Centurión 4 – Jesús provoca a enemigos poderosos

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Lucas 20:1-26

Cuando regresamos al cuartel el martes por la noche, busqué al centurión que había puesto a alguien a seguir de cerca al flacucho. “¿Pasó algo más en el templo hoy?”

Él se quedó pensando y se frotó la barbilla. “En realidad no. Aun así, fue un día interesante.”

“Cuenta, pues”, le dije.

“Mi pequeño espía vino a decirme que ese tipo Jesús se dirigía de vuelta al templo. Le dije que lo siguiera y que escuchara lo que decía–y que viniera a buscarme si escuchara cualquier cosa que pareciera una tontera revolucionaria.”

“Subí a mi puesto y miré hacia abajo, esperando a que llegara. Los sumos sacerdotes habían colocado algunos miembros de la guardia del templo en el patio grande, y cuando Jesús entró se le acercaron. Él pasó recto con una docena de sus seguidores. Los guardias lo siguieron por el patio y yo lo perdí de vista cuando entró en los patios interiores”.

“Todo parecía muy tranquilo y el muchacho no regresó hasta la tarde. Después de escuchar su informe, hubiera querido haber estado allí. Sabes que no soporto a estos sumos sacerdotes-no nos dejan entrar en el templo y nos miran por debajo del hombro cuando desfilan por las calles. Creo que Pilato es tonto al dejar que ellos nos dicten lo que podemos y no podemos hacer-¿son parte del imperio o no? Y en cuanto a los herodianos, bueno, son sólo un montón de aduladores falsos. Bueno, parece que hoy Jesús logró imponerse a todos-puso de manifiesto lo hipócritas que son. Y él que viene de un lugar como Galilea, donde el diablo perdió la chaqueta. No se hizo de ningún amigo hoy, te lo juro”.

“¿Entonces? ¿Qué fue lo que pasó? “

“Aparentemente él estaba enseñando a la gente, cuando la elite del templo se presentó para enfrentarse a él por su comportamiento de ayer. Querían saber quién le dio autoridad para actuar como lo hizo-porque, por supuesto, sólo ellos tienen autoridad en el templo. Les hizo una pregunta, se pusieron a hablar entre sí, y luego dijeron que no podían darle una respuesta. Así que él dijo que no tenía una respuesta para ellos tampoco. Luego contó una historia que el muchacho dijo que no entendió muy bien, pero los sumos sacerdotes obviamente sí, porque estaban echando chispas cuando Jesús terminó. Pensaba que los guardias del templo iban a arrestar a Jesús en el momento, pero la multitud dejó en claro que no permitiría eso, así que todos dieron vuelta y se fueron. ¡Ja! Como me hubiera gustado ver eso.”

“¿Entonces, así quedaron las cosas?”

“No. Sacaron el tema de los impuestos. Que por lo general no augura nada bueno, como sabes. Algunos de los herodianos se le acercaron para hacerle una pregunta. Le preguntaron si era lícito o no pagar impuestos a César.” Él golpeó la banca con el puño. “Es precisamente por eso que deberíamos tener acceso a los patios interiores-para que no tengan un lugar seguro donde hablar de sedición”.

Me puse a pensar. “Qué pregunta más difícil. Si él decía ‘no’, podrían haberle entregado a nosotros por sedición-entonces nosotros nos hubiéramos encargado de él para ellos. Si él decía “sí”, bueno, hubiera parecido un herodiano, y me imagino que eso no le hubiera caído bien a la gente. Entonces, ¿qué fue lo que dijo?”

“Primero, les dijo que entendía lo que estaban tratando de lograr-hacerle una trampa. Luego dijo: “Dame un denario.” ¡Un genio! El tipo es un genio. Lo miré sin comprender. “¿No sabes nada acerca de esta gente? Sólo tienen un dios. Y están prohibidos los ídolos-porque ellos los consideran dioses falsos. Estos tontos ignorantes. Todavía no entendía. Él meneó la cabeza. “¿Andas un denario? Sácalo. ¿De quién es la imagen que trae?”

“De César, por supuesto.”

“¿Qué es lo que está inscrito en la moneda?”

Miré la moneda y leí la leyenda: “Tiberio César, Hijo del Divino Augusto”. Entonces me di cuenta de lo inteligente que había sido la respuesta de Jesús. “La imagen del emperador divino.”

Mi amigo sonrió. “Exactamente. La cual consideran un ídolo. Entonces, la pregunta que hay que hacer es: ¿por qué tienen una en su lugar más sagrado?”

“Le hicieron todo tipo de preguntas, pero parece que él las respondió todas. Y luego se fue, y mi pequeño pilluelo vino a darme su informe.” Tomó un gran trago de vino, se limpió la boca con la mano y dijo: “Sabes, ese tipo me simpatiza”. Pero luego su rostro se endureció. “Pero está atrayendo mucha atención, y eso podría significar problemas. Y yo no voy a permitir ninguna situación de esas durante la Pascua.”

Cuando me acosté, pensé para mis adentros: “Este Jesús está haciéndose de unos enemigos muy poderosos. Mejor que cuide su espalda.”

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