La Profecía Bíblica – 2

Otra sección de la introducción del libro de Sailhamer

Una convergencia de acontecimientos históricos

A finales del siglo XVIII los mil años transcurridos desde el comienzo del Santo Imperio Romano en el año 800 estaban llegando a su fin. La gente empezó a pensar que el Anticristo pronto se daría a conocer, lo que significaría una ruptura de la sociedad cristiana. Las monarquías medievales que habían gobernado Europa caerían, el pueblo asumiría el control del gobierno (la democracia), sobrevendría el caos, y el Anticristo aparecería para restaurar el orden. Éste levantaría un ejército poderoso y lanzaría un ataque contra el pueblo de Dios y la Tierra Santa. Así se pensaba a principios del siglo XIX.

Precisamente en ese mismo momento de la historia mundial, convergieron tres importantes acontecimientos históricos: (1) el movimiento intelectual europeo llamado La Ilustración, que representó el ascenso del humanismo y un serio ataque al cristianismo; (2) la Revolución Francesa, la cual provocó la caída de las monarquías europeas (que se relacionaban con el reinado milenario de Cristo) y el surgimiento de la democracia; y (3) el ascenso de Napoleón I, quien armó un poderoso ejército, restauró el orden, y lanzó un ataque contra la Europa Protestante y lo que quedaba del Santo Imperio Romano, la iglesia, y la Tierra Santa. Napoleón hizo exactamente lo que se esperaba del Anticristo. La mayoría de los cristianos que creían en la Biblia en esos días estaban firmemente convencidos de que Napoleón era el Anticristo.

Muchos en ese momento creían que la iglesia derrotaría al Anticristo y comenzaría un segundo milenio, el cual terminaría con la venida de Cristo (posmilenialismo). Cuando los países protestantes del norte de Europa lograron derrotar a Napoleón, surgió un nuevo optimismo por las posibilidades de que se estableciera el reino de Dios. Pero a medida que avanzó el siglo, aquel optimismo comenzó a menguar. Por otro lado, el liberalismo continuó aumentando sus propias esperanzas mileniales optimistas de que las cosas iban mejorando cada vez más. Para finales del siglo XIX, el milenarismo del liberalismo clásico se adhirió a esquemas utópicos como el comunismo, el socialismo y el nacionalismo.

El milenialismo evangélico cada vez más pesimista, en cambio, se hizo casi completamente “premilenial”–la creencia de que Cristo tendría que regresar a la tierra antes del milenio. Creían que la sociedad humana, lejos de mejorarse por sus propios medios, en realidad estaba empeorando.

La publicación de la Biblia de Referencia Scofield (1909) constituye un momento decisivo en el desarrollo del premilenialismo moderno. En medio del gran optimismo que prevalecía antes de la Primera Guerra Mundial en Estados Unidos y Europa, los editores de la Biblia Scofield sostuvieron que el mundo no iba a mejorar en el siglo XX. No iba a ser un “siglo cristiano”, tal como muchos en aquella época creían. De acuerdo con Scofield, la mezcla de hierro y arcilla en los pies de la gran estatua del sueño de Nabucodonosor significaba que el “sistema mundial de los gentiles” se pondría cada vez más débil y caótico. Todo esto incrementó las expectativas de la venida de Cristo, las cuales se mantuvieron durante la segunda mitad del siglo XX.

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