Un poema de Gerard Manley Hopkins y Creation Care

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He estado escuchando un curso de Regent College en Vancouver sobre creation care o earth keeping, el cuidado de la tierra como una tarea que Dios nos encomendó desde el libro de Génesis. El concepto no es nada popular con los fundamentalistas, quienes, basándose en la interpretación literal de prácticamente un solo versículo, afirman que Dios va a tirar su creación a la basura (aunque El mismo dijo que todo era “muy bueno”). Y no sólo eso, sino que cuanto más rápido la destruimos, mejor, para obligar a Jesús a volver más pronto. Esa fue parte de la justificación del Gobierno de EE.UU. de su invasión de Medio Oriente en la década pasada y por eso hay muchos cristianos norteamericanos que piensan que el concepto de creation care es errado. De hecho, piensan que es la adoración de la tierra y lo relacionan con los ecologistas no creyentes.

NT Wright (y otros) nos enseñan algo diferente, algo más positivo – que la Nueva Creación comenzó con la resurrección de Jesús. “Lo que quiero proponer, conforme nos acercamos al final de este libro, es que la iglesia debería despertar de nuevo su hambre de belleza a todos los niveles. Esto es esencial y urgente. Es capital para la vida cristiana que celebremos la bondad de la creación, consideremos su actual estado de destrucción y, en la medida en que podamos, celebremos de antemano la sanidad del mundo, la nueva creación.  … Es hora, en el poder del Espíritu, de asumir nuestro papel, un papel plenamente humano, como agentes, heraldos y administradores del nuevo día que está amaneciendo. Esto, bien simplificado, es lo que significa ser cristiano: seguir a Jesucristo al nuevo mundo, el mundo nuevo de Dios, que él ha abierto de par en par ante nosotros.” (Simplemente Cristiano)

El curso que estoy escuchando fue dado por A Rocha, una organización sin fines de lucro fundada en Inglaterra por un cura anglicano que quería hacer más por la creación. Al final del curso, alguien cita el siguiente poema de Gerard  Manley Hopkins:

La grandeza de Dios

El mundo está cargado de la grandeza de Dios.
Flamea de pronto, como relumbre de oropel sacudido;
Se congrega en magnitud, como el légamo de aceite
Aplastado. ¿Por qué pues los hombres no acatan su vara?
Generaciones han ido pisando, pisando, pisando;
Y todo lo agosta el comercio; lo ofusca, lo ensucia el afán;
Y lleva la mancha del hombre y comparte del hombre
el olor: el suelo
Se halla desnudo, ni el pie, calzado, puede ya sentir.

Y con todo esto, natura nunca se agota;
Vive en lo hondo de las cosas la frescura más amada;
Y aunque las últimas luces del negro occidente partieron,
Oh, la mañana, en el pardo borde oriental, mana;
Pues el Espíritu Santo sobre el corvado
Mundo cavila con cálido pecho y con ¡ah! vívidas alas.

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