del hecho de que estaban forjando un movimiento segregado. Ellos no sólo marginaban a los cristianos afroamericanos, sino que los excluían intencionalmente. Los líderes de las iglesias negras, por supuesto, entendían los males sistémicos que estaban en juego.

Estas dinámicas se reflejan en las prácticas de los evangelistas fundamentalistas:

La segregación estaba tan común en las iglesias de todo el país que rara vez se hacían comentarios al respecto. Las campañas de reavivamiento de corta duración con evangelistas celebridades, sin embargo, a menudo ponían el tema sobre el tapete. Las personas de todas las razas y colores querían ver a predicadores famosos. En la mayoría de los casos, en el Sur los principales evangelistas itinerantes de la nación ofrecían reuniones segregadas. Durante un reavivamiento en Atlanta durante la guerra, por ejemplo, Billy Sunday celebró un culto especial para los “negros”, ya que no podían asistir a los cultos regulares. En esa reunión, reconoció “su falta de familiaridad con la raza de color”, pero aun así ofreció lo que la Atlanta Constitution elogió como “algunos de los mejores consejos que un hombre del norte o del sur jamás había dado a una multitud de personas de color”. ¿Cuál fue el consejo de Sunday? Le dijo a su público negro que “los blancos del sur son los mejores amigos de los negros”, que no los negros no deberían emigrar hacia el norte, y que el Norte debería dejar de inmiscuirse en los asuntos del Sur. La prensa sureña de los blancos vio su consejo egoísta como un gran avance y le llamó al evangelista un “promotor de la armonía interracial”. Cuando invitó a mil cantantes afroamericanos a servir como el coro para el próximo culto para blancos, Current Opinion concluyó que nunca antes se había intentado algo similar. “Ambas razas sintieron que se había dado un paso importante en la dirección correcta”. El hecho de que los periodistas interpretaron la presencia de un coro negro en una reunión de Sunday como una novedad demuestra que los reavivamientos estrictamente segregados eran la norma.

Aunque los esfuerzos de Sunday hayan deleitado a unos sureños blancos, los afroamericanos no se dejaron impresionar. Después de una campaña larga en Washington, DC, un ministro local señaló que Sunday había sido “traído aquí por los blancos para el beneficio de los blancos”. En el transcurso de un reavivamiento que duró varias semanas, Sunday denunció decenas de diferentes tipos de pecados, pero hizo caso omiso de “el demonio de los prejuicios raciales, los prejuicios raciales apestosos, podridos y nacidos en el infierno, los cuales “estarían tan fuertemente arraigados en las iglesias blancas y en la comunidad como estaban antes de su llegada”. El ministro concluyó que Sunday “a veces parece ser un poco valiente al juzgar por su vigorosa denuncia de muchos pecados; pero cuando se trata del gran demonio de los prejuicios raciales, se manifiesta el cobarde en él; se encoge ante él; tiene miedo de hablar; se ve que en su corazón es un cobarde moral a pesar de su bravuconería y su intento de fingir ser valiente. ¿Qué es lo que temes, Sr. Sunday …?

La National Baptist Union Review lo acusó de algo similar. “No es suficiente que el Sr. Sunday invada las Tierras del Sur”, dijo en un editorial, “para denunciar el adulterio, la fornicación, y a los mentirosos, los hipócritas, los vagos, los vagabundos, los pícaros, los sinvergüenzas, los apostadores y los holgazanes, pero dejar intactos a los que linchan, a los que roban las papeletas [de las votaciones], a los que segregan, a los que discriminan, a los que odian a los negros, a los que promueven la lucha racial y a los líderes de turbas que queman a los seres humanos en la hoguera por ser negros”. Los fundamentalistas blancos simplemente fueron incapaces de reconocer que los prejuicios raciales eran un problema real. Para ellos, la desigualdad reflejaba más a menudo el orden de Dios que los pecados de la humanidad. Para los afroamericanos, la igualdad de todos los seres humanos constituía un componente esencial del evangelio fundamental (pp. 131-32, énfasis de Gombis).

Dinámicas de este tipo, tal vez en forma más sutil, persisten en muchas instituciones evangélicas. Me parece que el trabajo de Sutton puede dar frutos si arroja luz sobre las raíces históricas de la forma contemporánea de la cultura evangélica estadounidense y qué tan lejos está de ser una encarnación fiel del reino de Dios. Tal exposición podría llevarnos hacia la creación de prácticas y posturas nuevas y vivificantes en nuestra interacción.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Tim Gombis y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s