Twelve Months of Sundays

12 months NTW

El Quinto Domingo de Cuaresma

(Domingo de Pasión)

Ezequiel 37:1-14

Romanos 8:6-11

Juan 11:1-45

La ‘resurrección’ empezó siendo una metáfora para el retorno del exilio. La visión surreal de Ezequiel fue una imagen de Israel, ‘muerto’ en Babilonia, que se iba a restaurar en su propia tierra. Se relaciona con las promesas de los capítulos anteriores, las promesas de la renovación del pacto, de la limpieza del pecado, del regalo de Dios de un nuevo corazón, un nuevo espíritu. El Dios que respiró en las narices humanas en el momento de la creación volverá a hacerlo. La renovación del pacto significará una nueva creación.

            Después de la Pascua, la metáfora y la historia cambiaron de lugar.La resurrección’ había de ocurrir al fin del tiempo y abarcar a todo el pueblo de Dios, no a una sola persona en medio de la historia; los seguidores de Jesús explicaron la Pascua como el retorno del exilio, el tan anhelado nuevo Éxodo. Romanos 8 es el pasaje clásico: lo mismo que Dios hizo para Jesús, hará para todo la creación, liberándola de su actual esclavitud a la corrupción. Aquellos cuyos cuerpos están destinados a la muerte, pero dentro de quienes mora el Espíritu de Dios, tienen la seguridad de que lo que Dios hizo para Jesús como individuo lo hará para todo el pueblo del Mesías. (Observa cómo Pablo intercambia el nombre y el título:Jesús’ es el individuo, ‘Cristo’ el que representa al pueblo de Dios.)

            Cualquier predicador que necesite ayuda con Juan 11 anda mal. Pero, además de obvios momentos espectaculares de gloria, la historia tiene sus curiosidades. Jesús supo que Lázaro estaba mal, y por consiguiente (v. 5-6) se quedó dos días más. Esto se explica sólo parcialmente en los versículos 4 y 14: Jesús tiene algo en mente mediante lo cual se revelará la gloria de Dios y se fortalecerá la fe de los discípulos (¿y quizá no sólo la de los discípulos?). Jesús es el portador del destino de Israel: no sólo les enseña acerca del gran Retorno, el nuevo Éxodo, sino que lo encarna. Luego está el intercambio de palabras en los versículos 39-42. Típicamente ansiosa, Marta advierte que, después de tres días, el cadáver debe oler mal; Jesús ordena que quiten la piedra y luego le da gracias al Padre por haber escuchado su oración. Hemos de suponer que no había ningún mal olor: Jesús había orado para que la muerte de Lázaro fuera temporal y su oración había sido contestada.

            La vida y la luz de esta historia están enmarcadas en un fondo oscuro. Entre los judeanos (no ‘los judíos’ como se traduce normalmente) hay muchos que desean eliminar a Jesús, y esta señal suprema – el sexto en la secuencia de Juan, que apunta hacia la pronta finalización del trabajo de Jesús – sólo hará que aumente su oposición. Con su oración por, y acción a favor de, Lázaro, Jesús anticipa la dura prueba que se le acerca. La resucitación de Lázaro con el mismo tipo de cuerpo anticipa parcialmente el suceso más grande de la Pascua, cuando el Mesías pasará por la muerte para entrar en la nueva tierra desconocida más allá de ella. Pero, como bien saben los peregrinos de Cuaresma, el camino hacia la Pascua es por la vía de la cruz. ¿Tomás estaba dudando o creyendo, cuando dijo ‘Vayamos también nosotros, para morir con él’? (v. 16)

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