Manual de Bolsillo

Unilit teologia

Este es otro de estos libritos muy útiles. A continuación la entrada sobre Tomás de Aquino:

Tomás de Aquino y el punto más elevado del escolasticismo

Hay un nombre que se destaca por encima de todos los demás, como el del pensador escolástico por excelencia: Tomás de Aquino (1224/5-1274). Es imposible exagerar su importancia para la historia de la teología cristiana, y en especial, para la historia de la teología católica romana. Al igual que Agustín, Tomás de Aquino escribió acerca de casi todos los temas concebibles que se relacionaban con los estudios universitarios. Era un verdadero enciclopedista, y por tanto, es difícil comenzar a tocar siquiera unas pocas de sus ideas y contribuciones.

Una de las contribuciones de Tomás de Aquino a la historia de la teología que se citan con frecuencia suele recibir el nombre de sus cinco «pruebas de la existencia de Dios». Las «cinco vías» (quinque vías) son una colección de demostraciones aristotélicas y escolásticas que se apoyan en las conexiones entre las cosas cambiables y el iniciador implícito de esos cambios, las causas y la primera causa, las cosas contingentes y la necesaria, los grados de las cosas, y las causas finales. La observación que se ha hecho muchas veces acerca de estas cinco vías, es que parecen demostrar la existencia de Dios sin recurrir a la fe ni a la revelación; parecen depender únicamente de la razón. No obstante, como observó William Placher después de inspeccionarlas con mayor detenimiento, en realidad, no son en absoluto este tipo de «pruebas». Esto queda aclarado por el hecho de que Tomás de Aquino no concluye cada argumentación con un triunfante «por tanto, Dios existe», sino más bien como encogiéndose de hombros y diciendo: «al cual todo el mundo le da el nombre de “Dios”», o «y a este le llamamos “Dios”». Las cinco vías no representan forzosamente la vía de Tomás de Aquino, sino que son más bien ejemplos que él ha reunido sobre las formas en que otros han razonado para demostrar la existencia de Dios.

La vía del propio Tomás de Aquino hacia Dios solo se puede seguir hasta un punto por medio de la razón sola. La razón puede demostrar la existencia de Dios. Hace falta fe para conocer el carácter y los atributos de Dios, y este tipo de conocimiento siempre se expresa de forma analógica. Tomás de Aquino distinguía tres formas de usar las palabras. Se pueden usar de una forma unívoca, directa. En las oraciones «Tengo una camisa azul» y «Su motocicleta es azul», el adjetivo «azul» es usado exactamente de la misma forma. En cambio, en la oración «Estoy oyendo blues», aunque «blue» significa «azul» en inglés, le estamos dando el significado de «música de jazz melancólica», de manera que ya no indica un color, sino un sentimiento. Aquí se está usando la palabra de manera equívoca (es la misma palabra, pero con un significado distinto).

Cuando hablamos de Dios, no nos podemos imaginar que nuestras palabras se puedan aplicar a una correlación unívoca, directa, de uno a otro, entre las cosas terrenales y las divinas. Cuando decimos que «Dios es sabio», aquí «sabio» no significa la misma cosa que significa cuando decimos que «Sócrates es sabio». Estamos usando la palabra «sabio» de una forma análoga; es decir, que en los dos casos significa algo parecido, pero que no es exactamente lo mismo. Esta es la tercera forma, que Tomás de Aquino prefería en el uso del lenguaje para referirse a Dios. Por supuesto, se podría decir que la sabiduría de Dios es como la de los humanos, con la salvedad de que Dios es infinitamente más sabio que los humanos. Pero una observación de este tipo solo tocaría el nivel superficial de la analogía. Tomás de Aquino sugiere que usemos la analogía, no solo porque Dios posee la sabiduría, la bondad o la justicia en un nivel cuantitativamente superior (o infinitamente mayor) que nosotros. En realidad, la sabiduría de Dios tiene una calidad diferente a la sabiduría humana, y es de una clase distinta a ella. Todas las descripciones de Dios no son más que analogías, según Tomás de Aquino, porque solo estamos diciendo a qué se parece Dios; no estamos en posición de decir lo que Dios es, ni tampoco tenemos las palabras necesarias para decirlo con exactitud. Tomás de Aquino reconoció que nuestras palabras, como nuestro conocimiento de Dios, siempre se quedan de manera drástica lejos de abarcar la realidad de Dios. De hecho, nuestras palabras suelen mostrar más lo que no comprendemos acerca de Él, que lo que sí comprendemos. En esta vida, vemos oscuramente, como en un espejo; entonces veremos cara a cara. Con todo, Tomás de Aquino no desespera, porque Dios se ha revelado a sí mismo en Cristo. Esta revelación hace posible que nosotros hablemos con verdad y fidelidad acerca de cómo es Dios, de la misma forma que Jesús habló con verdad y fidelidad acerca de cómo es el reino de los cielos.

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