Entrada del blog de Tim Gombis sobre Romanos (5)

La Confianza de Pablo en el Evangelio
Enero del 2013

¿Por qué Pablo afirma en Romanos 1:16 que no se avergüenza del evangelio? ¿Y qué quiere decir con eso? ¿Y por qué dice eso en ESA carta dirigida a ESE público?

Al leer los versículos 16-17, debemos tener presente los versos 1-15 y las intenciones de Pablo al escribir a las comunidades en Roma. La declaración de Pablo en el versículo 16 no parece ser una aseveración triunfal o desafiante, como lo dijo Lutero ante la Dieta de Worms. Pablo no está jugando el papel de un discípulo fiel ante un público hostil.

Anteriormente había dicho que Romanos era una carta pastoral escrita a una iglesia multiétnica que estaba teniendo problemas con tensiones raciales. Es probable que desde la fundación de la comunidad y durante unos veinte años había habido un arreglo de poder bastante claro. Los cristianos judíos formaban la columna vertebral de la comunidad y estaban bien establecidos en el liderazgo de las iglesias. El modo de vida de la comunidad cristiana era totalmente judío y puede ser que la línea divisoria entre las iglesias cristianas y las sinagogas judías haya sido muy poco clara. Con el paso de los años, los conversos gentiles se adaptaban a esos patrones de vida comunitaria.

Las cosas cambiaron con la expulsión de los judíos de Roma en el año 49 EC. Por necesidad, los gentiles se hicieron cargo y probablemente asumieron roles de liderazgo con una confianza cada vez mayor. Los patrones comunes de la vida cambiaron también, de una manera que reflejaba la presencia de miembros no judíos.

En el año 54 EC, con la muerte de Claudio y la coronación de Nerón, se les permitió a los judíos regresar a Roma. Como bien lo sabe cualquier persona que trabaja en el ministerio, cinco años es un lapso muy largo en la vida de una iglesia o de una red de iglesias en los hogares. La comunidad había cambiado.

Con el regreso de los judíos cristianos, surgieron tensiones y tal vez incluso algunos conflictos abiertos. Los que anteriormente habían desempeñado el liderazgo esperaban poder hablar de nuevo con la voz de la autoridad y reasumir sus anteriores posiciones de prominencia. Los cristianos judíos se habrían dado cuenta de que muchas de las prácticas comunales particulares del modo de vida judío habían sido descuidadas. Ciertas fiestas y días feriados ya no orientaban el ritmo de la vida de las comunidades.

Los cristianos judíos probablemente hicieron hincapié en la necesidad de restaurar la fidelidad a la ley judía. Ellos habrían asociado las prácticas de un estilo de vida judío con la obediencia a Jesús. Habrían equiparado las prácticas de la comunidad con la fidelidad a Dios.

Entonces, existían tensiones entre los cristianos judíos, que insistían en una renovada observancia de la Ley que incluía los detalles específicos del modo de vida judío, y los cristianos no judíos que estaban a gusto con la forma de vida en comunidad que se había desarrollado a lo largo de cinco años.

Los judíos cristianos que anteriormente habían sido líderes de la comunidad estaban afirmando su preeminencia étnica como el pueblo histórico de Dios. ELLOS eran la prioridad de la acción salvífica de Dios en el mundo y por lo tanto ELLOS y no los gentiles tenían el privilegio de determinar la forma de vida de la comunidad. Puede ser que hayan adoptado el mantra, “al judío primeramente y también al griego”.

Las tensiones dentro la comunidad habían producido desaliento generalizado. Una comunidad antes floreciente y con una misión clara se había adaptado a la pérdida de sus líderes con la expulsión de los judíos. Con su regreso, lo que se suponía iba a ser una inyección de ánimo provocó desaliento. Había desesperación en la comunidad y resentimiento entre los líderes.

Algo aún más preocupante era que la situación se veía agravada por el énfasis en la Ley. ¿Cómo pudo ocurrir eso? ¿Cómo pudo producir frutos malos el hecho de volver a poner énfasis en la palabra de Dios? (Creo que más adelante veremos que esa es la pregunta que Pablo contesta en Romanos 7).

Sin embargo, el tono de Pablo en Rom. 1:16-17 es mucho más el de un pastor que siente compasión, no de triunfalismo. Él está hablando de una comunidad que ha perdido la esperanza de que Dios pueda unir a los judíos y los gentiles en la nueva familia de Dios en Cristo.

En el versículo 15, él dice que está ansioso de ir a Roma para ver el fruto del evangelio entre ellos. Se pregunta si la respuesta de ellos sería, “¿Para qué? Para vernos más desanimados y dar la puntilla a nuestra comunidad alguna vez floreciente?”

Pablo confía en que el poder salvador de Dios está obrando a través del evangelio-el nuevo esfuerzo de Dios por unir a los judíos y no judíos en Cristo mediante el poder del Espíritu de Dios. A pesar de su desánimo, el evangelio sí tiene el poder de transformarlos y producir entre ellos una cosecha de justicia. Su carta es un consejo pastoral de cómo pueden lograr que eso suceda.

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