Una cita de “El Gran Tejedor de Vidas”

El gran tejedor de vidas_ Ravi ZachariasVaranasi, a orillas del sagrado río Ganges, es posiblemente más famosa como centro del hinduismo, pero tiene también una fama merecida por fabricar los saris, unos vestidos espectaculares e impresionantes que toda novia del norte de la India quiere lucir el día de su boda. Asistí a numerosos matrimonios durante mi niñez en Delhi, por eso recuerdo bien mi admiración por estas magníficas obras de arte. Son una explosión espectacular de colores: rojos que parecen ser el origen de todas las tonalidades de rojo; azules intensos que parecen reflejar todos los océanos del mundo; verdes brillantes que parecen tomados de las esmeraldas más finas o de los matices del césped bien cuidado; hebras doradas y plateadas que no parecen ser de oro ni plata porque son de oro y plata. Todos estos colores se entretejen para formar diseños que podría pensarse se originaron de una mente y un par de manos perfectas. Siempre quise saber cómo se hacían. ¿Quién los creó? ¿Cómo los hicieron?

Pues bien, entré en una casa y luego en una habitación contigua para saberlo. Con las costumbres típicas de la India, el ambiente deja mucho que desear; aun así, el producto final no cabría describirlo más que como una obra de arte. En esencia, cada sari es realizado por un equipo formado por padre e hijo. El primero se sienta en una plataforma con enormes carretes de hilo de seda multicolor a su alcance. Luego, el hijo se sienta en el piso con las piernas cruzadas en la «posición de loto». Ambos están vestidos con ropa sencilla de trabajo. Sus dedos se mueven con destreza, sin necesidad de aplicarse ninguna crema humectante en las manos. Inclinados sobre su trabajo, tienen los ojos fijos en el diseño que se crea con cada pasada de la lanzadera.

Ante mis ojos, aunque al principio no lo reconocí, se revelaba un diseño grandioso. El padre toma unos hilos en la mano, luego asiente con la cabeza con el fin de que el hijo pase la lanzadera de un lado a otro del telar. Unos hilos más, otra señal de asentimiento, y de nuevo el hijo responde pasando la lanzadera. El proceso tiene un parecido al trabajo de Sísifo, el de la mitología griega, en cuanto a lo repetitivo. El silencio que allí se siente solo es roto de vez en cuando por un comentario o por algún visitante que interrumpe para hacer una pregunta sobre el diseño final. El padre sonríe e intenta explicar en un inglés imperfecto la idea que tiene en su mente, aunque comparada con la magnificencia del producto final, no es más que un burdo intento. Sé que si regresara en unas semanas —y en algunas ocaciones unos meses— más adelante, vería los carretes de hilo casi vacíos y un espectacular sari de dos metros en todo su esplendor.

En todo el proceso, al hijo le corresponde la labor más fácil. Es probable que a menudo se aburra o que quizás le duela la espalda o se le adormezcan las piernas. Es más, tal vez hubiera preferido hacer otra cosa en la vida, algo más estimulante o que le diera más satisfacción. Sin embargo, tiene que hacer solo una cosa: pasar la lanzadera conforme a la indicación de su padre cuando asiente con la cabeza, con la esperanza de aprender a pensar como él para que, llegado el momento, pueda continuar con el negocio y la tradición.

Sin embargo, todo el tiempo, el padre tuvo el diseño en su mente mientras sostenia las hebras. Al cabo de unos días, este sari llegará a una tienda de Delhi, Bombay o Calcuta. Luego, una hermosa joven acompañada de su madre lo verá en la vitrina que lo exhibe. Le llamará la atención y exclamará: «Bohut badiya [¡qué hermosura!] Khupsurat [¡qué hermoso vestido!]»; y todo gracias al laborioso diseño de un gran tejedor. Y al poco tiempo, el sari envolverá el cuerpo de la joven embelleciéndola para su boda.

Ahora bien, si un tejedor común y corriente puede tomar los carretes de hilos multicolores y crear una prenda para que alguien luzca más hermosa, ¿no será posible que el gran Tejedor tenga en mente un diseño para ti, uno que te adorne mientras él usa tu vida de acuerdo a su propósito usando todos los hilos a su alcance?

Cuando comiences a ver la mano de Dios en tu vida, sabrás que la obra de sus manos dentro y por medio de ti está hecha a tu medida. Su diseño para tu vida entreteje todas las hebras de tu existencia para crear una magnífica obra de arte. Todas ellas son importantes; y cada una cumple un propósito específico.

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