Extracto del libro 10 Mentiras que la Iglesia les dice a las Mujeres (1)

10 razones portada

“La mujer es más imperfecta que el hombre. La principal razón es que es más fría. Si entre los animales los más calientes son más activos, lo que sigue es que los más fríos son imperfectos”. Galen, un médico “experto” del Siglo III d.C.

“Qué diferencia hace si es en la esposa o la madre, de todas maneras de Eva, la tentadora, de quien debemos estar alerta en cualquier mujer… No veo para qué la mujer puede servir al hombre, si se excluye la función de tener hijos”. San Agustín de Hippo (354-430)  

“La mujer en su máxima perfección fue hecha para servir y obedecer al hombre”. John Knox, fundador del presbiterianismo escocés

“La mujer es deficiente e ilegítima; mientras que el poder activo en la semilla del hombre dirige la producción de una apariencia perfecta en el sexo masculino, la producción de la mujer resulta de un defecto en la fuerza activa”. Tomás de Aquino, Suma Teológica

“Es un hecho fisiológico comprobado que la capacidad real del cerebro promedio del hombre es considerablemente mayor que el de la mujer”. M. Burrows, en Educación Femenina (1869)

Mentira #1

Dios creó a la mujer como un ser inferior con el propósito de servir a su esposo teniendo hijos, proveyendo compañía y creando ambiente de tranquilidad doméstica

Las oficinas de misiones en Inglaterra le dijeron a Gladys Aylward que nunca podría ser una ministro eficaz en China. Durante la década de 1930, era poco común que se enviaran mujeres inglesas a predicar en tierras extranjeras; las mujeres solo podían ir como misioneras si eran maestras de escuela o enfermeras. Gladys no era ni maestra ni enfermera, pero no podía resistir el llamado de Dios. Por lo que ahorró suficiente dinero para comprar un boleto de tren de una sola dirección hacia China, y fue allí con poco dinero y sin conocimiento del idioma.

Su historia, que llegó al clímax con sus valientes esfuerzos para salvar a una docena de chinos huérfanos de soldados invasores durante la ocupación japonesa, fue el tema del clásico de cine de 1964, La Posada de la Sexta Felicidad, protagonizada por Ingrid Bergman. Sin embargo, a pesar del impacto de Gladys Aylward en China, y a pesar de las vidas que protegió de la muerte, esta humilde solterona consideró su trabajo como de segunda categoría.

Una vez admitió públicamente: “Yo no era la primera alternativa de Dios para lo que hice en China. Había alguien más… no sé quien era la primera alternativa de Dios. Debió haber sido un hombre, un hombre maravilloso. Un hombre bien educado. No sé qué pasó. Quizás murió. Tal vez no estuvo dispuesto… y Dios miró hacia abajo… y vio a Gladys Aylward”.

La humildad de Aylward es ciertamente admirable. No obstante es triste que creyera que el sexo la relegaba a una categoría inferior, como si las mujeres fueran la segunda opción de Dios cuando Su mejor y primera alternativa no responde. Esta era también la opinión de Kathryn Kuhlman, una de las más prominentes evangelistas de sanidad del siglo veinte. Ella también creía que Dios le encargó predicar solo porque Su primera alternativa, un hombre, no respondió al llamado.

Si bien grandes multitudes atestaban los auditorios municipales por todos los Estados Unidos para escuchar a Kuhlman hablar, y muchos asistían regularmente a su estudio bíblico de lunes en la noche en la Primera Iglesia Presbiteriana de Pittsburgh, ella con frecuencia se disculpaba por el hecho de ser mujer. Le aseguraba a las audiencias que sabía cuál era su ‘lugar’ como mujer, y le rogaba a la gente que no pensara en ella como una mujer predicadora a pesar de que oficiaba bodas y funerales (esto sin mencionar muchas sanidades documentadas) y de que algunos seguidores le llamaban ‘pastora’.

Kuhlman hizo una extraña admisión al decir: “Hubiera dado cualquier cosa por haber sido solo una buena ama de casa, una buena cocinera. Y me hubiera gustado tener una familia grande. Hubiera sido agradable tener a mi alrededor un hombre de jefe”.

¿Seleccionó Dios en el último minuto a Kathryn Kuhlman y a Gladys Aylward para el ministerio solo porque un hombre le dijo no al Espíritu Santo? Si no, ¿por qué estos vasos escogidos se vieron a sí mismas como ministros de segunda categoría? Fue debido a una mentira.

Es una mentira que les dice a las mujeres que no son lo suficientemente buenas y que nunca estarán a la altura del valor y las habilidades del hombre. Es una mentira que les dice a las mujeres que no fueron creadas al mismo nivel del hombre. Es una mentira que dice que Dios creó primero al hombre y luego a la mujer como una idea tardía. Todas estas mentiras se han promovido durante siglos por personas religiosas.

Es obvio por las palabras de San Agustín (354-430 d.C) y de John Knox (1505-1572)–dos distinguidos padres de la fe cristiana citados al principio del capítulo–que el prejuicio por sexo no es un problema nuevo en la iglesia. Esto es orgullo en su forma más insidiosa, un orgullo religioso que ha sido bautizado e institucionalizado por hombres que reclaman representar a Dios sin darse cuenta que sus actitudes contristan al Espíritu Santo.

 La teología chauvinista del hombre

Aunque Jesús modeló un nuevo y revolucionario paradigma de autoridad al afirmar a las mujeres como coherederas de la gracia de Dios, la Iglesia a través de los siglos no ha adoptado Su perspectiva de igualdad de los sexos excepto durante raros periodos de avivamiento espiritual. De hecho, las actitudes cristianas hacia la mujer se han parecido con más frecuencia al trato degradante que se le da a esta en las culturas hindús y musulmanas que lo que Jesús llamó a sus discípulos a demostrar.

Los relatos de los Evangelios describen los actos radicales de Jesús para liberar a la mujer; acciones que representan una nueva perspectiva que nunca ha sido duplicada por ninguna otra religión en la tierra. Pero trágicamente, como en los primeros días de la iglesia del Nuevo Testamento, las actitudes patriarcales se mantienen en control, en parte porque los líderes encuentran más fácil vivir en sus tradicionales rutinas que permitir que sus mentes sean renovadas por el Espíritu Santo, que nos dice que “en Cristo, no hay varón ni mujer” (Gálatas 3.28).

La tradición judeopatriarcal, que se arraiga profundamente en las sinagogas de Asia Menor en el siglo primero, infectó a la iglesia en su infancia y continuó la tradición de separar al hombre y la mujer durante la adoración, manteniendo a los hombres educados lejos de las mujeres ignorantes. Al desarrollarse las estructuras eclesiásticas, encontramos en los escritos de los padres de la iglesia más reciente un evidente y horrible prejuicio contra la mujer, por no decir un absoluto odio.

Tertuliano, un respetado padre de la Iglesia que vivió durante el segundo siglo en Cartago, una ciudad al norte de África, culpó a la mujer por todos los problemas del mundo, y sus opiniones fueron modeladas por los primeros seguidores del cristianismo. El escribió: “Ustedes (mujeres) son la puerta del diablo; son las responsables de romper el sello de aquel árbol (prohibido); ustedes son las primeras desertoras de la ley divina; son las que acosaron a quien el diablo no estuvo suficientemente alerta para atacar. Ustedes destruyeron de forma fácil la imagen de Dios: el hombre. A causa de su merecimiento (castigo) que es la muerte, aun el Hijo de Dios tuvo que morir”.

En épocas subsiguientes respetados padres de la iglesia, incluyendo a los más reverenciados como Martín Lutero y Juan Calvino, también vieron con desprecio a la mujer. No solo la consideraron corno inadecuada para el servicio espiritual, sino que la vieron solo por su rol doméstico en la vida. La teología que fabricaron decía que las mujeres fueron puestas en la tierra simplemente para servir en el hogar, tener sexo con sus maridos y tener hijos.

Martín Lutero, quien no estaba preocupado por sonar políticamente correcto en sus observaciones, fue insultante cuando enseñó sobre el rol de la mujer. El creía que si la mujer moría durante el alumbramiento, no era una gran pérdida puesto que la mujer no tenía otra función en la vida que tener bebés. Escribió: “Si la mujer se cansa y muere en el parto, no hay ningún daño en esto; déjenlas morir siempre y cuando paran; ellas están hechas para eso”. Dudo mucho que cualquier pastor o maestro de Biblia tenga el descaro de insultar de este modo a la mujer cristiana de hoy día. Sin embargo, todavía se repiten insultos similares en forma regular.

Durante el siglo XIX, cuando se hizo más frecuente la educación a la mujer-antes de esto se consideraba impropio que la mujer aprendiera otra cosa que no fueran destrezas domésticas-el clero cristiano, que se oponía a la tendencia, enseñó desde los púlpitos que Dios había destinado a la mujer pata ser ignorante y como resultado, enseñarles era contrario a la orden divina. Algunos llegaron a teorizar que las mujeres tenían menos células en el cerebro.

Uno de esos sermones| pronunciado en Londres en el 1853 por el pastor inglés Dr. David Thomas, enfureció a la cofundadora del Ejército de Salvación, Catherine Booth. Esta le escribió al Dr. Thomas una carta con fuertes palabras, reprendiéndolo por su chauvinismo y prediciendo que algún día las mujeres iban a echar por tierra esa teoría cuando se le dieran iguales oportunidades de educación.

Booth escribió: “Apenas es el amanecer en 1o que refiere a la educación de la mujer, y por tanto cualquier veredicto sobre la mujer como un ser intelectual sería prematuro e insatisfactorio… Un día más brillante está naciendo y antes de que pase mucho tiempo, la mujer asumirá su verdadera posición, y crecerá a la altura completa de su estatura intelectual. Entonces el apreciado dogma de “tener una célula menos en su cerebro” explotará y morirá ante el encanto de su mente desarrollada y cultivada”.

Hoy, después de ciento cincuenta años de la declaración profética de Catherine Booth, sus palabras suenan ciertas. En la actualidad, las mujeres se destacan en todas las disciplinas del aprendizaje y han incursionado en todas las profesiones. Sin embargo, la iglesia todavía arrastra sus pies atascada en la tradición religiosa. Los fantasmas del chauvinismo masculino institucionalizado todavía persiguen a nuestras iglesias, nuestros colegios bíblicos y nuestros seminarios; y los David Thomas de nuestros días todavía dicen a las mujeres que son menos capaces, menos espirituales, menos calificadas y menos ungidas por Dios para servir.

La idea subyacente de que la mujer fue creada por Dios para servir al hombre como subordinada es responsable de otra serie de mentiras familiares que se enseñan desde los púlpitos y en clases de Escuela Dominical, y aun en estudio bíblicos para mujeres impartidos por otras mujeres. Quizás estas declaraciones le suenen familiares:

  • La mujer está más preparada para cocinar, limpiar y cuidar a los hijos porque tienen una inclinación dada por Dios hacia las tareas domésticas.
  • Debido a que la mujer fue creada para servir a su marido, una esposa devota no debe aspirar a otra carreta o poner sus ambiciones profesionales por encima de las de su esposo.
  • Debido a que Eva fue “dada” a Adán como compañera sexual, es responsabilidad de la esposa satisfacer los deseos sexuales del cónyuge aun cuando no esté de acuerdo con sus exigencias.

Estas declaraciones no tienen ninguna base bíblica. Y no existe ningún estudio científico que pruebe que la mujer está genéticamente creada para limpiar mejor los pisos, planchar la ropa o cambiar pañales. Como padre de cuatro niñas, puedo testificar que mis hijas no vinieron a este mundo con un entendimiento innato de cómo limpiar sus cuartos o hacer sus camas.

Es cierto que las mujeres poseen un instinto para criar y de protección que las hace buenas madres. Pero es una predisposición cultural, y no un principio científico o espiritual, decir que la mujer fue “hecha” para la cocina o para lavar ropa. Esta es la forma más común del chauvinismo masculino, una carga puesta sobre la mujer por hombres egoístas que necesitan que alguien lave sus platos.

En un hogar cristiano donde el esposo y la esposa se relacionan como iguales y “se prefieren el uno al otro en honra” (Romanos 12:10), siempre encuentran una manera justa de compartir las responsabilidades. Es perfectamente aceptable que un esposo cocine la cena; algunos de los cocineros más famosos son hombres. Millones de mujeres hacen “tareas de hombres” como sacar la basura, cortar el césped o hacer reparaciones en la casa. Estudios recientes sobre el cuidado de los niños revelan que aunque la naturaleza exige que sea la mamá la que dé el pecho al infante, los lazos familiares son más saludables cuando los papás también participan en el cuidado de los pequeños.

Debido a preferencias personales y limitaciones físicas, hay algunas tareas domésticas que las mujeres favorecen. De hecho, muchas mujeres disfrutan del gratificante papel de quedarse en la casa para ser madres. Pero, ¿es esta la inclinación dada por Dios para todas las mujeres casadas? ¿Es el rol de ama de casa y mamá a tiempo completo su única alternativa?

Insultamos a la mujer cuando espiritualizamos la condescendencia de sugerir que Dios creó a Eva para darle a Adán una sirvienta, una cocinera y una lavandera. Independientemente de cómo una pareja cristiana decida proveer para sus necesidades económicas, o cómo dividen las responsabilidades de la crianza o las tareas domésticas, el asunto importante es que escuchen el consejo del Espíritu Santo y busquen Su voluntad para su situación.

La esencia de esta pobre percepción de la mujer tiene sus raíces en el concepto erróneo de que la primera mujer, Eva, fue creada por Dios como una criatura inferior, con una fuerza física deficiente, con menos astucia mental y dones espirituales limitados, y debido a su debilidad debía vivir subordinada a Adán. Es la idea de que como Eva fue engañada por la serpiente, debía recibir castigo eterno por su desobediencia viviendo a la sombra del hombre, su contraparte superior.

Debemos leer Génesis 1-3 sin los lentes del prejuicio cultural. Cuando estudiamos la Biblia, debemos leer en lugar de atribuir. Descubriremos que las Escrituras no enseñan que la mujer haya sido relegada a una segunda categoría o que fue destinada a vivir en un estado de dominio. Estas ideas no están implícitas en el relato bíblico, pero, ¿por qué esta visión de la mujer es todavía tan penetrante entre los cristianos de hoy?

 ¿Era Eva inferior?

La posición más insultante tomada por la comunidad cristiana es que la primera mujer en el Jardín del Edén fue creada como una criatura inferior que fue puesta al lado de Adán como subordinada. Esta perspectiva se enseña aun en iglesias pentecostales y carismáticas que reclaman motivar a la mujer para el ministerio.

Con frecuencia leemos de manera incorrecta el relato de la creación de Eva en Génesis 2:18-25 en el cual Adán recibe una ayuda idónea. La palabra hebrea usada en este pasaje se traduce algunas veces como “compañía” en versiones más modernas de la Biblia. Es una palabra que indica intimidad y asociación. Sin embargo, a través de los siglos, “ayuda idónea” se ha usado incorrectamente para implicar que Eva era algún tipo de apéndice doméstico.

El hecho de que se presentara a Eva como ayuda para Adán no la hace inferior. Por el contrario, Dios ya había dicho: “No es bueno que el hombre esté solo” (v.18), reconociendo que Adán estaba en una condición inferior sin una compañera. En el matrimonio ideal, la esposa es ayuda para el marido, y el también es la “ayuda idónea” de ella. La necesidad compartida, y el sentido profundo de dependencia mutua, es lo que hace del matrimonio algo gratificante.

Luego de la creación de Eva, Dios no le dijo: “Eres la ayudante de Adán; te ordeno servirle bien”. Ella no fue creada para servidumbre sino para ser colaboradora de Adán y para que pudieran gobernar juntos sobre la creación como se les ordenó en Génesis 1:28: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

El mandato de gobernar no fue dirigido solamente a Adán, A Eva también se le asignó autoridad divina. Pero hoy día muchos cristianos tienden a creer que Dios ya no ofrece a las hijas de Eva un lugar de influencia espiritual. ¿Le extraña entonces que la iglesia luche por impactar la sociedad, cuando le hemos impedido a la mitad de los cristianos en el mundo su legítimo lugar de liderazgo?

En el relato de la creación de Eva, leemos que después de que Adán despierta de su cirugía divina y se percata que su esposa fue sacada de su costado, dice: “Ella es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Esto fue una asombrosa revelación para el hombre. El reconoce que Eva era su igual, su perfecta y ansiada compañera. Luego el pasaje establece: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (v. 24).

En toda la Biblia el concepto de unión es uno de los más importantes en 1o que se refiere al matrimonio. La singularidad del santo matrimonio es que un hombre y una mujer pueden unirse en una armonía física y espiritual que reemplaza cualquier otra relación humana. El matrimonio no trata de quien está en control, o quien sirve a quien. Es sobre ser uno. Pero una pareja casada no puede disfrutar de este profundo nivel de unidad si el hombre ve a la mujer como una persona inferior.

Adán fue hecho a la imagen de Dios. El hecho de que Eva haya sida sacada de su costado indica que ella también fue creada de la misma esencia divina. En algunas culturas paganas del mundo antiguo, la gente creía que los dioses hacían al hombre de una materia divina, y a la mujer de una materia animal. Pero este no es el caso en la historia bíblica. Ambos, hombre y mujer, son hijos de Dios.

Algunos teólogos han enseñado que como Adán fue creado primero, y Eva después esto prueba que el hombre es superior a la mujer. Pero esta es una interpretación sexista que no tiene sentido, a menos que también creamos que Adán era inferior al resto de la creación, la que Dios hizo antes de formar a Adán del polvo de la tierra. Eva, de hecho, fue presentada a Adán no como un ser inferior, sino como la corona de la creación de Dios para traer al hombre de un estado incompleto a uno de satisfacción. Ella no era su superior, pero complementaba al hombre con tal perfección que podía estar a su lado como igual.

Los teólogos también han debatido que las palabras “ayuda idónea”, también traducidas como “ayuda adecuada”, coloca a la mujer en una posición de subordinación en relación al hombre. No obstante, el especialista Rick R. Marrs de la Universidad Pepperdine resalta que las palabras “ayuda idónea” en hebreo son usadas con frecuencia para Dios. Cuando el Todopoderoso se describe como “nuestro Ayudador”, ¡no asumimos que es inferior a nosotros! Tampoco debemos llegar a esta conclusión cuando se usa el término para describir a la compañera de Adán o a sus hijas.

A Eva se le llama ezer, la palabra hebrea para “ayuda”, en Génesis 2:18. Esta es la misma palabra que se usa para describir a Dios como ayuda divina en Deuteronomio 33:7,26,29; Salmo 33:20; 70:5; 115:9-11 y 146:5. Debido a que la misma palabra se usa para describir a Dios, no puede implicarse que Eva era inferior a Adán.

Necesitamos aclarar que la subordinación de Eva hacia el hombre no ocurrió en su creación; fue una consecuencia del pecado. El plan original de Dios no fue que las mujeres fueran oprimidas, maltratadas, violadas, estereotipadas, intimidadas, avergonzadas, golpeadas por sus esposos o que se les negaran oportunidades. El destino original de Dios para la mujer–un destino que fue asegurado por Cristo en el Calvario–fue que gobernara la tierra a través de la justicia de Cristo.

Antes de la tragedia de la caída de Adán y Eva, los vemos en el Jardín como compañeros de paraíso. Dios les había dado el mismo nivel de autoridad sobre la creaci6n, y vivían en una intimidad con Dios y entre ellos sin ninguna mancha de pecado. Ambos disfrutaban del mismo acceso a la presencia de Dios, y Eva se podía comunicar con el Señor de la misma manera que Adán.

Su igualdad alentó la perfección del amor entre ellos. La inusual descripción de la relación de la primera pareja en Génesis 2:25: “Y estaban ambos desnudos, y no se avergonzaban”, denota que en su matrimonio no había culpa escondida, amargura o heridas ocultas de las que tienen el poder de destruir las relaciones humanas.

Pero, ¿qué ocurrió con la perfecta unión de Adán y Eva luego de caer en la tentación? Dios envió castigos al hombre, la mujer y la serpiente. Para la mujer, se pronunció la maldición con sentido de finalidad: “Y tu marido se enseñoreará de ti” (3:16).

En algunos casos la iglesia ha enseñado que la maldición de Eva fue la última voluntad de Dios para esta: De ahora en adelante, debido al engaño de Eva, la mujer será gobernada por el hombre como una forma de castigo. Pero esta no era la intención de Dios para la mujer … ¡es simplemente la consecuencia de la desobediencia a parte de la redención!

Sí, alrededor del mundo la mujer es oprimida por el hombre como resultado de la caída. Observe cualquier cultura pecaminosa y encontrará la degradación de la mujer en forma de explotación sexual, abuso doméstico y la falta de derechos humanos y políticos. Pero Dios no quiere que las cosas permanezcan así. ¡El nos dio un Salvador que sufrió la maldición por nosotros!

Considere el juicio que Dios puso sobre Adán. Le dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (3:19). Estas solemnes palabras se refieren a la maldición de pobreza; la trágica depravación económica que gobierna cada cultura pagana. Sin embargo, no usamos este versículo para enseñar que la pobreza miserable es la voluntad de Dios para el hombre, y tampoco creemos que debido a Génesis 3:17-I9, todos los hombres deben dedicarse a la agricultura.

La maldición de pobreza sobre el hombre, así como la maldición de opresión sobre la mujer, fueron revertidas porque la obra terminada del Salvador en La cruz liberó la gracia en el mundo. El plan de Dios de traer a todas las criaturas caídas de regreso al compañerismo con El a través de Jesucristo incluye la estrategia de restaurar tanto al hombre como a la mujer al lugar de dominio que disfrutó la primera pareja antes de que Eva escuchara los seductores susurros de Satanás. Por medio de la cruz, la mujer superó la maldición que había caído sobre Eva, y pueden otra vez, comer del árbol de la vida.

Es en el árbol de la vida, el lugar de restauración de nuestra relación e intima comunión con nuestro Padre celestial, donde encontramos el máximo llamado de la mujer. Sin embargo, hemos tratado de definir el destino de la mujer por el acto de desobediencia que ocurrió en el árbol de la ciencia del bien y del mal. Dios ofreció a la mujer redención a través de Cristo y liberación de la maldición del pecado, pero nuestra tendencia es a continuar culpándola por el engaño de Eva. Dios creó originalmente a la mujer para tener compañerismo con él, sin embargo, con frecuencia tratamos de definir su valor por lo que puede hacer por su esposo.

La mentira dice que las mujeres fueron hechas para servir a los hombres como compañeras inferiores. La verdad, como se revela en las Escrituras, es que la mujer fue creada por Dios igual al hombre y ambos son coherederos de Su gracia. La mentira dice que la mujer encuentra su m6.ximo propósito sirviendo al hombre. La verdad dice que el más alto destino de la mujer solo puede ser descubierto al convertirse ellas en discípulas de Jesucristo.

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2 respuestas a Extracto del libro 10 Mentiras que la Iglesia les dice a las Mujeres (1)

  1. Arcelia Peña dijo:

    EXCELENTE OJALA LOS VARONES CREYENTES PENSARAN CON SU MENTE DE CRISTO

  2. Arcelia Peña dijo:

    LA VERDAD ES QUE NO EXCUDRIÑAN LAS ESCRITURAS, A EVA COMO A ADAN SE LES DIJO A AMBOS, “SEÑOREENSE SOBRE LA TIERRA Y SOJUSGUENLA” no solo a Adan, los 2 estaban en la misma autoridad.

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