Lectura de Twelve Months of Sundays

12 months NTW

El tercer domingo de la Cuaresma

Éxodo 17:1-7

Romanos 5:1-11

Juan 4:5-42

La historia grande y extensa de Juan (fue una excelente decisión incluir el texto completo de algunos de los encuentros de Jesús en Juan durante la Cuaresma) nos da algo en qué pensar en todos los niveles. La antipatía entre judíos y samaritanos no era sólo un frío alejamiento: en esa época, al igual que ahora, si uno viajaba por Samaria, desde la región del Mar Muerto hasta Galilea, iba a tener problemas. Josefo habla de disturbios violentos, unos pocos años después de la época de Jesús, cuando peregrinos judíos trataron de hacer el viaje. Intenta decirle a alguien en el Oriente Medio hoy que, mientras la ‘salvación es de los judíos’, en el diseño de Dios no habrá ninguna montaña santa. Es una aseveración destinada a provocar un conflicto.

El diálogo es una larga serie de doble sentidos y malentendidos (¿será que Juan lo hizo a propósito, quizá con sentido de humor, una escena semi-cómica con un punto serio escondido entre la plática ingeniosa, como en algunas de las escenas de payasos de Shakespeare?). Jesús ofrece agua de vida (la frase normal para ‘agua corriente’, a diferencia de agua estancada), y la mujer le recuerda que no tiene un balde. ¿Es Jesús mayor que Jacob, el que les dio el pozo originalmente (observa la referencia a ‘nuestro padre Jacob’ y el reclamo histórico de derechos al agua – un punto de discordia en la misma región todavía hoy)? Ella no puede, desde luego, citar Éxodo, ya que los judíos afirmaban que ese texto era suyo – pero allí, también, el agua es prioritaria y un elemento de discordia entre la gente en el desierto, su líder y su Dios. Cuando Jesús responde con la promesa de agua que le quitará la sed para siempre, de repente se pone sumisa. Probablemente no sabe exactamente qué es lo que él está ofreciendo (¿será que pensó que estaba flirteando?), pero lo quiere.

Al igual que en su respuesta al joven rico, Jesús pone el dedo en el punto de su vida que más necesita agua de vida. Más intercambio de palabras: ‘Llama a tu esposo’. ‘No tengo’. ‘No – lleva cinco, falta uno’. Oops, cambiemos de tema … ‘¿Por casualidad, eres profeta? Está el asunto de la montaña en la cual debemos adorar a Dios’. (‘Oh, eres de esa iglesia, verdad? Mi abuelita dice que debemos asistir a esta’. Siempre es una buena manera de cambiar el tema.) Objeción denegada. ‘Lo que importa es el espíritu, no la montaña; y el Dios único ahora está buscando personas guiadas por el Espíritu’. ‘Oh, muy interesante – desde luego, algún día llegará  el Mesías. El explicará todas esas cosas complicadas’. Caramba. Mejor no ir demasiado lejos con esto.

Hace la pausa. Pero Jesús no la va a dejar en paz. Jesús sigue viéndola con la mirada fija. Ego eimi, ho lalon soi: Soy el que soy [Yahvé] está hablando contigo’. Mesías y … ‘Soy’ Fin de la pulla. Es el momento de actuar. El sembrador y el segador están a punto de regocijar juntos.

La ampliación del ministerio de Jesús para incluir a los samaritanos, aun durante su vida, es un anticipo de la ampliación plena que Pablo celebra a través de Romanos. La muerte del Mesías demuestra el amor de Dios, socava todos los reclamos y jactancias étnicos y regionales y crea un nuevo pueblo, un pueblo del Espíritu, un pueblo de adoración.

 

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