Las Cartas de Pérgamo – 2

PALABRAS INICIALES DEL EDITOR

 “Hagamos el elogio de los hombres ilustres”

Libro del Eclesiástico 44. 1

Solo cuando abrimos las arquetas y comenzamos a indagar en su contenido nos dimos cuenta del verdadero alcance de nuestro descubrimiento. Encerrados en aquellos estuches de plomo, ocultos a la mirada de los hombres durante casi dos mil años, se hallaban milagrosamente conservados aquellos frágiles vestigios literarios de personajes ilustres. La vieja ciudad de Pérgamo renunciaba generosamente a uno de sus últimos secretos y yo era el beneficiario de su prodigalidad.

El hallazgo fue posible merced a la cooperación entre distintos arqueólogos de Alemania, Estados Unidos y Turquía que, durante las dos últimas décadas, habían excavado con entusiasmo en aquel solar de Pérgamo. Excavaciones anteriores en la ciudad vieja habían revelado algunos restos, pero quedaba mucho por hacer. La tarea de limpiar este importante yacimiento de los escombros acumulados por el tiempo se hizo urgente debido a la creciente presión de los planes de urbanismo que amenazaban con engullir las antiguas ruinas. Quienes visiten actualmente Pérgamo (en el corazón de la ciudad de Bergama, en la parte occidental de Turquía), serán testigos del avance de las edificaciones modernas por todos y cada uno de los barrios de la ciudad vieja. Tal cosa resulta evidente, ante todo, en tres lugares emblemáticos: el anfiteatro, el teatro y el santuario de Esculapio, que ahora se encuentra ocupado por acuartelamientos militares. Resultaba, pues, imprescindible estudiar aquel amplio conjunto de ruinas aún accesibles antes de que, simplemente, fuera imposible llegar a ellas. Por esta razón, el equipo de arqueólogos patrocinado por ml universidad y yo mismo nos unimos a los distintos grupos que investigaban sobre el terreno.

En el transcurso de nuestras excavaciones, se hallaron restos de antiguos templos y de edificios civiles de diversa índole, junto a ciertas casas de aquel tiempo. Al excavar una de ellas, mi equipo descubrió varias arquetas de plomo que hablan sido guardadas intencionadamente en un lugar aparte. Se trataba de tres estuches sellados hace largo tiempo con brea y cera; estaban colocados en un emplazamiento secreto entre los cimientos de dos paredes de piedra y se hallaban protegidos por una pequeña bóveda de cemento de mala calidad. La mayor parte de la cámara estaba intacta, a excepción de un esquinazo, que se había derrumbado. Dos de los estuches hablan soportado sin daño alguno el paso de los siglos; el otro presentaba leves signos de deterioro. La razón era que sobresalían por el hueco de la pequeña bóveda de cemento, posiblemente a causa de un terremoto. Al analizar las arquetas con técnicas de ultrasonido, revelaron lo que parecían ser documentos. Algunos papirólogos y expertos en manuscritos se encargaron de extraer y examinar los documentos. Aunque frágiles, resultaron ser enormemente resistentes a los efectos del tiempo y salieron prácticamente intactos de su improvisada tumba. Sólo en algunos lugares sin especial importancia ha sido necesario conjeturar el contenido del texto original.

En las páginas que siguen se ofrece la primera traducción de esos fascinantes documentos de la antigüedad. La colección es un intercambio epistolar entre hombres ilustres e influyentes que residían en Pérgamo y Éfeso. En el mundo antiguo, los escribas realizaban con frecuencia copias de la correspondencia privada antes de entregar el documento original a su destinatario. Los pergaminos descubiertos en Pérgamo parecen incluir, en algunos casos, copias de cartas enviadas a residentes de Éfeso y, en otros, las cartas originales remitidas a los de Pérgamo desde Éfeso. La persona que tiempo atrás colocó las cartas en sus estuches parece habitar, por consiguiente, en Pérgamo. Indudablemente el propietario, fallecido hace muchísimo tiempo, apreciaba dichos documentos: en cierto momento, los reunió y los guardó para protegerlos y quizá, a causa de determinados contenidos, para protegerse también a sí mismo.

Los personajes fundamentales de este intercambio son Antipas, en Pérgamo, noble comerciante romanófilo, y Lucas, en Éfeso, figura destacada del cristianismo primitivo cuya obra en dos volúmenes (el Evangelio que lleva su nombre y los Hechos de los apóstoles) representa más de una cuarta parte del Nuevo Testamento. Aunque conocemos algunas cosas de Lucas por los escritos conservados en el canon de la iglesia cristiana, casi nada se sabía de Antipas, que se manifiesta en estas epístolas como una figura sumamente interesante.

Dado que en varias de las cartas conservadas aparece el día y el mes, sabemos que la correspondencia se mantuvo durante unos diez meses (desde mediados de enero hasta principios de octubre); probablemente las cartas fueron escritas, según ciertos indicios, durante el año 92 d.C. En la mayoría de los casos en que no se mencionan fechas especificas, he aventurado en nota a pie de página la posible fecha de cada carta. Los lectores que decidan ignorar esas notas no tendrán dificultades para comprender el desarrollo básico de los acontecimientos. Los cálculos que presento, no obstante, pueden servir a quienes estén interesados en una secuencia cronológica precisa.

No ha sido posible averiguar la identidad de la casa en la que se encontraron las arquetas de plomo. Muy probablemente, era la residencia de Antonio (que desempeña una importante función en esta correspondencia), aunque se trata de algo imposible de verificar y puede que haya otras explicaciones plausibles.

Por otra parte, conviene aclarar tres aspectos. El primero se refiere a las indicaciones editoriales. De forma ocasional he incluido notas de pie de página que explican el ambiente y el contexto histórico que los autores de las cartas dan por descontado. También he incluido en las cartas comentarios entre corchetes que aclaran cuestiones menores, con las que algún lector puede no estar familiarizado, o referencias literarias, que los autores de las cartas conocen. Asimismo, en algunas ocasiones, he insertado un prefacio antes de las cartas con una serie de observaciones que deberían tenerse en cuenta previamente o con la indicación de la sección del Evangelio de Lucas que Antipas ha leído y comenta en la carta para una mejor comprensión convendría que los lectores de la correspondencia se familiarizaran con el pasaje concreto del texto evangélico antes de la discusión que hace Antipas.

Al final del libro, y a continuación del epilogo, se añade un apéndice donde pueden localizarse las principales ciudades mencionadas en las cartas. También he preparado una lista con los personajes que intervienen para que los lectores puedan en todo momento orientarse si lo creen necesario.

Una cosa más. La entrega de cartas privadas era una pesada tarea en el mundo antiguo. Con frecuencia, las misivas eran enviadas a través de viajeros de confianza que iban de camino o de siervos a quienes se les encargaba esa labor. La distancia entre Pérgamo y Éfeso podía cubrirse por tierra en cuatro días (unos ciento veintiocho kilómetros, a razón de treinta y dos kilómetros cada día, o incluso más en el caso de un buen mensajero). La respuesta necesitaría de la colaboración de viajeros que hicieran el camino inverso o, como en el caso de esta correspondencia, del regreso del siervo a quien se le habla encargado la misión de llevar la carta.

En algunos momentos de esta comunicación epistolar, la respuesta de Lucas a una de las cartas de Antipas no pudo ser entregada hasta que el siervo de Antipas hizo otro viaje para llevar una nueva misiva de su amo, regresando a continuación a Pérgamo con sendas contestaciones de Lucas. Por lo tanto, conviene tener en cuenta este escalonamiento a la hora de fechar algunas cartas.

En ml traducción, sin embargo, he ordenado las distintas cartas según su contenido y no siguiendo un orden cronológico estricto, de modo que las cartas de Antipas van seguidas inmediatamente por la correspondiente respuesta de Lucas, al margen del tiempo que pueda haber trascurrido hasta que se redactó la contestación.

A veces, encuentros casuales comienzan de forma intrascendente, pero llegan a cambiar la vida de una persona. Si fue un encuentro casual el que puso en contacto a Lucas y Antipas, no fue intrascendente por mucho tiempo. Ojalá tampoco llegue a serlo este descubrimiento de Pérgamo.

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