Centurión 9 – Un Mesías resucitado cambia todo

CenturionBanner1

PARA VER LA LISTA DE TODOS LOS CAPÍTULOS DE ESTA HISTORIA, SIMPLEMENTE HAGA CLIC EN EL NOMBRE DE SEAN GLADDING EN LA SECCIÓN DE CATEGORÍAS EN LA PÁGINA PRINCIPAL DEL BLOG

Mateo 28:1-15

Subí a mi puesto en la torre de vigilancia en la Puerta del Este, pero esta vez para observar a los peregrinos comenzar a salir hacia sus aldeas. Siempre son más callados a la hora de irse, de regreso a sus granjas y viñedos, a sus redes de pesca y tornos de alfarero. Vuelven a la interminable rutina de la supervivencia, porque la mayoría de ellos están solo a una mala cosecha, una lesión grave, una enfermedad o un naufragio de un desastre. Puedo entender por qué ellos tienen sus historias acerca de ese mesías que los va a librar de todo esto—y de nosotros. Mientras observaba la interminable fila de gente que caminaba lentamente, pensé en Jesús, el que algunos de ellos pensaba que era su mesías. El hombre que yo había clavado en una cruz y cuya muerte me había hecho exclamar algo tan extraño. El don nadie de Nazaret, que se había hecho de enemigos tan poderosos y que había sufrido la suerte de todos nosotros—convertirnos en alimento para los gusanos.

Volví al cuartel esa noche esperando ver la jarana habitual después de uno de esos festivales, cuando podemos relajarnos después de pasar una semana estresante haciendo cumplir la Paz Romana. Colgué mi armadura sobre el perchero y vi que necesitaba limpiarla para quitarle el polvo y la sangre que siempre se acumulan durante la Pascua. Oré en silencio, pidiendo a los dioses que fuera mi última Pascua en esta ciudad tan miserable. Luego fui en busca de mi amigo. Escuché su voz desde lejos.

Siguiendo el sonido de su voz, abrí una cortina y vi que estaba regañando a cuatro de sus soldados. Estaban en posición de firmes, con las caras tan blancas como la ropa de la cama de un gobernador. Cuando movieron sus ojos hacia mí, él dio vuelta y me vio por primera vez. Tenía la cara roja y estaba temblando de furia. Se volvió hacia los hombres y prácticamente escupió, “Idos. ¡Fuera de aquí!” Sacudió una bolsa que tenía en la mano y escuché el tintineo de monedas. Luego dijo: “Hablaremos más sobre esto en la mañana”. Con evidente alivio, se fueron casi corriendo. Mi amigo se desplomó en su vieja silla de campaña y sacó el tapón de una bota de vino y tomó un largo trago antes de dármela a mí. Me tomé un largo trago también mientras él se calmó y agarró otra bota.

“Increíble. ¿Qué demonios voy a hacer al respecto?” Me tiró la bolsa y sentí el peso de una cantidad considerable de dinero. “¿De dónde viene?”, le pregunté. Asintió con la cabeza hacia la puerta y dijo: “Esos tontos regresaron con ella después de lo que se suponía era la simple tarea de custodiar el cuerpo de un hombre muerto. Por supuesto, nunca hay nada sencillo cuando se trata de ser soldado en este país.”

Creí haber entendido: “Eran la guardia que Pilato le ordenó colocar en la tumba donde metieron el cuerpo de Jesús. Evidentemente, pasó algo.”

“Esa es una forma de expresarlo. Eso fue lo que ellos dijeron. ¡Qué sarta de mentiras!” Se tomó la mitad de la bota antes de continuar. “Volvieron al cuartel con esta historia. Al parecer, uno de ellos montaba guardia frente a la tumba, mientras los otros aprovechaban para dormir. De alguna manera él se las arregló para quedarse dormido también y cuando la luz del amanecer los despertó, según ellos algunos de los seguidores de Jesús habían removido la gran piedra y llevado el cuerpo. Era lo que los sumos sacerdotes temían. Y procedieron a informarles a ellos en vez de a mí. Cuando eventualmente regresaron al cuartel, ese es el cuento que me contaron.”

“¡Pero eso es ridículo! Admitir haberse quedado dormidos en su puesto, eso es un delito capital. Si yo iba a inventar una historia, nunca sería una así.”

Se inclinó hacia delante. “Exactamente. Y eso es lo que les dije—que los iba a colgar por esto”. Señaló la bolsa de dinero. “Fue entonces cuando sacaron eso y me la entregaron antes de contarme la historia real. Por lo menos lo que dicen es la verdad del asunto. Aunque es casi tan ridículo como el primero cuento.”

“Parece que la tierra tembló por segunda vez esta semana, pero sólo en el jardín donde estaban custodiando la tumba. Se cayeron al suelo y para cuando terminó uno de los dioses había descendido en un destello cegador de luz y se desmayaron de terror. Cuando volvieron en sí, la piedra se había removido y el cuerpo había desaparecido. Esa es la historia que contaron a los sumos sacerdotes: la que me dieron a mí era la que los sumos sacerdotes inventaron. Así que, tengo dos historias igualmente inverosímiles para explicar un cadáver desaparecido y una bolsa de dinero, y debo rendir un informe al gobernador mañana a primera hora.” Tomó el vino que quedaba en la bota y me miró fijamente. “¿Qué voy a hacer?”

Le tiré la bolsa y la sopesó en la mano. De repente se veía muy cansado. “Este es un montón de dinero. Lo suficiente como para librarme de más servicio militar. Podría volver a casa, tender mis viñas, hacer mi propio vino. Olvidarme de Judea.” Comenzó a arrastrar sus palabras un poco. “Podría llevarme esos cuatro tontos—voy a ocupar trabajadores—y si el cuerpo vuelve a parecer en algún momento estaríamos lejos de aquí.”

Nos quedamos callados por un rato. Luego le dije: “Entonces, ¿qué piensas pudo haber pasado en realidad?” Me quedó mirando. Continué: “Bueno, si sus discípulos no robaron su cuerpo, ¿dónde está?”

“No sé, y no me importa.”

“¿No crees que en realidad podría haber…?”

Soltó una risotada. “¿Qué estás diciendo, que se levantó de entre los muertos?” Señalando hacia la puerta, dijo: “No. No creo que esté caminando por ahí en alguna parte. De ser así, ¿no crees que ya nos hubiera llegado la noticia?”

“Supongo que sí. Pero si … estuviera vivo. ¿Entonces, qué?”

Se inclinó hacia delante y me empujó en el pecho. “Te diré qué pasaría entonces. Vendrías conmigo a mi granja.” Me lo quedé mirando. Se echó a reír. “¿No entiendes? La amenaza de muerte es lo que le da poder a Roma. Si desafías al emperador, morirás en una cruz. Pero si este “mesías” volviera de entre los muertos, entonces ¿dónde estaríamos? Impotentes.” Sacudiendo la cabeza, se recostó en su cama y se quedó mirando el techo. Me levanté, le dije buena noches, y me dirigí a mi propia cama.

Sabía que probablemente iba a pasar toda la noche pensando en Jesús de Nazaret.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sean Gladding. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s