Extracto del libro 10 Mentiras que la Iglesia les dice a las Mujeres

Sé que soy parte de la minoría de cristianos que cree que no hay diferencia entre el hombre y la mujer en Cristo. Sin embargo, las cosas han cambiado mucho – aunque no suficiente – en las últimas décadas. N T Wright  también apoya el egalitarianimso.

10 razones portada

Mentira #2 – La mujer no está preparada para asumir un papel de liderazgo en la iglesia

«Dios mantuvo el orden de cada sexo al dividir el negocio de la vida en dos partes, y asignó al hombre los aspectos más necesarios y beneficiosos, y los inferiores y menos importantes a la mujer».

Juan Crisóstomo (347-407 d.C.), padre de la iglesia primitiva en El tipo de mujer que debe tomar por esposa

«El intelecto de la mujer es normalmente más débil y su curiosidad mayor que la del hombre: las mujeres no deben gobernar el estado o hacer guerra o entrar al sagrado ministerio. De esta manera pueden eximirse de algunas de las ramas más difíciles del conocimiento que tratan con la política, el arte militar, la jurisprudencia, la filosofía y la teología … Sus cuerpos, así como sus mentes, son menos fuertes y robustas que las de los hombres».”

Francois de Salignac de la Mothe-Fenelon en Educación para las Mujeres, publicado a fines del siglo XVII

«La mujer no tiene ningún llamado a la urna electoral, pero tiene una esfera propia, de increíble responsabilidad e importancia. Fue divinamente señalada como la guardiana del hogar… Debería percatarse mejor de su posición… Es la más santa, de la responsabilidad más majestuosa asignada a los mortales; y descartar toda ambición por algo más alto, porque no hay nada tan alto para los mortales».

El líder fundamentalista John Milton Williams, en Women’s suffrage (el sufragio de la mujer) (1893), el cual usó la Biblia para oponerse al movimiento de dar a la mujer el derecho a votar.

«No creemos que haya lugar en la iglesia para las mujeres ancianas. Cuando el apóstol Pablo dijo que la mujer no debía «enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre» (1 Timoteo 2.12), no siguió esto con un argumento cultural. En lugar de esto fue al principio de la creación para mostrar que la mujer no debe dominar al hombre. Las razones que dio es que la mujer fue creada después del hombre, y que fue engañada cuando actuó independientemente, sin su liderazgo»

John MacArthur, pastor y autor, en una declaración en su sitio en la red «Grace to You»

Han pasado demasiados años para que nos acordemos que los líderes cristianos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX se opusieron agresivamente al esfuerzo de garantizarle a la mujer el derecho a votar en los Estados Unidos. En el 1920, los obispos católicos romanos en Massachusetts decidieron que las mujeres debían ser consideradas «caídas» si entraban en la arena política. Otras denominaciones pasaron decretos despreciando el movimiento del sufragio, prediciendo que si las mujeres comenzaban a votar descuidarían sus tareas domésticas e impulsarían la caída de la civilización.

Algunos predicadores se montaron en la camioneta «antímuier» e iniciaron un esfuerzo para «remasculinizar» la iglesia, por miedo a que de alguna manera las mujeres la dominaran. Uno de ellos, Horacio Bushnell, un congregacionalista, predijo que si la mujer comenzaba a votar, su cerebro se hincharía y eventualmente perdería su femineidad y sus valores.

El evangelista Billy Sunday (1863-1935) era uno de los que en su tiempo estaba preocupado por que la iglesia estuviera en peligro de afeminarse. En su populares sermones criticaba con frecuencia lo que llamaba «un cristianismo plástico, débil, afeminado y tres veces carente (sic).» Quizás este miedo de que la iglesia se afeminara es la raíz de la oposición moderna a las oportunidades ministeriales para la mujer. Pero en gran parte, aquellos que todavía hoy se oponen a la ordenación de la mujer siguen usando los mismos argumentos culturales y malinterpretaciones de los pasajes bíblicos que usaron los antiguos patriarcas medievales de la iglesia. Las viejas mentiras no mueren fácilmente.

Esto fue bien obvio en junio del 2000, cuando la Convención Bautista del Sur (CBS), la denominación más grande de los EE.UU., aprobó una política que establece lo siguiente: «Aunque tanto los hombres como las mujeres tienen dones para servir en la iglesia, el oficio del pastor se limita a los hombres, como se califica en las Escrituras». Un líder bautista que se opuso a la medida, Robert Parham del Centro Bautista para la Ética en Nashville, Tennessee, le dijo a un reportero de Orlando, Florida, que la CBS con sus quince millones de miembros «habían alzado el puente levadizo hacia el siglo XXI y encerrado a sus miembros en un castillo cultural del siglo XIX».

¿Por qué será que la iglesia parece estar siempre cincuenta o cien años atrasada cuando se trata de hacer un progreso social? ¿Por qué tenemos que arrastrar los pies tan torpemente cuando el Espíritu Santo nos está suplicando que soltemos las tradiciones religiosas que entorpecen su obra? En los cincuentas y los sesentas, cuando la sociedad norteamericana llegaba a un acuerdo con el horror de la discriminación racial, la iglesia evangélica blanca debió haber seguido los pasos pidiendo justicia por nuestros hermanos afroamericanos. Pero en lugar de esto, muchas iglesias blancas se opusieron a la desegregación y hasta usaron la Biblia para pelearlo.

Lo mismo aplica hoy al asunto de la mujer en el ministerio. Vivimos en una cultura donde las mujeres calificadas sirven como gobernadoras, senadoras, alcaldesas, rectoras en las universidades, presidentas de corporaciones, embajadoras y hasta comandantes militares. La mujer ha alcanzado un lugar de reconocimiento en campos como la exploración espacial, la medicina, los negocios y en el atletismo. No obstante, la mayoría de las iglesias evangélicas se cierran a la opción de una mujer en el rol de pastor principal. Como resultado el mundo ve a la iglesia como ignorante, insensible e irrelevante. Tristemente, merecemos la etiqueta.

¿Creyó Jesús que la mujer podía dirigir?

Este fuerte prejuicio de la iglesia contra la mujer en el liderato es muy particular cuando examinamos las actitudes de Jesús hacia las mujeres que lo siguieron. Como ya lo mencionamos, Jesús afirmó la igualdad de la mujer en medio de una cultura que le negaba sus derechos humanos básicos. Las llamó a ser sus discípulas en un momento que los líderes religiosos enseñaban que era vergonzoso aún instruir a la mujer.

En Lucas 8.1-3 leemos que las mujeres que siguieron a Jesús eran una parte vital del equipo ministerial que viajaba con Él. El pasaje dice:

Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el Evangelio del Reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes (énfasis añadido).

Esas mujeres no eran meramente rezagadas que se quedaban en la parte de atrás del séquito de Jesús y miraban a la distancia mientras cocinaban la comida para los hombres. Eran discípulas de Jesús en el sentido más completo y tenemos razones para creer que les encargó ministrar en su nombre.

Cuando Jesús envió al Espíritu Santo sobre la iglesia, como se relata en el libro de Hechos, muchas de estas mismas mujeres estaban en el aposento alto y recibieron autoridad en el día de Pentecostés. Aquellos que eran discípulos de Cristo habían sido autorizados a ir por toda la tierra como testigos, pero se les había pedido que esperaran a que el Espíritu Santo viniera sobre ellos para darle la autoridad para cumplir esta comisión (véase Hechos 1.4-5). Cuando el Espíritu Santo vino para cumplir esta promesa de autoridad para el ministerio, tanto hombres como mujeres —incluyendo a la madre de Jesús— lo recibieron. Pedro señaló esto, quien luego repitió el verso de la profecía de Joel «Y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas» (Joel 2.28-32, énfasis añadido).  

Si Cristo únicamente comisionó a los hombres para ministrar el Evangelio, ¿por qué envió el poder para esa misión tanto sobre hombres como mujeres?

Las mujeres en el aposento alto no fueron las únicas que Jesús comisionó. En el relato de su visita a la mujer samaritana en el pozo (Juan 4.7-42), leemos que luego de revelarle su verdadera identidad y pronunciar el perdón por su tormentoso pasado, la mujer comenzó a contarles a otros sobre él. Quizás aquí vemos uno de los cuadros más claros en la Biblia de Cristo como alguien que ordena a las mujeres.

Luego de su encuentro con el Salvador, el relato bíblico nos dice: «y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer» (v. 39). ¿Por qué el Mesías enviaría a esta mujer a su aldea a contarles a otros sobre su poder si se oponía al concepto de la mujer en el ministerio?

Todavía más intrigante: esta es la primera ocasión registrada en la que Cristo comisionó a alguien a evangelizar más allá de los estrechos confines de la comunidad judía ortodoxa. Para demostrar proféticamente que al final el Evangelio se extendería «en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1.8), ¡envió a una evangelista a predicar!

Debemos recordar el contexto cultural de este pasaje. En la Palestina del tiempo de Cristo, y de hecho en todo el mundo romano, no se consideraba a la mujer como un testigo de confianza. Se les enseñaba a los hombres que no se debía confiar en el testimonio de una mujer porque estas se consideraban ignorantes y fáciles de engañar. Sin embargo, ¿a quién escogió Jesús para revelarle primero su resurrección? Y ¿a quién comisionó primero para decirles a otros que había triunfado sobre la tumba? ¿No fueron acaso sus valientes mujeres discípulas las que estuvieron dispuestas a identificarse con su muerte mientras que sus seguidores varones se escondían de los perseguidores?

Debido a los prejuicios culturales, los discípulos no les creyeron a las mujeres cuando estas le dieron el asombroso informe de la tumba abierta. Sin embargo, Jesús se le apareció a los doce y confirmó el testimonio de las mujeres, y al hacerlo, intencionalmente refutó la idea de que la mujer no podía dar un testimonio confiable. De hecho, confirmó el ministerio de la mujer y retó a sus seguidores varones de mente estrecha a hacer lo mismo.

Luego de su resurrección, Jesús le dijo a María Magdalena: «Ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios (Juan 20.17). ¿Acaso la estaba ratificando como una testigo del Evangelio? ¿Acaso Cristo mismo no la confirmó para ir y hablar por Él? Entonces, ¿por qué le negamos a la mujer la oportunidad de llevar el mismo mensaje?

De igual manera, Jesús confirmó a su discípula María de Betania al permitir a esta romper un vaso de alabastro de un perfume costoso y echarlo sobre su cabeza (véase Mateo 26.6-13). Aunque no está claro porqué María hizo este costoso sacrificio, parece que su adoración fue una respuesta sincera a la revelación de Jesucristo como el Cordero del mundo quien llevaría sobre sí los pecados del mundo.

Debido a que María había seguido a Jesús de cerca, se había sentado a sus pies como estudiante, había escuchado sus enseñanzas y creía que era el Mesías, se dio cuenta que Él era el Hijo de Dios que había sido enviado a la tierra para pagar el máximo precio por la redención de la humanidad. Porque entendió esto, Jesús anunció a todos los que estaban presentes: «Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura» (v. 13).

Podemos decir que María de Betania es la contraparte femenina del apóstol Pedro, quien fue elogiado por Jesús cuando recibió una revelación divina similar y anunció: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16.16). Luego de que Jesús elogió a María por entender su divina misión, le dijo: «De cierto os digo que dondequiera que se predique este Evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella» (Mateo 26.13).

En esencia, lo que Jesús le estaba diciendo a María era: «¡Al fin alguien realmente entiende! ¡Uno de mis discípulos capta el concepto que he estado tratando de explicar! Ya me estaba comenzando a preguntar si alguien se daría cuenta. Pero María lo entiende. Ungió mi cuerpo para el entierro porque sabe que voy a morir por todos ustedes como el Salvador que Dios prometió. ¡Los ojos de María han sido abiertos!»

En la cultura patriarcal palestina ningún rabino hubiera honrado a una mujer de esta manera. En aquel tiempo, la mayoría de los líderes religiosos sólo les hablaban a los hombres y de seguro no confirmaban a las mujeres como adoradoras o estudiantes del Torá. No obstante, aquí Jesús le hace a una mujer el más alto elogio porque entendió su propósito profético y redentor antes que la mayoría de sus otros seguidores. Qué irónico que en un ambiente donde no se consideraba a la mujer digna de aprender —y menos si era teología— fuera ella la primera en captar el concepto del misterio de la redención. Solo esto es suficiente evidencia de que Cristo tuvo la intención de que la mujer aprendiera a sus pies para así tener las herramientas para convertirse en ministros.

El Evangelio que da poder a la mujer

En los círculos cristianos conservadores se espera que la mujer viva contenta en el segundo plano, para enfocarse en las tareas domésticas, debido a que este es el humilde «lugar» en la vida que Dios ordenó para ella. Es un lugar de servicio invisible y de influencia divina pero callada en sus hijos y el hogar, o quizás en el salón de cuna de la iglesia, la Escuela Dominical o un estudio bíblico de mujeres.

Por supuesto que se les dice que es un honor vivir a la sombra de sus esposos y de otras autoridades masculinas, y que es una desgracia asumir un lugar de autoridad espiritual importante. Pero necesitamos preguntar: ¿De dónde tomamos esta idea cuando no es la perspectiva de Jesucristo ni se ve en el resto de las Escrituras?

De hecho, la Biblia está llena de relatos de mujeres que fueron puestas por Dios en posiciones de autoridad. Debemos considerar la forma en que Dios las usó antes de tratar de sacar de contexto un aislado pasaje y construir una doctrina que restrinja las oportunidades ministeriales de la mujer. Examinemos las siguientes mujeres bíblicas y el nivel de autoridad que les fue dado:

María. No cabe duda que en el antiguo Israel se consideraba una líder a la hermana de Moisés. Esto se confirma en Miqueas 6.4: «Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de servidumbre te redimí; y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María». Ella representaba la autoridad de Dios para el pueblo en la misma manera que Moisés. Hablaba por Dios. Por esto se le describe como profetisa en Éxodo 15.20-21.

Además, es la primera persona en el Antiguo Testamento que vemos dirigiendo la adoración congregacional. Y aunque parezca mentira, muchas iglesias hoy día no permiten que una mujer sea la directora de adoración aunque María fue la precursora de este vital ministerio.

Débora. Entre los jueces de Israel, Débora fue la única que tuvo la respetada posición de profeta además de Samuel. En Jueces 4.4 se la hace referencia a ella como profetisa, y su atención a la estrategia y propósito de Dios resultó en una impresionante victoria militar que le aseguró a Israel una paz de cuarenta años (5.31). Estaba casada pero su esposo, Lapidot, no compartía su posición de autoridad espiritual y sabemos muy poco de él. Débora ejercía como gobernadora civil y era tan respetada por su unción y perspectiva espiritual que Barac, el comandante militar de Israel, se negó a ir sin ella a la batalla.

Débora, quien también se conoce como «madre en Israel» (5.7), presenta un intrigante problema para los líderes conservadores de hoy día que quieren promover la visión de que la mujer no puede ejercer en posiciones importantes de autoridad espiritual. Débora no encaja en sus estrechos moldes doctrinales y es por eso que nunca oímos sermones sobre ella. Es un caso excepcional, pero no podemos ignorar el hecho que el relato bíblico confirma su liderato divino así como su intensa pasión por ver derrotados a los enemigos de Dios. Hoy día necesitamos más mujeres como ella; mujeres ungidas con una sabiduría sobrenatural y suficientemente valientes para entrar al campo enemigo con fe.

Hulda. Después de cincuenta años de paganismo y adulterio espiritual en Israel, el rey Josías asumió el trono y redescubrió el libro de la ley que estaba escondido en el templo. Cuando lo leyeron en voz alta, inmediatamente se arrepintió y se volvió al Señor, y mandó a buscar con el sumo sacerdote a un fiel seguidor de Dios que pudiera hablar por él. ¿A quién se volvieron? A Hulda (2 Reyes 22.14), una profetisa que obviamente había permanecido fiel al Señor durante uno de los periodos más oscuros de la historia de Israel.

No sabemos mucho de ella, excepto que vivía en Jerusalén con su esposo, Salum y que su mensaje profético para Josías se hizo realidad. El hecho de que Hilcías, el sumo sacerdote de Israel, y sus asociados la hayan buscado para hacer su petición al Señor evidencia que había ganado la reputación de oír mensaje de Dios. Es raro que un grupo de líderes espirituales que operaban bajo el antiguo pacto en Israel buscaran consejo en una mujer ungida por Dios cuando algunos líderes cristianos de hoy —en la época del nuevo pacto— hubieran considerado en contraposición a la ley la idea de que Hulda asumiera una posición de influencia en la iglesia.

Ester. Aunque no ocupó una posición de autoridad eclesiástica, la vida de Ester prueba que Dios puede y usa a la mujer en puestos de influencia estratégicos para adelantar sus propósitos. De hecho, Él escogió a esta joven mujer judía y la colocó en una posición de intercesora y libertadora, igual a Moisés, y sus oraciones y valientes acciones literalmente salvaron a su pueblo del genocidio.

Y al igual que Moisés, Ester era una persona tímida. Se vio tentada a retirarse de su peligrosa encomienda, pero su primo Mardoqueo le dijo que no fuera cobarde. Sus palabras fueron: «Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4 .14, énfasis añadido)

Hoy día hay en la iglesia muchas mujeres que han sido llamadas a actuar con valentía, y al igual que Esther, luchan con el miedo. Tienen el llamado de predicar y sus palabras tienen el poder de traer la salvación y la liberación de muchos. Pero, ¿cuántos hombres en nuestras iglesias están dispuestos a ser como Mardoqueo, y retan a estas mujeres a hablar? ¡Parece que preferimos que se queden calladas!

Febe. Pablo recomendó a esta mujer a la Iglesia de Roma y les pidió que «la recibieran en el Señor» cuando llegó a Cencreas a trabajar con ellos. Aunque se hace referencia a ella como diakonon, la palabra griega para diácono, en algunas versiones de la Biblia se traduce como sierva. Pero es más acertado colocarla en la categoría de diaconisa, con hombres como Esteban y Felipe, ya que la misma palabra griega se usa para describirlos a ellos.

Recomendar a Febe a la iglesia romana es una forma de otorgarle autoridad apostólica, y obviamente esperaba que los primeros cristianos siguieran sus instrucciones cuando ella llegara. Lo más probable es que no iba a Roma a organizar los almuerzos de la Escuela Dominical. Fue enviada por Pablo para llevar a cabo planes específicos, muy posiblemente relacionados con el evangelismo y plantar iglesias. Recordemos que los diáconos en el Nuevo Testamento eran con frecuencia ministros poderosos que hacían milagros cuando predicaban (véase el ejemplo de Felipe en Hechos 8.5-6). Es muy posible que el ministerio de Febe tuviera este mismo calibre.

Priscila. Junto a su esposo, Aquila, esta mujer fue una reconocida trabajadora de la primera iglesia y fue la influencia de esta pareja la que ayudó a iniciar el ministerio apostólico de Apolos (véase Hechos 18.26). También sería cierto decir que operaban como apóstoles, ya que Pablo se refiere a ellos en Romanos 16.3 como «mis colaboradores en Cristo Jesús». También se nos dice que tenían una iglesia «en su casa» (Romanos 16.5) y que esta valiente pareja «expuso su vida” por salvar la de Pablo (v. 4).

Muchos expertos señalan que sin duda alguna Pablo siempre usaba primero el nombre de Priscila al referirse a la pareja porque sus dones de enseñanza eran más fuertes y reconocidos en la primera iglesia. ¡Si solo hoy tuviéramos hombres que fueran lo suficientemente seguros en sus dones para permitir que sus esposas sobresalieran más que ellos al predicar, enseñar y otros aspectos del ministerio público!

De hecho, habrá situaciones en las que una mujer es llamada al ministerio público o una posición de autoridad espiritual y el esposo no. No hay ninguna regla en la Biblia que diga que las mujeres líderes tienen que estar casadas o que sus esposos deben ser una especie de sombrilla para cubrirlas si ejercen este rol.

Las hijas de Felipe. En Hechos 21.9 se nos dice que Felipe el evangelista tenía cuatro hijas que eran «profetisas”. No sabemos nada de ellas, pero podemos asumir que su influencia era lo suficientemente importante como para ser mencionadas en el relato bíblico. Es obvio que hablaban en público y que sus palabras tenía el mismo nivel de autoridad que las de Agabo, un profeta descrito en el mismo pasaje. En esencia, las hijas de Felipe eran predicadoras que gozaban de un alto respeto por sus ideas espirituales y sus abundantes dones.

El término «profetisa» que se usa aquí viene de la misma raíz usada en Hechos 15.32 para describir a dos profetas, Judas y Silas. Por lo tanto, es obvio que los profetas y las profetisas tienen la misma función y unción; y que las profetisas no están en una categoría más baja solo por su género.

Los traductores de la Biblia se han dado a conocer por hacer trucos con las palabras que tratan con asuntos de género. En algunos casos, por ejemplo, han traducido la palabra «diaconisa» como «esposas de diáconos», cuando no hay ninguna razón para pensar estas mujeres estuvieran en algún tipo de clase subordinada. Pero si examinamos la palabra diakonos, no hay ningún caso convincente que indique que Dios creó dos categorías de personas: diáconos y diaconisas, como si la mujer perteneciera en una categoría secundaria. Lo mismo aplica a los profetas. El género es irrelevante.

Loida y Eunice. El apóstol Pablo elogia a estas dos mujeres, la madre y abuela de Timoteo, por darle forma al ministerio de este joven a través de su instrucción y ejemplo. Aunque es un pasaje confuso, es uno crucial porque en la actualidad muchas iglesias usan las cartas de Pablo a Timoteo para justificar políticas descaminadas que limitan el alcance del ministerio de la mujer. Es irónico que la gente tergiverse las palabras de Pablo en 1 Timoteo 2.12 («Porque no permito a la mujer enseñar…») para prohibir a las mujeres que enseñen a los hombres cuando en 2 Timoteo 1.5 ¡elogia a Loida y Eunice por enseñarle su fe!

Junia, el apóstol. La referencia de Pablo a esta mujer en Romanos 16:7 ha creado tremenda controversia en años recientes. Como se hace referencia a ella como apóstol, los expertos en la Biblia y los traductores han asumido que no puede ser una mujer debido a que estas no podían ejercer en el rol apostólico. Por esta razón el nombre se traduce con frecuencia «Junias » o se considera una forma abreviada del nombre «Junianus».

Los intentos por cambiar el género de Junia no comenzaron hasta el siglo XIII, luego de que el nombre fuera poco común entre los europeos. Cualquiera en el primer siglo hubiera reconocido con facilidad el nombre Junia como un nombre latín común para una mujer. Y sobre si era apóstol, el teólogo Craig Keener hace el siguiente señalamiento: «Quienes favorecen la opinión de que Junia no era una mujer apóstol lo hacen por la suposición anterior de que las mujeres no podían ser apóstoles, no porque haya alguna evidencia en el texto».

Hay algunos ejemplos adicionales de mujeres que tuvieron posiciones de autoridad espiritual en la iglesia del Nuevo Testamento. Cloé (véase 1 Corintios 1.11) obviamente dirigió una iglesia que Pablo estaba supervisando y Ninfas (véase Colosenses 4.15) tenía una iglesia «en su casa». Podemos tomar por sentado que estas mujeres tenían posiciones pastorales. (Los estudiosos conservadores, por supuesto, creen que simplemente «recibían» a las iglesias en sus casas y… quizás les preparaban comida después del culto.)

Pablo también hace referencia a dos mujeres, Evodia y Síntique, como mujeres que «combatieron juntamente conmigo en el Evangelio» (Filipenses 4.3). Como Jesús, el apóstol Pablo tenía en las primeras filas discípulas a las que había entrenado, comisionado a predicar y a evangelizar. ¿Dónde están las mujeres que «comparten la batalla» del ministerio apostólico de hoy? Qué trágico que la iglesia del siglo XXI no le haya dado el poder a un ejército completo de mujeres con la autoridad necesaria para tomar ciudades y naciones para Cristo.

Muchos teólogos conservadores argumentan que si Jesús realmente hubiera creído en autorizar a la mujer para el liderazgo, hubiera escogido a una o dos para servir entre los doce discípulos. Se da por sentado que, como todos eran varones, esto prueba que solo los hombres pueden ocupar las posiciones de autoridad más altas en la iglesia.

Pero otra vez, tenemos que considerar la cultura de los días de Jesús. A la mujer no se le permitía ocupar ninguna posición de autoridad en el primer siglo palestino. Jesús retó el prejuicio por sexo al reconocerlas públicamente, confirmando sus ideas espirituales y comisionándolas a ser sus testigos. Pero muchos expertos consideran que escoger a una mujer para servir entre los doce discípulos hubiese sido tan radical que hubiera puesto sus vidas en peligro inmediatamente.

¿Quién dijo que la mujer no podía dirigir?

Jackie Rodríguez era una ama de casa de la Florida y madre de un niño pequeño cuando comenzó a aceptar invitaciones para predicar en las iglesia de su ciudad. A su esposo, Nuno, un pastor en Orlando, lo desconcertó la decisión de su esposa de asumir un rol de tanta envergadura. Pero Jackie nunca pidió que la llamaran a predicar. Las iglesias la llamaban y le suplicaban que ministrara.

«No pedí hacer esto», le dijo a Nuno en una ocasión que cuestionó sus razones. «Ni una vez he tomado el teléfono y llamado a nadie pidiéndole que me inviten. Dios está abriendo esas puertas».

No fue un camino fácil para Jackie. En la cultura hispana, donde el machismo predomina, se espera que la mujer se mantenga en un rol puramente doméstico. Y Jackie descubrió pronto que el machismo es también una influencia poderosa en las iglesias hispanas. Cuando los pastores la escuchaban hablar, se sorprendían. Hablaba con autoridad pero no podían reconciliar su evidente unción con las tradiciones culturales que controlaban sus mentes. Para ellos, Jackie estaba violando una ley no escrita de la cultura hispana.

«¿Quién usted se cree que es?» le preguntaban los pastores. «Sus palabras son muy fuertes. ¡Usted es una mujer!», le gritaban. Algunas mujeres hispanas también se oponían, pero Jackie resistió y al final se ganó el respeto de los demás.

Al mirar a los primeros años de su ministerio, Jackie se da cuenta que tuvo que luchar contra una fortaleza de prejuicios. Ahora dice: «Las mujeres hispanas hemos estado en esclavitud. Los pastores hispanos nos dicen que debemos callarnos. Nos dicen que nos presentemos en la iglesia y que entonces nos callemos».

Ya Jackíe no pelea esta guerra todos los días. Ella y su esposo son hoy pastores asociados en Iglesia del Pueblo, una congregación hispana carismática con mil doscientos miembros en Mission, Texas, en la frontera este de México. Jackie no solo predica en la iglesia sino que también transmite por radio el programa, «Ondas de Avivamiento», que alcanza a miles en las ciudades mexicanas de Reynosa y Matamoros. Un programa televisivo que presenta sus más impactantes predicaciones también se transmite a toda la región, Y la gente está respondiendo a su mensaje.

Hay algunos líderes en la iglesia de hoy que dirían que lo que Jackie hace es ilegítimo. Que debería bajarse del podio y eliminarse sus programas de radio y televisión porque piensan que su sexo la descalifica para llevar el mensaje del Evangelio. ¿Cómo llegaron a una conclusión tan distorsionada?

El profeta Joel predijo que un día el Espíritu Santo sería derramado sobre la iglesia, y que como resultado «vuestros hijos e hijas profetizarán» (véase Joel 2.28). Este pasaje indica claramente que cuando comenzara la era neotestamentaria, tanto hombres como mujeres recibirían el poder y la comisión de llevar el mensaje del Evangelio al mundo. El Espíritu Santo de Dios no se quedaría solamente en individuos aislados como era el caso bajo el antiguo pacto. En la era pentecostal, todos los creyentes, sin importar sexo, raza o estatus social, tendrían un total acceso a las gracias del Espíritu y llevarían la Palabra de Dios.

Si la predicación se limitara a los hombres, Joel no hubiera mencionado a las hijas en la profecía. En lugar de esto hubiera dicho: «En los últimos días, derramaré de mí Espíritu y sus hijos profetizarán mientras que sus hijas servirán calladamente en un segundo plano y orarán por los hombres».

Esto no es lo que dice la Biblia. ¡Establece con claridad que la mujer predicará! Que dirigirá. Que estará en la vanguardia del ministerio. Como Débora, llevarán la iglesia al territorio enemigo y verán cómo Dios da la victoria. Como Ester, no se quedarán calladas. Como Febe, colaborarán con los apóstoles para establecer iglesias y llegar a regiones sin evangelizar.

Si esta es la orden clara de Joel 2.29, ¿por qué las iglesias se enorgullecen en adherirse fielmente a una traducción literal de la Biblia que lo rechaza? No hay fundamento bíblico para la creencia popular de que predicar y profetizar son únicamente dones masculinos. Ambos sexos tienen el llamado a ministrar en el poder del Espíritu Santo y contristamos a ese Espíritu cuando le restringimos su completo fluir prohibiendo a la mujer que predique la Palabra de Dios o que use sus talento para el servicio de· Él. Responderemos ante Dios por limitar el fluir de su Espíritu a través de mujeres que han sido llamadas para hablar en su nombre.

A través de los años he escuchado innumerables argumentos para restringir a la mujer de predicar y dirigir en las iglesias. Cuando en los años ochenta estuve involucrado en un ministerio universitario carismático, los principales directores se reunieron para decidir qué oradores se invitarían para la conferencia de estudiantes universitarios cristianos. Todos los oradores seleccionados fueron hombres. Cuando alguien sugirió que invitáramos a Joy Dawson, una conocida maestra de la Biblia afiliada al grupo Youth with a Mission (Juventud con una misión), el presidente del ministerio dijo que no era apropiado que Joy predicara.

«Estaría bien si comparte la Palabra. Pero no puede predicar. Las mujeres comparten», nos dijo el líder. La idea era que si la mujer era colocada en un lugar de ministerio público o se le pedía que hablara, tenía que hacerlo en una forma humilde (o tímida) para demostrar de alguna manera que no estaba siendo enérgica en la presencia de los hombres. ¡Qué ridículo! ¿Tendrán miedo los hombres de que las mujeres prediquen mejor?

No hay ninguna base bíblica para la idea de que la mujer no puede levantar su voz contra el prejuicio, retar al pecado en la iglesia o llamar a los pecadores al arrepentimiento. La Biblia no exige en ninguna parte que cuándo la mujer predica, profetiza, dirige la adoración, ofrece seminarios, planta iglesias, comienza centro de rehabilitación de drogas, ministra en las cárceles o predica sermones debe hacerlo con menos pasión que el hombre. Entonces, ¿por qué tantos cristianos, aun en el siglo XXI, todavía creen que la mujer que predica con denuedo la Palabra de Dios es «masculina» o en contraposición a la ley? En más de una ocasión he escuchado a ministros sugerir sarcásticamente que si una mujer predica con un estilo autoritario debe ser lesbiana, porque, según ellos, «quieren hacer el trabajo de los hombres».

Debemos entender que la Biblia no aprisiona a la mujer en el molde estereotipado de una persona inútil y callada. En el libro de los Proverbios, se presenta la sabiduría divina como una mujer sin miedo que se para en medio de la ciudad y «grita» con alta voz (véase Proverbios 8.1-11). Ella declara: «Oh hombres, a vosotros clamo; dirijo mi voz a los hijos de los hombres» (v. 4). No solo predica con autoridad, sino que hay hombres en la audiencia. Esta alegórica mujer no está dirigiendo un estudio bíblico en su casa. Está evangelizando a los hombres en la plaza central de una ciudad importante. Sin embargo, ¿cuántos líderes de las principales denominaciones en los Estados Unidos le dirían que se callara y se sentara?

Catherine Booth, cofundadora del Ejército de Salvación, era criticada constantemente por el clero masculino de su tiempo porque tenía un ministerio público y aportaba un fuerte liderazgo a su organización evangelística. Sus detractores usaban con frecuencia el argumento de que era «contra la naturaleza» que la mujer predicara porque Dios la creó débil, delicada y sumisa. En su más famoso tratado, Female Ministry: Woman’s Right to Preacb the Gospel [Ministerio femenino: El derecho de la mujer a predicar el Evangelio], la Sra. Booth señaló que las objeciones para que las mujeres en el púlpito se debían puramente a los prejuicios culturales y las tradiciones.

En la rígida cultura victoriana que retó Catherine Booth se veía a la mujer como una delicada figura decorativa. Se honraban como un hermoso pero callado ejemplo moral, y se animaban que influenciaran los valores de su nación siempre y cuando lo hicieran de la manera correcta; quizás ministrando a los enfermos en los hospitales o siendo anfitrionas de tardes de re para recaudar fondos para caridades. No obstante, Booth argumentaba enérgicamente que las mujeres debían y podían entrenarse para predicar y dirigir. Insistía que no eran meras decoraciones ni influencias calladas.

Escribió: «No podemos descubrir nada fuera de la naturaleza o indecente en una mujer cristiana, apropiadamente vestida, que aparezca en una plataforma o en el púlpito. Por naturaleza parece apropiada para honrar con su presencia cualquiera de los dos. Dios le ha dado a la mujer una clase y actitud elegante, modales encantadores, hablar persuasivo, y, sobre todo, una naturaleza emocional muy afinada, lo que nos parecen unas cualificaciones naturales notables para hablar en público».

Es trágico que elocuentes predicadoras como Catherine Booth tuvieran que defender sus destrezas y unción frente al clero del siglo XIX. Es todavía más trágico que predicadoras igualmente ungidas tengan que continuar defendiéndose hoy. ¿Cuándo pararemos de sofocar al Espíritu Santo negándoles a nuestras hermanas su derecho a profetizar? Mantenerlas calladas es sacar de frecuencia la voz del Espíritu. Rechazar su liderazgo es rechazar al Señor.

Preguntas para discusión

1. ¿Por qué es tan importante que en la mañana de resurrección el Cristo resucitado se haya revelado primero a las mujeres que le seguían?

2. Lea la historia de Débora en Jueces 4-5. ¿Por qué cree que los cristianos con mentes tradicionales no predican sobre esta profetisa del Antiguo Testamento?

3. Según los escritos del apóstol Pablo, aparentemente las mujeres del Nuevo Testamento servían como diaconisas, pastoras y aun apóstoles. Si alguien reta estas Escrituras y reclama que la mujer nunca tuvo autoridad en la primera iglesia, ¿cómo respondería?

4. ¿Por qué piensa que Jesús no escogió a ninguna mujer para estar entre los doce discípulos?

5. En Joel 2.29 dice que la «hijas» de Dios «profetizarán» en los últimos días. ¿Qué significa esto?

6. Los cristianos han enseñado por años que no es «femenino» que una mujer hable en público. ¿Cómo respondería a este argumento?

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3 respuestas a Extracto del libro 10 Mentiras que la Iglesia les dice a las Mujeres

  1. jose dijo:

    No me conbense la explicacion que se da, jesus siempre mensiono a hombres nunca alas mujeres, si dios hubiera querido mujeres lideres, el las hubiera mencionado por nombre como lo hizo con los apostoles, y todo hubiera quedado claro de que dios cambio en el nuevo testamento y nadie tubiera problema que la mujer ejerciera autoridad sobre el hombre como el apostol pablo lo prohibe, ademas si ese fuera el caso pablo no tubiera poblema que la mujer fuera la cabeza de la iglesia y/o del hombre, si estas mujeres hablaron, no quiere decir que dios las hizo pastoras, y lo siento mucho que la gente se fije en el mundo moderno de la mujer para querer cambiar la ley de dios al poner ala mujer sobre el hombre, no hay ningun texto en el nuevo testamento que hable de pastoras o apostolas….. no todo el que me diga senor senor entrara en el reino de los cielos..mis hnos. Cristianos no nos preocupemos tanto por temas que no nos dan la salvacion, es buena las discuciones como estas pero no olvidemos de nuestra comunion con el sr. Que es mas importante que la mujer predique ono,, que dios los vendiga…..

    • thebarrowboy dijo:

      José: yo me fijo en el mundo de Jesús y Pablo y sí creo que ofrecieron la igualdad a la mujeres. Pero debo reconocer que después de tantos siglos del machismo es muy difícil hacer a la gente de las iglesias cambiar de opinión.

  2. Arcelia Peña dijo:

    JOSE, recuerda que estamos en un mundo caido, entre eso las mujeres han sido descriminadas, por otro lado EL QUE ANDA EN EL ESPIRITU ENTIENDE LAS COSAS DEL ESPIRITU, si tu andas en la carne versa una mujer, le versa el sexo o la vagina(perdon por la rudeza) signifia que si la mujer tuviera organos masculinos la aceptarias, EL SEÑOR DIJO QUE SEREMOS COMO LOS ANGELES NI NOS CASAREMOS NI NOS DAREMOS EN CASAM IENTO, y es que en el reino de los cielos no hay sexo solo seres esprituales, POR LO TANTO NO LO ENTIENDES, SOLO TIENES LETRAS, PERO NO ESPIRITU, Jesus entre lo que restituyo fue la posicion de la mujer, confundes, el rol de la mujer en el matrimonio, con el rol de la mujer en la iglesia que es espirtual, en tu casa no mandaria ningun pastor aunque sea hombre, sino tu, asi en la iglesia no Mandan los hombres sino el siervo o sierva, RECUERDA LAS ESCRITURAS”YA NO HAY JUDIO NI GENTIL, VARON O MUJER….” no uses textos aislados, es mas entre los judios(muchos de ellos)consideran a la mujer mas entendida y en plano mayor en las cosas espirituales, INVESTIGA MAS POR TU PROPIO BIEN, NO SEA QUE ESTES EN CONTRA DE DIOS.

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