Posdata de la Creación Recuperada (3)

Cosmovisión entre Historia y Misión de Mike Goheen y Al Wolters

La Trama de la Biblia

La Biblia cuenta una sola historia, desde el origen de todas las cosas en Génesis 1 hasta la consumación de todas las cosas en Apocalipsis 22. Una forma de trazar la secuencia del relato bíblico es describirla como una trama que se desenvuelve en seis actos. En el primer acto, Dios crea el mundo como su reino. Revela su propósito original para la creación y la describe como muy buena (Gn. 1). Los seres humanos son creados a la imagen de Dios para desarrollar y cuidar la creación en comunión con Dios (Gn. 1:26-28; 2:15). En el segundo acto, toda la buena creación de Dios, incluyendo la raza humana, es contaminada por la rebelión humana (Gn. 3). Ahora surge una tensión en la narrativa entre lo bueno de la creación y la maldad que la profana. Esta tensión exige una solución.
En el tercer acto, Dios anuncia dicha solución: va a aplastar el pecado y los efectos desastrosos que desencadenó la rebelión de Adán y Eva (Gn. 3:15). Escoge y moldea un pueblo especial cuya misión es llevar su propósito redentor al mundo (Gn. 12:1-3; Ex. 19:3-6). Es llamado a ser una comunidad que personifica el diseño creacional original y bueno de Dios para toda la humanidad. El cometido de este pueblo es ser una luz a las naciones y un canal del poder redentor de Dios hacia todos los pueblos. Dios les da la ley, el sistema de sacrificios, líderes llamados a ser sacerdotes, reyes y profetas, y mucho más—todo para sustentar una vida que apunta hacia el propósito de Dios para con todas las personas. Dicho propósito parece no lograrse por el poder del pecado tan arraigado en el corazón de Israel, pueblo que es superado por la oscuridad de sus vecinos paganos. Pero, a través de los profetas, Dios promete que un futuro Salvador traerá un reino sempiterno global en el poder del Espíritu. El mundo será renovado y el pecado y sus efectos desechados para siempre.

Esa promesa se cumple en el cuarto acto cuando Jesús de Nazaret entra en escena. Anuncia que ha sido enviado para cumplir las expectativas de Israel y su llamado de llevar la salvación de Dios a un mundo quebrantado (Lc. 4:18-19). Anuncia también que e1 reino de Dios ha llegado, que el poder de Dios para liberar y sanar la creación está presente en él (Mc. 1:14-15; Mt. 12:28). Su vida revela y demuestra el reino. El recoge a Israel para que sea el punto de reunión para todas las naciones. Con su muerte logra la victoria del Reino. Su resurrección garantiza la realidad del reino.

Antes de ascender al Padre, Cristo reúne a los discípulos, el núcleo del nuevo Israel, y les da sus instrucciones: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.” (Jn. 20:21). Esto define la existencia de la comunidad de seguidores de Cristo: son llamados a continuar lo que Jesús empezó: dar testimonio del Reino. Lo que Jesús hizo en Israel, la iglesia ha de hacer en todo el mundo. La misión de esta comunidad, de seguir dando testimonio del Reino, constituye el quinto acto del relato bíblico. Esta “era de testimonio” ya ha durado cerca de dos mil años y continuará hasta que Jesús regrese para completar su obra renovadora. Esa obra final del juicio y renovación de la creación entera constituirá el sexto y último acto en la historia del mundo.

Esta imagen de una obra de seis actos enfatiza que hay una unidad narrativa, una sola historia que une todas las partes. Además, nos muestra que hay una estructura progresiva que se va desenvolviendo. El problema ha sido que muchas veces no entendemos la Biblia como una sola historia. Lesslie Newbigin cuenta la historia de un erudito hindú que una vez escuchó quejarse de los cristianos por haber éstos malinterpretado la Biblia: “No puedo entender porque ustedes los misioneros nos presentan la Biblia en la India como un libro de religión. No es un libro de religión—y de todas maneras ya tenemos muchos libros de religión. ¡No necesitamos más! Encuentro en su Biblia una interpretación única de la historia universal, la historia de toda la creación y de la raza humana. Y, por lo tanto, una interpretación única del ser humano como un actor responsable en la historia. Eso es algo único. No hay nada en toda la literatura religiosa del mundo que se pueda comparar con ella.” Su queja era que la Biblia contaba una sola historia del mundo, del mundo entero, que se iba desenvolviendo—la historia universal, la verdadera historia del mundo—pero que los cristianos la habían reducido a un libro de verdades religiosas o teológicas, o hasta cosmonómicas.

¿Cómo pudo pasar esto en la comunidad cristiana? Al dividir el relato bíblico en pedazos o partes. Algunos dividen la Biblia en textos teológicos aislados [proof texting] y reconstruyen las verdades para crear una teología sistemática. Otros usan los libros devocionales para dividir la Biblia en pedacitos que ofrecen promesas confortantes y exhortaciones desafiantes. Otros dividen la Biblia en partes pequeñas que proporcionan una guía ética. Hasta es posible minar la estructura narrativa de las Escrituras al reducir las enseñanzas bíblicas a una cosmovisión de creación-caída-redención. Perder la gran narrativa de las Escrituras es un asunto serio; no es simplemente una cuestión de malinterpretar algunas partes de ellas. Al hacerlo, no sabemos CUAL HISTORIA ESTÁ MOLDEANDO NUESTRAS VIDAS. Alguna historia ha de moldear nuestras vidas. Cuando la Biblia se divide en pedacitos teológicos, devocionales, espirituales, éticos, o cosmonómicos, estos pueden acomodarse fácilmente con el relato imperante de nuestra cultura con todos sus ídolos. Uno puede ser teológicamente ortodoxo, devocionalmente piadoso, moralmente correcto, o hasta tener sus categorías cosmonómicas en orden, y aun así ser moldeado en gran manera por la historia idólatra de Occidente. La Biblia pierde su poder formativo y persuasivo al ser absorbida en una historia secular más abarcadora.

Esto no quiere decir que no haya un lugar para la teología sistemática, las lecturas devocionales, la ética bíblica, o la elaboración de una cosmovisión bíblica. De hecho, todos estos usos de las Escrituras son válidos. Plantearemos más adelante que la exposición de una cosmovisión es esencial para preparar la iglesia para su misión de dar a conocer el evangelio. El problema se presenta cuando cualquiera de esos usos pierde su fundamento en el contexto narrativo de las Escrituras y se convierte en un pedazo abstracto que se acomoda a un relato más abarcador que no tiene sus raíces en las Escrituras.
Como dice Lesslie Newbigin, “La manera en que entendemos la vida humana depende de la forma en que concebimos la historia humana. ¿Cuál es la verdadera historia de la cual la historia de mi vida forma parte?” … No hay una forma más básica en que los seres humanos interpreten sus vidas que en una historia.

La historia en la Biblia nos cuenta cómo es el mundo en realidad. No es simplemente algo como un cuento local acerca de cierto grupo étnico o religión. Hace una afirmación basada en los hechos acerca del mundo; es una verdad pública. El relato bíblico abarca toda la realidad—norte, sur, este y oeste; pasado, presente y futuro. Empieza con la creación de todas las cosas y termina con la renovación de todas las cosas. En medio ofrece una interpretación del significado de la historia cósmica. En el lenguaje de la posmodernidad, es una gran historia o una meta-narrativa. En el lenguaje de Hegel, es la historia universal.

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