Vivimos Como Cristo (1)

Vivimos como Cristo

“La primera metáfora bíblica no es la justificación por la fe. Para llegar hasta ella, era necesario tener un libro de la ley y un sistema legal. Mucho antes de que existiese cualquier sistema legal, la Biblia usa una metáfora diferente para describir la relación entre el ser humano y Dios. Dicha metáfora aparece en el libro de Génesis, en donde se describe la relación de Dios con Abrahán. Aunque Pablo identifica a Abrahán como el mejor ejemplo de justificación por la fe (Romanos 4:1-2), Abrahán nunca conoció la Ley (Romanos 4:13), ni escuchó los Diez Mandamientos; de hecho, Abrahán nunca supo del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Nunca leyó una Biblia; no conocía nada de la iglesia.”

“… Me resulta interesante esa primera expresión [de 2 Corintios 2:14]: “a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo”. Muchos comentaristas relacionan esta afirmación con la resurrección. Dicen que Cristo salió de la tumba vacía para llevarnos siempre en triunfo hasta el cielo. Pero entonces Pablo dice: “por medio de nosotros (Él) manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento”.

Juan Calvino decía que Pablo debía haber confundido sus metáforas en ese momento, porque no se puede extraer fragancia de algo hasta que no esté triturado, triturado completamente. Calvino razonaba que la trituración debía ser una metáfora de la cruz, pero eso significaría que Pablo puso la resurrección primero que la cruz. Seguramente, pensó Calvino, el apóstol se confundió.

Pero si trazamos el significado de la palabra griega que aquí se usa para expresar “llevar en triunfo”, encontramos que ésta describe un desfile militar en el cual la persona que conduce la procesión es finalmente sacrificada al dios del vencedor. Así que Pablo no confundió sus metáforas. Hay tan sólo una metáfora, y esta es la cruz desde el principio hasta el final. Cuando ustedes y yo lleguemos al lugar en el cual muramos a nosotros mismos y pertenezcamos por completo a Cristo, entonces es posible que emane de nosotros una fragancia que atraiga otros a Cristo.

Déjenme decirles esto para terminar: creo que en EE.UU. predicamos el evangelio de tal manera que el concepto de la entera santificación o perfección del amor aparece pegado a la salvación como si fuese una especie de bendición opcional. Pero, ¿cómo podemos llegar a ser el medio de esparcir el aroma de Cristo en este mundo, si existe un ego sin crucificar que se ha quedado en nuestro interior? Solamente cuando llegamos al final de nosotros mismos Él puede llegar a manifestarse.”

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