Otra cita de Correr con los Caballos

Correr cover

La primera visión de Jeremías fue de una vara de almendro: “La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ‘¿Qué ves tú, Jeremías?’. Yo respondí: ‘Veo una vara de almendro’. Me dijo Jehová: ‘Bien has visto, porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra’” (Jer. 1:11-12).

almond-treeEl árbol de almendro es el primer árbol en florecer en Palestina. Antes de tener hojas nuevas, da flores blancas como la nieve. Mientras que la tierra aún está congelada por el invierno, las cálidas flores, libres y descuidadas nos sorprenden con la promesa de la primavera. Cada primavera sucede otra vez: la aparición de las flores en los bosques y jardines antes que las hojas, antes de que el pasto sea verde de nuevo. Y sabemos lo que viene luego: aves migratorias llenarán pronto los aires con su canto; las hojas adornarán los árboles con su verdor; las frutas comenzarán a desarrollarse. El florecimiento es una delicia en sí mismo, hermoso de ver, fragante de oler. Pero es más que eso. Es anticipación. Es una promesa. Es como las palabras. “Porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra”. Las palabras, como el florecer del almendro, son promesas, la anticipación de lo que está por suceder. Se transforman en algo. “El verbo se hizo carne”.

La visión es acentuada con un juego de palabras. La palabra almendro y la palabra vigilar son casi idénticas en hebreo. “¿Qué ves Jeremías? Veo una vara de shaqed (“almendro”). “¡Bien! Así es, porque yo shoqed (“vigilo”) sobre mi palabra para cumplirla. Estoy vigilando mi palabra como un pastor vigila su rebaño. Ninguna de las palabras que has oído se disipará. Ninguna se perderá. Traeré cada palabra a algún tipo de conclusión viviente”.

El método fue audiovisual: una imagen visual junto con un juego de palabras auditivo enseñó esperanza a Jeremías. Cada primavera por el resto de su vida el florecer del almendro, shaqed, le traería shoqed (“vigilar”) a la memoria (“Porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra”) y por el resto de su vida cada vez que escuchara pronunciar la palabra cotidiana shoqed (“vigilar”) –y no serían muchos los días en los cuales no la escucharía—la imagen visual del shaqed (“almendro”) liberaría todas las asociaciones enriquecedoras y energéticas de la primavera.

No es posible vivir la vida de fe, ya sea por un profeta o una persona común, sin algún tipo de visión sustentadora como esta. Muy en el fondo necesitamos ser convencidos, y de una forma u otra necesitamos recordatorios periódicos de que las palabras no son sólo palabras. En particular, las palabras de Dios no son sólo palabras. Son promesas que se cumplen. Dios hace lo que promete. Dios hace lo que dice.

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