Todo comienza con Jesús (6)

Kinlaw Jesus better

“En la filosofía griega el cuerpo es algo que se debe lamentar. La persona inteligente anhela escapar de su polución y corrupción. He aquí otro de los muchos ejemplos donde el pensamiento cristiano se opone a la así llamada sabiduría del mundo. Los cristianos primitivos concibieron al Dios de la Biblia como alguien que busca aquello que el filósofo griego desprecia, la unión con el mundo material mediante la encarnación. Aquí podemos ver la perspectiva única y el asombro con que la Biblia considera la creación. Cuando abrimos el relato de Génesis encontramos que Dios miró a la creación en el día sexto y la llamó «bueno, muy bueno», la mayoría de nosotros tiene una noción muy pobre de cuán bueno Dios consideró que era. La creación conlleva dentro de sí misma el potencial para una relación eterna e increíblemente íntima con Dios. Era tan buena que se podía unir permanentemente con una de las personas de la divinidad.

Para comenzar a entender este cambio de paradigma revolucionario, considere la ascensión de Jesús. Pablo establece con claridad meridiana que cuando Cristo se levantó de la tumba, lo hizo con un cuerpo físico. Era un cuerpo resucitado pero, al fin y al cabo, un cuerpo. Tomás lo pudo tocar, todos pudieron verlo, y pudo asimilar un desayuno de pescado sin problemas. Cuando Jesús ascendió al cielo llevó su cuerpo consigo. Pablo nos enseña que cuando Cristo regrese lo hará en forma corporal. No se puede concebir a ningún ser humano aparte de su cuerpo. No somos en forma primordial espíritus inmateriales que serán salvos de manera parcial. Nuestro destino final es ser salvos de modo total como personas eternamente encarnadas. La encarnación y la resurrección confirman esto. Esto es un concepto tan radical que los primeros debates y divisiones en la iglesia primitiva se centraban en este tema. El Docetismo apareció vez tras vez, pero la iglesia ortodoxa siempre lo rechazó porque consideraba que el cuerpo es algo bueno, tan bueno como para que Dios se identifique con él y quiera usarlo.”

“Por tanto, las personas siempre se encuentran en redes de relaciones. Las relaciones son recíprocas, un asunto de dar y recibir. Las personas derivan sus vidas de las otras y encuentran su realización en darse unos a otros. El filósofo Gabriel Marcel habló en forma elocuente acerca de darse a sí mismo en sus Conferencias Gifford de 1949-1950. Explicó que es en la «inter-sujetividad» que nos conocemos a nosotros mismos y a nuestro mundo. Dijo que mucho del pensamiento moderno es demasiado cartesiano, resultando en egocentrismo o «ser para uno mismo» que nos corta de los demás; al cortarnos de los demás, terminamos cortándonos a nosotros mismos. «Un conocimiento completo y concreto de uno mismo no puede ser autocéntrico; no importa cuán paradójico suene, preferiría decir que debería ser heterocéntrico. Es un hecho que solo nos podemos entender a nosotros mismos partiendo desde otros y solamente comenzando desde ellos».”

 

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