10 mentiras que la iglesia le dice a las mujeres

¿Egalitarianismo o complementarianismo? Estas son las dos posiciones opuestas en relación con el papel de la mujer en la iglesia. A diferencia de la mayoría de los cristianos, me inclino por la idea que no hay hombre ni mujer en Cristo.

Desafortunadamente, casi todas las sociedades humanas siempre han sido machistas. A Pablo se le acusa a menudo de ser machista también, pero después de estudiar este aspecto de los evangelios y las cartas a los corintios por dos años, he llegado a la conclusión que tanto Jesús como Pablo eran más bien defensores de las mujeres en una sociedad greco-romana que les mostraba poco respeto.

Me gusta mucho este libro, que examina las actitudes negativas tan arraigadas sobre la mujer.

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“Los relatos de los evangelios describen los  actos radicales de Jesús para liberar a la mujer; acciones que representan una nueva perspectiva que nunca ha sido duplicada por ninguna otra religión en la tierra. Pero trágicamente, como en los primeros días de la iglesia del Nuevo Testamento, las actitudes patriarcales se mantienen en control, en parte porque los líderes encuentran más fácil vivir en sus tradicionales rutinas que permitir que sus mentes sean renovadas por el Espíritu Santo, que nos dice que <<en Cristo, no hay varón ni mujer>> (Gálatas 3.28).

La tradición judeopatriarcal, que se arraiga profundamente en las sinagogas de Asia Menor en el siglo primero, infectó a la iglesia en su infancia y continuó la tradición de separar al hombre y la mujer durante la adoración, manteniendo a los hombres educados lejos de las mujeres ignorantes. Al desarrollarse las estructuras eclesiásticas, encontramos en los escritos de los padres de la iglesia más reciente un evidente y horrible prejuicio contra la mujer, por no decir un absoluto odio…

En épocas subsiguientes respetados padres de la iglesia, incluyendo a lo más reverenciados como Martín Lutero y Juan Calvino, también vieron con desprecio a la mujer. No solo la consideraron como inadecuada para el servicio espiritual, sino que la vieron solo por su rol doméstico en la vida. La teología que fabricaron decía que las mujeres fueron puestas en la tierra simplemente para servir en el hogar, tener sexo con sus maridos y tener hijos.

Martín Lutero, quien no estaba preocupado por sonar políticamente correcto en sus observaciones, fue insultante cuando enseñó sobre el rol de la mujer. ¡Él creía que si la mujer moría durante el alumbramiento, no era una gran pérdida puesto que la mujer no tenía otra función en la vida que tener bebés! Escribió: <<Si la mujer se cansa y muere en el parto, no hay ningún daño en esto; déjenlas morir siempre y cuando paran; ellas están hechas para eso>>. Dudo mucho que cualquier pastor o maestro de Biblia tenga el descaro de insultar de este modo a la mujer cristiana de hoy día. Sin embargo, todavía se repiten insultos similares en forma regular.

Durante el siglo XIX, cuando se hizo más frecuente la educación a la mujer—antes de esto se consideraba impropio que la mujer aprendiera otra cosa que no fueran destrezas domésticas—el clero cristiano, que se oponía a la tendencia, enseñó desde los púlpitos que Dios había destinado a la mujer para ser ignorante y como resultado, ensenarles era contrario a la orden divina. Algunos llegaron a teorizar que las mujeres tenían menos células en el cerebro.”

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