Unas citas del último libro de Tom Wright

Tomadas de

Creation, Power and Truth, The Gospel in a World of Cultural Confusion

Destellos de la gnosis en la modernidad occidental

Vivimos en un mundo caracterizado por determinadas formas de gnosticismo. Una de las señales recientes más evidentes de esto es la extraordinaria popularidad de El Código Da Vinci, de Dan Brown. El fenomenal éxito del libro resalta una tendencia cultural: la búsqueda de conocimiento oculto que le permitirá al que lo descubra entender el sentido de la vida, respaldado por tradiciones esotéricas supuestamente relacionadas con Jesús. En este nivel observamos evidentes paralelismos con el antiguo gnosticismo. Los principales elementos son bien conocidos y poco controvertidos—especialmente desde que se interrelacionan. Yo quisiera destacar cuatro. En primer lugar, el dualismo cosmológico: la idea de que el mundo del espacio, el tiempo y la materia es secundario, peligroso y/o francamente malo. En segundo lugar, la noción de que el mundo fue hecho por una deidad secundaria, en el mejor de los casos incompetente y en el peor, malévola. En tercer lugar, la solución es huir hacia algún tipo de cielo platónico. En cuarto lugar, la ruta de escape es la gnosis, el conocimiento de los secretos cruciales—acerca del mundo y de uno mismo. Descubrir quién eres en realidad es el meollo del asunto: en particular, descubrir que en el fondo eres una de las chispas de luz, encarcelado en el actual mundo material pero anhelando escapar. Esta antigua cosmovisión cuádruple tomó muchas formas, incluyendo algunas con características judías, algunas con rasgos cristianos, y todavía otras con ambos dos. Este esquema era bastante bien conocido y extendido en el mundo antiguo.

Los primeros cristianos en oponerse al gnosticismo destacaban la antigua doctrina judía de la creación. De hecho, esa fue una de las razones más importantes por las que los primeros cristianos se adueñaron de y reinterpretaron las escrituras hebreas. No era cuestión de simplemente arrebatar textos de interlocutores judíos sino de entender a Jesús y la fe cristiana en términos del monoteísmo creacional de Génesis, los Salmos y los profetas. Para ellos lo que era de importancia fundamental era la conformación del reino de Dios en la tierra como en el cielo, con todas las implicaciones políticas y sociales conexas. Para ello, necesitaban una fuerte doctrina de creación.

Yo sugiero que debemos entender algunos de los elementos clave de la cultura de hoy en términos de tipos modernos de gnosticismo. Para empezar, está la auto-descripción moderna por excelencia: la Ilustración. Nosotros somos los ‘iluminados’, los que han surgido del mundo oscuro de la superstición, como cavernícolas de Platón que han salido a la luz. Nuestra ciencia y tecnología nos distinguen; nuestra vida política es superior, por definición; nuestros logros artísticos y culturales son «los clásicos». Nuestro mapas colocan a Europa Occidental en la sección de oro; nuestras grandes narrativas de la historia mundial conducen al momento escatológico en que la humanidad alcanzó la ‘mayoría de edad’, dejando atrás nuestra infancia antigua y medieval. Somos la elite. En la Europa del siglo XIX, llevamos encima la ‘carga del hombre blanco’, la obligación de llevar la luz al mundo, y en los Estados Unidos del siglo XX y XXI, el ‘destino manifiesto’ de gobernar el mundo como el pueblo escogido de Dios.

Así, la sociedad occidental, a diferencia de muchas otras sociedades, se ha considerado con rienda suelta para tratar el orden creado como si fuera, por un lado, su mina de oro – ¡o pozo de petróleo! – personal y, por el otro, su basurero personal. A nivel individual, el gran mito dominante de nuestro tiempo ha sido la creencia de que dentro de cada uno de nosotros hay un verdadero ‘yo’ privado, enterrado bajo capas de socialización y control cultural y religioso, que debemos redescubrir si queremos vivir una vida auténtica. Cuando ‘descubrimos’ ese ‘verdadero yo’, hay que hacer lo que diga, aunque eso signifique ignorar las normas de la sociedad ‘ignorante’ a nuestro alrededor. Tal vez la mitad de las novelas escritas hoy en día y los dos tercios de las películas de Hollywood tienen esto como su subtexto.

Si consideras que el actual universo de espacio y tiempo es un lugar malo y oscuro, la morada de las fuerzas del mal, lo que necesitarás es un mecanismo de escape. Eso es precisamente lo que ofrece la teología tan popular de ‘Dejados Atrás’, que constituye la variedad más obvia del gnosticismo contemporáneo conservador. Los elegidos serán arrebatados para la gloria, dejando que el mundo se cuece en su propia salsa. Eso justifica, por un lado, el descuido ecológico, y, por el otro, la conquista militar,  sobre todo en el Oriente Medio, ya que el Armagedón prometido tiene que suceder de todas maneras y cuanto antes mejor.

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