Todo comienza con Jesús (7)

Kinlaw Jesus better

Jesús era perfectamente consciente del mundo en que vivía y sus múltiples elementos. Sabía muy bien que incluía al Padre y al Espíritu, a Satanás, los ángeles, Caifás y Herodes, los pobres, los enfermos, los demonizados, las multitudes y su propia familia y amigos. Tenía un orden en sus relaciones con cada uno de estos componentes. Tenía un centro de preferencia, que cuando estaba en su lugar, determinaba todas las otras relaciones. Ese centro era el Padre quien le había enviado y cuya voluntad Jesús escogió como la suya propia a fin de cumplirla. Había apertura en sus personas para un más allá, para otras personas -el Padre y el Espíritu- en quienes halló para sí mismo la razón de todas las cosas. La clave para entender a Jesús no estaba en Jesús. Estaba más allá de él. Vivió de manera gozosa desde Otro, a través de Otro y para Otro. Jesús era el Hijo divino de Dios y un ser humano perfecto y, sin embargo, no se encontró completo dentro de sí mismo. Él no era el centro de la propia existencia que eligió.

Una vez más podemos apreciar cómo el pensamiento bíblico está en contradicción directa con mucho del pensamiento contemporáneo en cuanto al yo. Al tomar en cuenta el triunfo en la psicología de lo que Robert Bellah llama el «yo terapéutico», Stanley Grenz comenta:

“El triunfo de lo terapéutico que acompaña a la cultura de la realización personal entrona al yo como si fuera un monarca. En este emergente reino del yo, el yo individual se considera como el «centro» que es capaz de mantener todo junto aunque todo el mundo externo que nos rodea se desintegre. Además, el yo individual toma para sí el rol de ser el árbitro y el punto focal del significado, los valores y aun la misma existencia. En consecuencia, Allport define los valores en forma sicológica como «simples significados percibidos como relacionados con el yo». Y el valor más elevado que este yo puede aferrar es la libertad, la cual cuando se percibe como la otra cara de la moneda de la autoconciencia o de la autopercepción, involucra la capacidad e moldear o actualizar el yo. La elevación del yo al centro del universo conduce en manera idéntica a una correspondiente transformación del concepto de salud. La salud cuando la entendemos en el sentido de bienestar personal (por ejemplo, el bienestar del yo), ya no es el medio para alcanzar un fin mayor o como el resultado de algún compromiso con alguna causa digna, sino que llega a ser la meta del mismo vivir.

Es evidente que las ciencias sociales modernas tienen poca comprensión de lo que significa ser una persona en el sentido en el cual hemos reconocido que el significado original de la persona es uno de relación y mutualidad. El concepto científico del yo y la comprensión que Jesús tenía de lo que significa ser una persona, son polos opuestos.

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