Dispensacionalismo clásico

Cuatro puntos de vista sobre el Apocalipsis

La interpretación más popular de Apocalipsis entre la mayoría de la gente durante el siglo veinte ha sido el dispensacionalismo, una variedad del premilenialismo. El nombre del movimiento se deriva de la palabra bíblica «dispensación», un término que se refiere a la administración divina de la creación (1 Co 9:17; Ef 1:10; 3:2; Col 1:25). Los dispensacionalistas dividen la historia de la salvación en épocas históricas para distinguir las diferentes administraciones con las cuales Dios se ha involucrado en el mundo. C. I. Scofield, el editor de la famosa «Biblia Scofield», definió una dispensación como «un período de tiempo durante el cual el hombre es probado con respecto a su obediencia a alguna revelación específica de la voluntad de Dios». Durante cada dispensación, la humanidad fracasa en el intento de vivir en obediencia a la prueba divina, trayendo consecuentemente ese período bajo el juicio de Dios y creando la necesidad de otra dispensación. Según esta perspectiva, la Biblia se divide en las siguientes ocho dispensaciones (aunque el número y los nombres varían dentro de esta escuela de pensamiento): inocencia, conciencia, gobierno civil, promesa, ley mosaica, iglesia y época de gracia, tribulación, milenio.

La característica del dispensacionalismo ha sido su compromiso con una interpretación literal de las Escrituras proféticas. Esto ha resultado en tres criterios muy valorados por los que se adhieren a este movimiento. (1) Es necesario mantener una distinción entre las profecías hechas acerca de Israel en el Antiguo Testamento y la iglesia en el Nuevo Testamento. En otras palabras, la iglesia no ha reemplazado a Israel en el plan de Dios. Las promesas que él hizo a la nación acerca de su restauración futura se cumplirán. Por eso, la iglesia es un paréntesis en el desarrollo de ese plan. La distinción dispensacionalista entre Israel y la iglesia fue reafirmada en las mentes de muchas personas como resultado de dos eventos importantes en este siglo: el holocausto (que ha producido correctamente una compasión profunda en muchos para el pueblo judío), y el renacimiento de la nación de Israel en 1948.

(2) Los dispensacionalistas son premilenialistas; es decir, Cristo volverá nuevamente y reinará temporalmente sobre la tierra desde Jerusalén por un período de mil años.

(3) Los dispensacionalistas creen en el arrebatamiento antes de la tribulación; es decir, el retorno de Cristo ocurrirá en dos etapas: la primera para la iglesia, que así se librará de la Gran Tribulación; la segunda en poder y gloria para conquistar a sus enemigos.

Parece que el dispensacionalismo fue primeramente planteado por un pastor irlandés anglicano llamado John Nelson Darby, un dirigente influyente del movimiento inglés Los Hermanos de Plymouth durante el siglo diecinueve. El movimiento fue importado a los Estados Unidos, y recibió publicidad en 1909 por medio de la publicación en ese año de la Biblia de Referencia Scofield. Por lo menos tres cosas han sucedido en el desarrollo de este movimiento durante este siglo. (1) La etapa más temprana fue planteada por Darby y Scofield, un período que enfatizó más que todo las dispensaciones. (2) Una segunda etapa surgió en la década de los sesenta, gracias a la obra de Charles C. Ryrie, Dispensationalism Today [Dispensacionalismo hoy]. Durante esta segunda etapa de desarrollo dos cambios notables ocurrieron: (a) La fe fue resaltada como el medio de la salvación en todas las dispensaciones (en contra de la afirmación en la antigua Biblia de Referencia Scofield acerca de las obras como el medio de la salvación en el Antiguo Testamento; ver la nota al pie de página bajo Jn 1:17). (b) El punto principal de enfoque ya no fue las dispensaciones en sí, sino que el énfasis estuvo en la hermenéutica literal del dispensacionalismo. (3) En la década de los ochenta, una tercera etapa se manifestó, comúnmente llamada el dispensacionalismo progresivo (hablaremos más de esto enseguida). La segunda etapa, frecuentemente denominada dispensacionalismo tradicional, todavía tiene apoyo fuerte hoy, y es la cuarta perspectiva considerada en este volumen.

El dispensacionalista clásico tiene como punto de vista que el tiempo de Apocalipsis y la estructura están fuertemente ligados el uno al otro. Debido al hecho de que este movimiento interpreta las profecías del libro literalmente, los cumplimientos de ellas ocurrirán en el tiempo futuro (especialmente los capítulos 4–22). Además, la magnitud de las profecías (por ejemplo una tercera parte de la tierra destruida; el sol oscurecido) sugiere que no han ocurrido todavía en la historia. El versículo clave en esta discusión es 1:19, en especial los tres tiempos gramaticales que proveen un bosquejo de Apocalipsis: «lo que has visto» (el pasado, la visión que Juan tuvo de Jesús en el capítulo 1); «lo que sucede ahora» (el presente, las cartas a las siete iglesias en los capítulos 2–3); «lo que sucederá después» (el futuro, capítulos 4–22). Es más, el dispensacionalista clásico cree que la falta de mención de la iglesia desde el capítulo 4 en adelante indica que ha sido arrebatada al cielo por Cristo antes del comienzo de la Gran Tribulación (caps. 6–18).

Puesto que el dispensacionalismo está íntimamente ligado con el premilenialismo, no es sorprendente que esta perspectiva vea la historia del mundo con pesimismo. Grenz resume esta interpretación:

En contraste al optimismo del posmilenialismo, el premilenialismo muestra un pesimismo básico respecto a la historia y el papel que tenemos en su consumación. A pesar de todos nuestros intentos en convertir o transformar al mundo, antes del fin el anticristo aparecerá y ganará el control sobre los asuntos humanos, según la predicción que los premilenialistas hacen con tristeza. Solamente la acción repentina del Señor cuando vuelva traerá el Reino de Dios y la gloriosa época de bendición y paz.

De acuerdo con este pesimismo básico respecto a la historia del mundo, la teología premilenialista enfatiza la discontinuidad, o aun la contradicción entre el orden actual y el Reino de Dios, y eleva el futuro divino sobre esta época de maldad. El Reino es una cosa radicalmente nueva que Dios hará. Sin importar su forma, la «época de oro», el futuro divino, viene como un regalo de la gracia de Dios y solamente a través de la acción de Dios.

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