Entrada del blog de Tim Gombis sobre Romanos (2)

El Ministerio del Evangelio de Pablo en Romanos
Enero del 2013

Ayer en clase hablamos del concepto que tenía Pablo de su ministerio a los cristianos romanos. Se me ocurrió volver a publicar esta reflexión sobre el ministerio del evangelio de Pablo.

En Rom. 1:13-15, Pablo dice a los cristianos romanos que tiene ganas de visitarles desde hace mucho tiempo. Al hablar de su ministerio utiliza dos expresiones que a menudo se han mal entendido debido a conceptos estrechos del evangelio cristiano. A continuación cito dos traducciones de esos versículos y quiero resaltar dichas expresiones.

“Quiero que sepan, hermanos, que aunque hasta ahora no he podido visitarlos, muchas veces me he propuesto hacerlo, para recoger algún fruto entre ustedes, tal como lo he recogido entre las otras naciones. Estoy en deuda con todos, sean cultos o incultos, instruidos o ignorantes. De allí mi gran anhelo de predicarles el evangelio también a ustedes que están en Roma.” (NVI)

“Y no quiero que ignoréis, hermanos, que con frecuencia he hecho planes para ir a visitaros (y hasta ahora me he visto impedido) a fin de obtener algún fruto también entre vosotros, así como entre los demás gentiles. Tengo obligación tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes. Así que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.” (Biblia de las Américas).

Aquí Pablo no se está refiriendo a lo que muchos de nosotros nos imaginamos cuando pensamos en “el evangelio”. Cuando Pablo dice que él quiere recoger “algún fruto” entre los hermanos romanos, no está diciendo que cuando llega allá va ir a predicar en las calles. Y cuando habla de “predicarles el evangelio”, no quiere decir que muchos de ellos son inconversos y que planea llevar a cabo cultos evangelísticos durante su visita. No está pensando en el “Camino de Romanos”, en las cuatro leyes espirituales, o en dar su testimonio e invitarles a aceptar a Jesús al final.

El concepto del evangelio de Pablo es algo más grande, más grandioso, más completo y más robusto que eso. No se trata simplemente de la presentación bonita que le lleva a uno a entregarse a la fe en Cristo.

De acuerdo con el concepto del evangelio de Pablo, Dios está trabajando para restaurar la creación. Los poderes del Pecado, la Muerte y la Carne han llevado cautivo el mundo bueno de Dios y se dedican a corromper y pervertir todo lo que puedan. Pero Dios ha actuado con decisión y con poder para romper el control esclavizante y opresivo de los poderes del mal sobre su mundo, y ha comenzado a recuperar y renovar todo.

En Cristo y por su Espíritu, Dios está transformando la creación, redimiendo a los seres humanos y sanando las relaciones. Dios está trabajando en la restauración de toda la creación para que vuelva a florecer para la gloria de su nombre a través de la muerte y resurrección de Jesús y el derramamiento del Espíritu.

Por lo tanto, cuando Pablo se entera de los conflictos en las comunidades romanas mientras está en Corinto, piensa en términos del evangelio holístico. El fruto que Pablo quiere obtener entre ellos es la reconciliación entre hermanas y hermanos cristianos. Pablo escribe una carta pastoral exhortándoles a reconciliarse e instándoles a la unidad como el pueblo restaurado de Dios.

La resolución de conflictos de ese tipo es el ministerio del evangelio. Ese es el fruto que Pablo quiere obtener entre ellos–la reconciliación y la restauración.

Si viaja a Roma, Pablo no necesariamente quiere “predicarles el evangelio”. Al usar la palabra εὐαγγελίσασθαι en el versículo 15, Pablo indica que quiere “evangelizarles” durante su visita. Quiere ver el evangelio en acción entre ellos, o sea, el poder transformador de Dios obrando y uniéndolos de una forma más fructífera y eficaz para que ellos compartan el gozo en la gloria de Dios (cf. Rom. 15:5-7).

Cuando Pablo piensa en “el evangelio”, lo que tiene en mente es esa realidad más amplia–el poder de la resurrección de Dios que invade y transforma la creación en Cristo y mediante el Espíritu de Dios. Se trata de sanar los corazones humanos, reparar las relaciones, renovar las comunidades–todo lo que se necesite para restaurar la creación y hacerla florecer para la gloria de Dios.

El ministerio del evangelio, entonces, tiene muchos contornos y toma muchas formas, al igual como el evangelio tiene muchas voces diferentes y es capaz de abordar y transformar cualquier y toda situación.

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