Twelve Months of Sundays

12 months NTW

El Tercer Domingo de Pascua

Hechos 2.14a, 36-41  1 Pedro 1,17-23 Pedro  Lucas 24.13-35

Las lecturas de hoy rebosan con la emoción del nuevo momento que ha amanecido en la historia de Israel, en la historia del mundo, con la resurrección. No es solo que Dios esté ofreciendo una nueva clase de experiencia espiritual, o que ahora haya una nueva creencia en la vida después de la muerte (porque en eso creía la mayoría de los judíos.) Es la sensación de que algo ha sucedido y que ahora todo es diferente.

Pero lo que había sucedido definitivamente no era lo que se esperaba. Simplemente no sirven las teorías de la ‘disonancia cognitiva’, aquel término pseudo-médico pomposo que usan algunos para afirmar que los discípulos estaban tan desilusionados con la crucifixión de Jesús que siguieron creyendo lo que habían creído de todas formas. ‘Abrigábamos la esperanza’, dicen los dos en el camino a Emaús, ‘de que era él quién redimiría a Israel.’ La inferencia es que, como lo crucificaron, obviamente no lo era. Todos saben que un Mesías crucificado es una contradicción conceptual. Somos simplemente otro movimiento mesiánico fracasado.

Supper at Emmaus, by Dr. He Qi, 2001

Eran como personas paradas en una colina esperando ansiosamente ver salir el sol. (Esta imagen funciona mejor en el trópico, donde no hay crepúsculo.) Desorientados, están mirando hacia la dirección equivocada. El momento tan esperado llega y pasa, y no sucede nada. Luego se dan cuenta de que, aunque el cielo que están viendo está oscuro, la luz parece estar brillando de todas maneras. Con una extraña emoción, se voltean y ven el sol brillando con toda su fuerza justo en el lugar donde menos lo esperaban.

Fueron las Escrituras, en particular (hemos de suponer) las promesas davídicas, que pusieron a arder sus corazones para que se dieran cuenta que habían estado mirando en la dirección equivocada, se animaran a dar la vuelta y enfrentaran el alba real. Según la historia bíblica, Dios estaba forjando la redención, la nueva vida, al pasar por la muerte y salir al otro lado. Esperar el rescate de Israel en el sentido en que ellos se lo habían imaginado era mirar hacia la dirección equivocada. El rescate (una palabra relacionada con el Éxodo, desde luego) había ocurrido, pero por medio de un acto profundo y definitivo que liberó a los seres humanos de la ‘vida absurda’ (1 Pedro 1,18: una vida humana que no logra reflejar a Dios se deteriora y se auto-destruye.) La nueva creación que nació en la Pascua entre las vidas humanas, creando amor, confianza y esperanza. El poder transformador se derivaba precisamente de la palabra de Dios (1,23).

La historia contada por Pedro para retar a la multitud en el Día de Pentecostés contiene quizás la primera ‘teología de la cruz’ que vemos en el Nuevo Testamento. (Tal vez necesites leer más versículos del pasaje para verlo claramente.) La muerte y resurrección de Jesús han dado lugar a una nueva manera de ser Israel, a una nueva manera de ser humano. Entonces, les dice Pedro, paren su carrera precipitada hacia la ruina, participen en la vida de nuevo Éxodo del cual el bautismo es una señal y un sello, celebren el acto único de perdón de Dios y ofrézcanlo a todos los demás. Es un mensaje que hace tanta falta hoy como en aquel entonces.

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