Lectura del Día de John Stott

Stott TLB coverJulio 27

Una triple exhortación

Así pues … nos ha dejado vía libre hacia el santuario … Acerquémonos, pues … Mantengamos fielmente la esperanza que profesamos … y estimulémonos mutuamente en la práctica del amor y de las buenas obras. Hebreos 10.19, 22-24, blp

En esta triple exhortación subyace el diseño y el ministerio del templo. El templo estaba construido en dos secciones o salas, y a la más pequeña e interna se la llamaba el Lugar Santo o el Lugar Santísimo. Allí podía verse la gloria shekinah, símbolo de la presencia de Dios. Entre las dos salas se suspendía una pesada cortina (el ‘velo’), impidiendo la entrada al Lugar Santísimo. El acceso estaba prohibido con excepción de una sola ocasión (el Día de Expiación) en que podía entrar una sola persona (el sumo sacerdote) con una condición (que llevara consigo la sangre de un sacrificio).

Nuestro escritor da por sentado que sus lectores conocen esto y que han entendido su enseñanza de que estas cosas han sido cumplidas en el sumo sacerdocio y el sacrificio de Jesús. El acceso a Dios a través del velo ha quedado abierto para todos los creyentes.

En primer lugar, entonces, ‘Acerquémonos, pues’ (v. 22, blp) con corazón sincero y confirmados en la fe, interiormente purificados de la conciencia culpable y nuestro cuerpo externamente limpio por el agua pura del bautismo. Este acceso continuo a Dios es un privilegio extraordinario. En segundo lugar, ‘Mantengamos fielmente la esperanza que profesamos’ (v. 23, blp). La esperanza cristiana (que es una expectativa segura) se orienta a la venida de Cristo y a la gloria que seguirá. Pero ¿cómo podemos aferrarnos a esta esperanza cuando tantas personas—aun en la Iglesia—han renunciado a mantenerla? Hay una sola respuesta: ‘fiel es el que prometió’ (v. 23). El Señor Jesús prometió que vendría en poder y gran gloria, y él cumple sus promesas. En tercer lugar, ‘estimulémonos mutuamente en la práctica del amor y de las buenas obras’ (v. 24, blp). Es evidente que el escritor consideraba que sus lectores se habían vuelto perezosos en cuanto a congregarse. La relación de unos con otros (en la que nos provocamos y nos alentamos mutuamente) depende de que nos encontremos.

Esta es, entonces, la vida cristiana a la que somos convocados: acceso a Dios por medio de la fe, esperar a Cristo con esperanza, alentarnos unos a otros al amor. Esta es la conocida tríada de la fe, la esperanza y el amor.

 Para continuar leyendo: Hebreos 10.19-25

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