Dos poemas para la Pascua 2013

Siete estrofas en la Pascua por John Updike (1932-2009)

Que nadie se confunda: si es que resucitó,

Fue como su cuerpo;

Si la disolución celular no se revirtió, la molécula no se volvió a tejer,

Los aminoácidos no volvieron a arder,

La Iglesia caerá.

No fue como las flores,

Recurrentes cada suave primavera;

No fue como su Espíritu en las bocas y los ojos aturdidos de los

Once apóstoles;

Fue como su carne; la nuestra.

Los mismos pulgares y dedos del pie con bisagras

El mismo corazón con válvulas

Que–perforado–murió, se marchitó, pausó, y luego se recompuso

De poder duradero

Para encasillar nuevas fuerzas.

No burlemos a Dios con metáforas,

Analogías; soslayos, trascendencia,

Haciendo del acontecimiento una parábola, un cartel pintado

En la credulidad descolorida de épocas anteriores:

Atrevesemos la puerta.

La piedra se ha corrido, no papier-maché,

No una piedra en un cuento,

Sino la vasta piedra de la materialidad que en el lento moler del

Tiempo eclipsará para cada uno

La ancha luz del día.

Y si hemos de tener un ángel en la tumba,

Que sea un ángel de verdad,

Macizo con los quanta de Max Planck, vívido con cabello, opaco en

La luz del alba, vestido en lino verdadero

Tejido en un telar definido.

No intentemos hacerlo menos monstruoso,

Porque nos convenga, por nuestro sentido de lo bello,

No sea que, despertados en una hora impensable, nos avergüence

El milagro,

Y nos aplaste la objeción.

Poema sobre la muerte, de John Donne (1572-1631)

Muerte no seas orgullosa

de John Donne

Muerte, no seas orgullosa, aunque algunos te llamen

poderosa y terrible, porque no lo eres,

pues aquellos que crees haber aniquilado

no mueren, ¡pobre muerte!, ni a mí puedes matarme.

Del descanso y del sueño, que son sólo tu imagen,

viene placer, y luego de ti más vendrá aún:

los mejores se marchan cuanto antes contigo,

descanso de sus huesos, libertad de sus almas.

Del hado eres esclava, del Azar, reyes y locos,

y habitas en veneno, guerra y enfermedad;

opio y hechizos pueden igual adormecernos,

y aún mejor que tu golpe. ¿Por qué entonces tu orgullo?

Después de un breve sueño despertamos eternos,

Y ya no habrá más muerte: muerte, tú morirás.

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