Lectura Eficaz de la Biblia (5)

Lectura eficaz

La segunda tarea: Hermenéutica

Aunque la palabra hermenéutica cubre normalmente todo el campo de interpretación, incluyendo la exégesis, también se usa en el sentido más estrecho de buscar la relevancia contemporánea de textos antiguos. En este libro la utilizaremos exclusivamente de esta manera —para formular preguntas sobre el significado bíblico del «aquí y ahora»— aun cuando sabemos que este no es el significado más común de la palabra.

Después de todo, es esta materia del aquí y ahora la que nos lleva a la Biblia. Entonces, ¿por qué no empezar aquí? ¿Por qué preocuparse de la exégesis? De seguro, el mismo Espíritu que inspiró la redacción de la Biblia puede igualmente inspirar su lectura. En cierto sentido esto es así, y no intentamos a través de este libro quitarle a nadie el gozo de una lectura devocional de la Biblia y el sentido de comunicación directa con Dios que forma parte de esa lectura. Pero la lectura devocional no es el único tipo de lectura que debemos hacer. También se debe leer para aprender y comprender. En pocas palabreas, usted debe aprender a estudiar la Biblia, lo que a su vez debe documentar su lectura devocional. Y esto nos hace regresar a nuestra insistencia de que una adecuada «hermenéutica» comienza con una sólida exégesis.

El motivo por el que usted no debe comenzar con el aquí y ahora es que el único control apropiado de la hermenéutica se debe fundar en la intención original del texto bíblico. Como se señaló antes en este capítulo, este es el «significado llano» que se busca. Si no, se puede hacer que los textos bíblicos signifiquen lo que significan para cualquier lector dado. Pero una hermenéutica como esa se convierte en subjetividad total, ¿y quién va a decir entonces que la interpretación de una persona es correcta y que la de otra está equivocada? Todo se acepta.

En contraste con esa subjetividad, insistimos que el significado original del texto —tanto como seamos capaces de discernirlo— es el punto de control objetivo. Estamos convencidos de que el bautismo por los muertos de los mormones sobre la base de 1 Corintios 15:29, o el rechazo de la deidad de Cristo por los testigos de Jehová, o el empleo de Marcos 16:18 por los manipuladores de serpientes, o los evangelistas de la prosperidad que invocan el sueño estadounidense como un derecho cristiano sobre la base de 3 Juan 2 son todas interpretaciones inadecuadas. En cada caso el error reside en su hermenéutica, y esto porque su hermenéutica no está controlada por una buena exégesis. Ellos han comenzado con el aquí y ahora y han hallado «significados» en textos que en su origen no los tenían. Y qué va a evitar que uno mate a su propia hija debido a un voto idiota, como hizo Jefté (Jueces 11:29-40).

Por supuesto, se dirá que el sentido común evitará que cometamos tal tontería. Desafortunadamente el sentido común no es siempre tan común. Queremos saber lo que la Biblia nos dice, algo legítimo. Pero no podemos hacer que diga cualquier cosa que nos plazca y entonces «acreditárselo» al Espíritu Santo. No se puede introducir el Espíritu Santo al proceso para que se contradiga a sí mismo, pues el Espíritu fue el que inspiró el significado original. Por consiguiente, la ayuda que nos da el Espíritu llegará al descubrir el propósito original y la guía que nos da al tratar de aplicar ese significado fielmente a nuestras circunstancias.

Las preguntas hermenéuticas no son todas fáciles, por lo cual es probable que se escriban muy pocos libros sobre este aspecto de nuestro tema. No todos estarán de acuerdo en cómo se aborda esta tarea. Pero esta es el área crucial, y los creyentes necesitan aprender a hablar unos con otros sobre estas cuestiones … y a escuchar. Sin embargo, sobre esta cosa en particular seguramente debe haber acuerdo: Un texto no puede significar lo que nunca significó o, para ponerlo de una manera positiva, el verdadero significado del texto bíblico es lo que Dios intentó originalmente decir cuando se pronunció así. Este es el punto de partida. Cómo lo desarrollamos a partir de ese punto es la razón de ser de este libro.

De seguro alguien preguntará: «¿Pero no es posible que un texto tenga un significado adicional (o más completo o más profundo) más allá de su propósito original? ¿No ocurre esto en el propio Nuevo Testamento en la forma que a veces utiliza el Antiguo Testamento?». En el caso de la profecía, no cerraremos la puerta a esa posibilidad, y alegaríamos que, con controles cuidadosos, es posible un segundo y más completo significado. ¿Pero cómo lo justificamos en otros puntos? Nuestro problema es simple: ¿Quién habla por Dios? El catolicismo romano tiene aquí menos problemas: el magisterio, la autoridad de que está revestida la enseñanza de la iglesia, determina para todos el más completo significado del texto. Sin embargo, los protestantes no tienen magisterio, y debemos estar con razón preocupados cuando oímos que alguien dice que conoce el significado divino más profundo de un texto, sobre todo si el texto nunca significó lo que quiere hacérsele decir. De esas cosas nacen las sectas e innumerables herejías menores.

Es difícil dar reglas para la hermenéutica. Lo que ofrecemos a lo largo de los siguientes capítulos, por lo tanto, son orientaciones. Puede que usted no coincida con nuestras orientaciones. Esperamos que sus desacuerdos estén impregnados de caridad cristiana, y quizá nuestras orientaciones servirán para estimular sus propias ideas sobre estas materias.

La herramienta básica: Una buena traducción

Los sesenta y seis libros de la Biblia protestante se escribieron originalmente en tres idiomas diferentes: hebreo (la mayor parte del Antiguo Testamento), arameo (un idioma hermano del hebreo utilizado en la mitad del libro de Daniel y dos pasajes de Esdras), y griego (todo el Nuevo Testamento). Asumimos que la mayoría de los lectores de este libro no conocen estos idiomas. Ello significa, por lo tanto, que su herramienta básica para leer y estudiar la Biblia es una buena traducción castellana, o como se argumentará en este capítulo, varias buenas traducciones castellanas.

Como señalamos en el último capítulo, el simple hecho de que usted lee la Palabra de Dios en una traducción significa que ya se encuentra envuelto en una interpretación, y esto es así nos guste o no. Leer una traducción no es algo malo, por supuesto; pero sí es inevitable. Lo que esto sí significa, sin embargo, es que en un cierto sentido la persona que lee la Biblia solo en español está a merced de los traductores, y estos han tenido a menudo que tomar decisiones sobre lo que el hebreo o griego original intentaba decir.

El problema de utilizar una sola traducción, no importa lo buena que sea, es que con ello uno se compromete con las opciones exegéticas de esa traducción como la Palabra de Dios. La traducción que utiliza estará por supuesto correcta la mayor parte del tiempo; pero a veces puede que no lo esté.

Tomemos por ejemplo las siguientes cuatro traducciones de 1 Corintios 7:36:

RVR-60: «Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad …»

RVA: «Si alguien piensa que su comportamiento es inadecuado hacia su virgen.»

NVI: «Si alguno piensa que no está tratando a su prometida como es debido.»

BJ: «Pero si alguno teme faltar a la conveniencia respecto a su novia, por estar en la flor de la edad.»

La RVA es muy literal pero no muy útil, pues deja el término «virgen» y la relación entre el «hombre» y «su virgen» ambigua. Sin embargo, de algo puede estar absolutamente seguro: Pablo no intentó ser ambiguo. Se propuso una de las otras tres opciones, y los corintios, que habían suscitado el problema en su carta, conocían cuál era; y de hecho no sabían nada de las dos primeras.

Debe notarse aquí que ninguna de las dos últimas es una mala traducción, pues cualquiera de ellas constituye una legítima opción según el propósito de Pablo. No obstante, solo una de ellas puede ser la traducción correcta. El problema es, ¿cuál de ellas? Por cierto número de razones, la traducción de la NVI refleja aquí la mejor opción exegética. Sin embargo, si usted solamente lee la RVA (que es aquí la menos probable), se compromete con una interpretación del texto que puede no ser la que propuso Pablo. Y este tipo de cosa se puede ejemplificar cientos de veces. ¿Qué hacer?

Primero, probablemente es una buena práctica utilizar en la mayoría de los casos una traducción, siempre que sea una buena traducción. Esto ayudará a la memorización, así como le dará estabilidad. También, si usa una de las mejores traducciones, esta tendrá notas al margen cada vez que se presenten dificultades. No obstante, para el estudio de la Biblia, usted debe utilizar varias traducciones bien seleccionadas. Lo mejor es usar traducciones que de antemano se sepa que tienden a diferir. Esto hará resaltar dónde están muchos de los problemas exegéticos difíciles. Para resolver estos problemas usted querrá consultar un comentario.

¿Pero qué traducción debe usted utilizar, y cuáles de las muchas que existen debe consultar? Nadie puede hablar por otro sobre esta materia. Pero su decisión no debe ser solo porque «me gusta» o «es que es tan fácil de leer». Puede que ciertamente le guste esa traducción, y si es de veras buena, será de fácil lectura. Sin embargo, para tomar una decisión inteligente, usted necesita saber algunas cosas sobre la ciencia de la traducción en sí misma así como sobre las distintas traducciones.

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