La trama de la Biblia – el Pentateuco

Un amigo elaboró su propio resumen de  la trama de la Biblia entera. Aquí la historia en los primeros cino libros.

Génesis

El mismo Dios que liberó a Israel de la esclavitud en Egipto e hizo un pacto con ellos para que fueran su pueblo es el creador del mundo. Creó el mundo para ser su templo y luego puso su “imagen” en él en la forma de seres humanos.

… y dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domést
icos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo.» Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo.» Génesis 1: 26-28

Pero su mundo se echó a perder cuando estos seres humanos tomaron la decisión de hacer caso omiso de sus instrucciones y buscar su propio camino y autonomía. Esta transgresión trajo como resultado “maldiciones” y la pérdida de la comunión con Dios. Como consecuencia, el comportamiento humano y la sociedad se volvieron cada vez más corruptos. Los capítulos 3-11 nos ofrecen un rayo de esperanza. La maldición de Dios sobre la serpiente va a ser recordada por los profetas en el futuro:
“Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón.” Génesis 3:14-15.

El estado de los asuntos humanos empeoró progresivamente. Eliminar a los seres humanos y empezar de nuevo con una sola familia no sirvió de nada. El problema básico seguía igual. Así que Dios escogió a un hombre y sus descendientes, y puso en marcha un plan para recuperar y restaurar su creación. Dios le prometió a Abraham que bendeciría a él y a su descendencia. De sus descendientes formaría una nación y a través de ellos extendería la bendición al resto del mundo.

“El Señor le dijo a Abram: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” Génesis 12:1-3

El heredero de Abraham fue Isaac, y el heredero de Isaac fue Jacob. Jacob tuvo doce hijos, y las doce tribus de Israel se formaron a partir de esos hijos.
José, el hijo favorito de Jacob, fue vendido como esclavo en Egipto por sus propios hermanos envidiosos. Como resultado, se encontró en un puesto donde aconsejaba a nada menos que al rey de Egipto (el Faraón). Su sabia interpretación de los sueños del Faraón salvó el país (y toda esa parte del mundo) de la inanición en un tiempo de hambruna. En agradecimiento, el padre de José y sus hermanos fueron invitados por el Faraón a reasentarse en Egipto. El relato deja claro que Yahveh estaba organizando las cosas para llevar a cabo sus propósitos.

Éxodo

Eventualmente, sin embargo, los descendientes de los doce hijos de Jacob llegaron a ser tan numerosos que, por temor, un rey egipcio posterior decidió controlarlos por medio de la esclavitud. Después de varios cientos de años, Dios llamó a Moisés para que exigiera la liberación de su pueblo y lo condujera a una tierra que había preparado para ellos. Después de una serie de milagros que demostraron su poder, el rey egipcio finalmente cedió y liberó a los judíos.

El pueblo entero hizo maletas y se fue. El rey cambió de opinión y los persiguió con su ejército. Sin embargo, Dios actuó de nuevo con poder para librar a su pueblo, lo que les permitió escapar a través del Mar Rojo, mientras que el ejército egipcio fue destruido en el mar.

Yahveh anunció que había llamado a este pueblo para que fuera su propia posesión, un reino de sacerdotes y una nación distinta y diferente de todas las demás (19:5-6). Él sería su rey y su “padre”. Esta relación se llamaba un pacto. Yahveh les dio una serie de enseñanzas (Torá*) que especificaba la parte que les tocaba a ellos bajo el pacto. Estas instrucciones se resumieron en las “diez palabras” o “diez mandamientos,” escritos en tablas de piedra. Otras instrucciones ampliaban esos diez, incluyendo detalles sobre cómo adorar a Yahveh, que iba a habitar en medio de ellos, y cómo vivir en armonía unos con otros y con la gente a su alrededor. Tenían que vivir su vida con base en esas instrucciones. Por su parte, Yahveh les bendeciría con abundancia en la tierra que les iba a dar y con la victoria sobre los enemigos que les amenazaban.

(* Torá casi siempre se traduce como “ley”, con base en la traducción griega de las escrituras hebreas y el uso de esa traducción por parte de Pablo. Básicamente, significa “instrucción”.)

Sin embargo, rompieron el pacto casi inmediatamente, mucho antes de su llegada a la tierra prometida. Mientras Moisés no estaba, los israelitas construyeron una imagen de culto. Yahveh les mostró misericordia y pasó esto por alto, pero la historia a partir de ahí es repetida infidelidad por parte de Israel, echando por tierra los propósitos y las condiciones del pacto.

Un punto alto con que termina el libro es el tabernáculo. Yahweh dio instrucciones para que se construyera una tienda de campaña muy elaborada en la que “habitaría” y estaría en medio de su pueblo. El tabernáculo fue construido, y “la gloria de Jehová llenó el tabernáculo” (Éxodo 40:34).

Levítico

En general, el tercer libro del Pentateuco da instrucciones detalladas relacionadas con el culto, los sacerdotes, las fiestas y la pureza sexual. Sin embargo, el capítulo 19 habla de la santidad en el contexto de una reformulación y elaboración más completa de los Diez Mandamientos. Presenta instrucciones de cómo proveer para los pobres y los extranjeros que vivían entre los israelitas, y cómo tratar con y llevarse bien los vecinos: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El capítulo 25 presenta instrucciones similares.

Números

El libro comienza y termina con censos. En medio, Moisés conduce a los israelitas, refunfuñando y quejándose, a través del desierto hasta las fronteras de la tierra prometida. Envía exploradores que luego reportan que la tierra es rica y fértil, como se había prometido. Sin embargo, también señalan que los ocupantes enemigos de la tierra son formidables. El pueblo se rebela por falta de fe. Como consecuencia, Yahweh decide que este grupo no ha de entrar en la tierra. Moisés debe guiarlos por el desierto durante 40 años hasta que esa generación haya muerto. Hasta al mismo Moisés se le niega la bendición de entrar en la tierra. La razón: “Por no haber confiado en mí, para mostrar mi santidad ante los ojos de los hijos de Israel”. (Números 20:12) En el capítulo 24, hay un extraño relato de un profeta no israelita de Moab, encargado de pronunciar una maldición sobre los israelitas. En lugar de eso, Yahweh pone palabras en su boca y pronuncia profecías sobre el futuro de Israel, incluyendo las siguientes:

“Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca. Una estrella saldrá de Jacob; un rey  surgirá en Israel. Aplastará las sienes de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set”.
La profecía parece tratarse de las hazañas de un futuro rey-guerrero de la joven nación. Lo interesante de la profecía es que uno de sus logros va a ser aplastar la cabeza de Moab. Tal vez recuerdes que la “simiente de la mujer” va a tratar a la serpiente del mismo modo. Jacob también habló de este futuro rey en los últimos días de su vida, cuando estaba bendiciendo a sus doce hijos. Este rey sería un “León de la tribu de Judá”.
“Mi hijo Judá es como un cachorro de león que se ha nutrido de la presa. Se tiende al acecho como león, como leona que nadie se atreve a molestar. El cetro no se apartará de Judá, ni de entre sus pies el bastón de mando, hasta que llegue el verdadero rey, quien merece la obediencia de los pueblos”. (Génesis 49:9-10).

Deuteronomio

Este libro recoge las exhortaciones que Yahweh le da a Moisés para la nueva generación de Israel. El objetivo es preparar a las generaciones presentes y futuras para vivir en la tierra y cumplir las condiciones del pacto. En consecuencia, incluye un replanteamiento del propósito de la existencia de Israel: ser el escaparate de la humanidad de Yahweh entre las naciones paganas (4:5-7). Incluye un replanteamiento de los Diez Mandamientos (5:6-21). Recuerda a Israel quien es su Dios y quien debería ser para ellos.
“Escucha, pueblo de Israel! Nuestro único Dios es el Dios de Israel. Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales. Apréndete de memoria todas las enseñanzas que hoy te he dado, y repítelas a tus hijos a todas horas y en todo lugar: cuando estés en tu casa o en el camino, y cuando te levantes o cuando te acuestes. Escríbelas en tiras de cuero y átalas a tu brazo, y cuélgalas en tu frente. Escríbelas en la puerta de tu casa y en los portones de tu ciudad.” Deuteronomio 6:4-9

Deuteronomio agrega a las enseñanzas proporcionadas a la generación original. El libro concluye con promesas de “bendiciones” y “maldiciones” para Israel, en función de si son fieles al pacto que han acordado. Las bendiciones si son fieles en cumplir las enseñanzas de Yahweh son más prominentes en el capítulo 28. Pueden resumirse como prosperidad y abundancia en la tierra, así como dominio sobre sus enemigos. Las maldiciones por desobedecer las enseñanzas de Yahweh se detallan en los capítulos 28 y 29. Estas incluyen la pérdida de cosechas y la opresión de sus enemigos. Si desobedecen de forma persistente, enemigos extranjeros se los llevarán de su tierra por la fuerza y los mantendrán en cautiverio en tierras desconocidas. Hay indicaciones en el relato de que Moisés no está nada seguro de que Israel tomará la Torá en serio. Parece esperar lo peor.

Sin embargo, el Capítulo 30 ofrece esta promesa:

“Ahora saben las bendiciones que recibirán si obedecen a Dios, y las maldiciones que recibirán si no lo obedecen. Si Dios los castiga y los envía lejos de su país, piensen en todo esto que les he dicho. Si ustedes y sus hijos se arrepienten, y de nuevo deciden obedecer a Dios con toda su mente y todo su ser, y cumplen las leyes que les he dado, Dios les tendrá compasión y los volverá a bendecir. Los hará volver de los países a los cuales los envió. Aun si ustedes se encuentran muy lejos, Dios los buscará y los traerá de nuevo al país que prometió a sus antepasados. Allí prosperarán y tendrán más hijos que sus antepasados. Dios hará que se olviden de hacer el mal. Entonces ustedes y sus descendientes lo amarán y lo obedecerán con toda su mente y con todo su ser, y no por obligación. Así podrán vivir muchos años. Dios hará que caigan maldiciones sobre los enemigos de ustedes, que con tanto odio los han perseguido. Pero ustedes deberán arrepentirse y cumplir los mandamientos que hoy les he dado. Si lo hacen, Dios volverá a estar contento con ustedes, y hará que les vaya bien en todo. Tendrán muchos hijos y muchas hijas, y mucho ganado y abundantes cosechas. Dios volverá a bendecirlos como antes lo hacía con sus antepasados. Todo lo que tienen que hacer es arrepentirse de sus pecados y obedecer a Dios con toda su mente y con todo su ser. Obedezcan todos los mandamientos que les ha dado en este libro. Estos mandamientos son fáciles de obedecer, y cualquiera puede cumplirlos. No son difíciles de entender, ni hace falta que alguien se los explique para que puedan obedecerlos. Al contrario, son tan fáciles que cualquiera puede entenderlos, y ya los tienen en la mente y en los labios. Todos pueden meditar en ellos, y hablar de ellos y obedecerlos.”
Deuteronomio 30:1-14

El Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia) fue escrito para que Israel conociera el propósito de su vocación y del pacto que el Dios Creador había hecho con ellos. La historia de los patriarcas vincula a Israel como pueblo con las promesas hechas a Abraham, las cuales aparecen después del relato de Génesis 1-11 y se relacionan con la caída en Génesis 3. En Deuteronomio, Moisés no parece creer que Israel será fiel a su vocación y su pacto. El hecho es que el pueblo que Dios eligió se convirtió en parte importante del problema y no estaba de ninguna manera entonado con sus intenciones. Salvo algunos de los requisitos con respecto al culto religioso, hicieron caso omiso de sus instrucciones. Eventualmente, Yahweh consideró necesario disciplinarlos, como Moisés los había advertido en Deuteronomio 28-29. A pesar del aparente fracaso de este plan, hay otro tema profético que se repite en todo el Pentateuco y que sugiere la emergencia en el futuro de un poderoso rey-guerrero que triunfará sobre la serpiente y los enemigos del pueblo de Dios.
Finalmente, en Deuteronomio 18:15-22 hay una predicción profética en el sentido de que un día Yahweh levantará otro profeta como Moisés. Cuando el editor de Deuteronomio agregó el capítulo 34–tal vez durante el exilio babilónico, o incluso más tarde–señaló que un profeta de esa naturaleza no había surgido todavía (34:10-12). Josué quizá fue un líder más carismático que Moisés, pero el escritor inspirado considera a Moisés el más grande de los líderes de Israel, porque conoció a Dios “cara a cara” (34:10).

Así que, Moisés murió y a Josué le quedó la tarea de dirigir la entrada de Israel en la Tierra Prometida.

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