Biografía de Bonhoeffer en español (7)

Bonhoeffer cover

Conclusión del Capítulo 1

Bonhoeffer elige teología

Hasta 1920, cuando cumplió los catorce, Dietrich no estuvo preparado para contarle a nadie que había decidido convertirse en teólogo. Había que ser valiente y atrevido para anunciar algo así en la familia Bonhoeffer. Su padre podría tratarlo con respeto y cordialidad, aunque no estuviera de acuerdo con ello, pero sus hermanos, hermanas y amigos no lo harían. Formaban un grupo formidable, todos sumamente inteligentes y, la mayoría de ellos, se oponían abiertamente y con burlas de las ideas de su engreído hermano pequeño. Siempre le tomaban el pelo y se lo hacían pasar mal por cosas mucho menos importantes que la elección de su profesión. Cuando tenía casi once años, pronunció mal el nombre de una obra de Friedrch Schiller, y abundaron las risas. Que leyera a Schiller a esa edad era algo que se daba por sentado.

Emmi Bonhoeffer recordaba el ambiente de entonces:

«La línea de Dietrich era mantener una distancia en las maneras y el espíritu, sin ser frío, mostrar interés sin curiosidad … No podía soportar las conversaciones vacías. Sentía indefectiblemente si la otra persona realmente quería decir lo que afirmaba. Todos los Bonhoeffer reaccionaban con una sensibilidad extrema frente a todo amaneramiento y afectación de pensamiento; creo que formaba parte de su naturaleza y se agudizaba por su educación. Eran alérgicos al más ligero toque de esto, los hacía intolerantes, casi injustos. Mientras que nosotros, los Delbrück rehuíamos decir cualquier cosa banal, los Bonhoeffer se retraían de decir algo interesante por miedo a que, después de todo, no tuviera tanto interés y alguien pudiera sonreír irónicamente ante aquella afirmación inherente. La sonrisa de ironía de su padre pudo haber herido con frecuencia a las naturalezas delicadas, pero agudizaban las más fuertes … En la familia Bonhoeffer uno aprendía a pensar antes de formular una pregunta o hacer una observación. Era un alivio cuando esto iba acompañado por una sonrisa amable, pero absolutamente devastador cuando su expresión permanecía seria. Sin embargo, él nunca quería desolar, y todo el mundo lo sabía.»

Emmi también recordaba que una vez Dietrich hubo anunciado su elección de estudiar teología, lo acribillaron a preguntas:

«Nos gustaba hacerle preguntas que nos obsesionaban, por ejemplo, si el bien vencía realmente al mal o si Jesús quería que ofreciéramos la otra mejilla también a una persona insolente; y cientos de otros problemas que conducen a los jóvenes a un punto muerto cuando afrontan la vida real. A menudo él contrarrestaba con otra pregunta que nos aportaba mucho más que una respuesta concisa, por ejemplo: «¿Creéis que Jesús quería la anarquía? ¿No entró al templo con un látigo para echar fuera a los cambistas?». Él mismo era el que hacía las preguntas.

Klaus, el hermano de Dietrich, había escogido la carrera de Derecho y se convertiría en el abogado principal de la Lufthansa, la aerolínea alemana. En una discusión sobre su elección de teología, Klausse centró en el problema de la iglesia misma, la llamó «pobre, débil, aburrida e insignificante institución burguesa». «En ese caso —replicó Dietrich—, ¡tendré que reformarla!». La declaración pretendía ser un desafiante rechazo al ataque de su hermano y, quizás, hasta una broma, ya que no era una familia en la que se hicieran afirmaciones jactanciosas. Por otra parte, su trabajo futuro se inclinaría más en esta dirección de lo que nadie podría haber imaginado.

A su hermano Karl-Friedrich fue a quien menos agradó su decisión. Ya se había distinguido como brillante científico. Sentía que Dietrich estaba dando la espalda a la realidad científicamente verificable y escapaba para entrar en la niebla de la metafísica. En una de sus discusiones sobre el tema, Dietrich dijo: «Dass es einen Gott gibt, dafürlass ich mir den Kopf abschlagen», lo que significa algo así como: «Aunque me arrancaras la cabeza de un golpe, Dios seguiría existiendo».

Gerhard von Rad, un amigo que conoció a Bonhoeffer en sus visitas a la casa de su abuela en Tubinga, recordaba que «era muy raro que un joven de esa élite académica se decantara a favor del estudio de la teología. En aquellos círculos no se confería un alto respeto ni a dicha carrera ni a la profesión de teólogo. En una sociedad cuyos rangos eran claramente discernibles, los teólogos universitarios quedaban bastante al margen, tanto académica como socialmente».

Aunque los Bonhoeffer no era gente de ir a la iglesia, todos sus hijos habían recibido la confirmación. A la edad de catorce años, Dietrich y Sabine fueron inscritos en la clase de confirmación del pastor Hermann Priebe en la iglesia de Grunewald. Cuando, en marzo de 1921, fue confirmado, Paula Bonhoeffer le entregó la Biblia de su hermano Walter. Durante el resto de su vida la utilizó para sus devocionales.

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