Libro devocional de John Stott

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La lectura para hoy

Mayo 23

El comienzo de la persecución

Así que [las autoridades] los detuvieron [a Pedro y a Juan] y … los metieron en la cárcel. Hechos 4.3, blp 

            Lucas deja en claro que fueron los saduceos quienes iniciaron la persecución contra los apóstoles. Era la clase gobernante de los aristócratas ricos, y tenían varias razones por las cuales estar resentidos contra sus enseñanzas. No estaban esperando al Mesías, y les exasperaba el testimonio que los apóstoles daban de Jesús. Rechazaban lo sobrenatural y, en consecuencia, ‘Estaban contrariados, porque los apóstoles seguían instruyendo al pueblo y proclamaban que la resurrección de los muertos se había realizado ya en la persona de Jesús’ (v. 2, blp). Debido a que colaboraban con los romanos, los saduceos temían la influencia subversiva del movimiento cristiano y estaban decididos a impedir que se difundiera. Consideraban a los apóstoles como agitadores y herejes.

            Por lo tanto, Pedro y Juan fueron arrestados, encarcelados, y a la mañana siguiente los trajeron ante el sanedrín, que incluyó en esa ocasión a Anás y a Caifás, quienes habían sido figuras prominentes en el juicio y la sentencia de Jesús. ¿Estaba por repetirse la historia? El interrogatorio comenzó con una pregunta directa a los acusados: ‘¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?’ (v. 7). Pedro respondió sin vacilar que era en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ellos habían matado y a quien Dios había levantado de los muertos. Y entonces pasó de hablar sobre sanidad a hablar sobre salvación, y declaró que Jesús era el único y solo Salvador (v. 12).

            La corte prohibió a Pedro y a Juan que predicaran o enseñaran ‘en este nombre’, un nombre que ellos se mostraban renuentes siquiera a pronunciar (v. 17). Pero los apóstoles dijeron que no podían dejar de hablar sobre lo que habían visto y oído. La corte los amenazó una vez más y luego los dejó ir.

            Inmediatamente los apóstoles volvieron a su gente, informaron de todo lo que había sucedido, y entonces se dispusieron a orar. Después de haberse mostrado valientes en el testimonio, ahora fueron valientes en la oración. Sin embargo, antes de pronunciar alguna petición llenaron su mente con el Dios a quien oraban. Lo llamaron Despotēs, ‘Soberano Señor’, y se recordaron a sí mismos que este es el Dios de la creación, de la revelación y de la historia. Solo entonces, una vez clara su visión de quién es el Señor, humillados ante él, estuvieron preparados para orar, no por su seguridad personal sino para que pudieran predicar el evangelio ‘con todo denuedo’ (v. 29) y que Dios confirmara su Palabra con señales y maravillas.

             Para continuar leyendo: Hechos 4.23–31  

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