Texto de Twelve Months of Sundays para hoy

12 months NTW

Año A, domingo, 16 de febrero del 2014

Propio 2

 Deuteronomio 30.15–20

1 Corintios 3.1–9

Mateo 5.21–37

Una elección real con consecuencias reales. La gran tentación hoy en día no es tanto la de deshacerse de todo freno moral —pocos abogarían por eso, aunque muchos actúan de vez en cuando como si eso fuera la norma— como la de dar a entender que hay tantas maneras diferentes de ser humano, y de ser cristiano, que nuestras elecciones en esta vida no son tan importantes y que Dios arreglará todo en algún gran futuro que en este momento es imposible comprender.

Este punto de vista a menudo se vincula con una inteligente parodia del Sermón del Monte. Lo que importa, dice Jesús, no es tanto que no cometas asesinato, adulterio, etcétera, sino que tu corazón está bien. Lo que Dios está buscando (al igual que en Deuteronomio, porque esta no es una innovación cristiana basada en un contexto judío) es una obediencia comprensiva que resulte en una integridad entre el corazón y la acción. Pero hoy día, con nuestros maestros ocultos del romanticismo y el existencialismo, ‘naturalmente’ pensamos que, siempre y cuando actuamos con el corazón, nuestras acciones hacia los demás no importan tanto. La frase ‘tiene buenas intenciones’ normalmente se usa como excusa.

Naturalmente, esto lo aplicamos de manera selectiva. Nadie perdona el homicidio porque se haya hecho con mucha sinceridad. En ninguno de los dos testamentos se propone que la antítesis entre la observancia externa e interna es una forma de abolir los mandamientos en sí. Es una manera de decir que para el seguidor de Jesús verdaderamente maduro e integral ya no será un esfuerzo moral guardar los mandamientos. Lo hará porque tiene un deseo profundo de hacerlo. Eso, me parece, sólo muestra lo empinado de la montaña que a la mayoría de nosotros nos falta escalar todavía.

Pero, para recapitular: las elecciones son reales. No vale decir: «Pero pensábamos que teníamos que hacer lo que nos surgía naturalmente». Dejar de elegir —seguir la corriente, ya sea de las insidiosas presiones que nos rodean o las sugerencias que escuchamos como susurros en nuestro interior— siempre es una manera de elegir, es decir, elegir desobedecer. Parte de lo que involucra crecer como cristianos es darnos cuenta de que se nos está pidiendo que tomemos una decisión difícil. A fin de cuentas, Jesús no dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, debe seguir la corriente y hacer lo que le nace naturalmente». Lo que sigue es orar y pedir aquel cambio de corazón, aquella reforma total y aquel redireccionamiento desde adentro que es lo único que va a lograr que la obediencia se convierta en una acción automática. Ese es el camino de la vida, según tanto Deuteronomio como Jesús.

Una señal de madurez y de integración dentro de una comunidad cristiana será, como Pablo bien lo sabía, las actitudes hacia los líderes. En Corinto, seguir la corriente de los instintos naturales había producido un culto a la personalidad, una clara señal de la inmadurez espiritual. La Iglesia está llamada a crecer más allá de lo que surge naturalmente en los seres humanos, y en lugar de eso acoger el fruto del Espíritu y de la fe.

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