Misreading Scripture with Western Eyes: Removing Cultural Blinders to Better Understand the Bible

Un libro en inglés, publicado en el 2012, que analiza cómo leemos la Biblia según nuestro contexto cultural. Por ejemplo, en un experimento se le pidió a un grupo grande de norteamericanos que contaran la historia del hijo pródigo. Muy pocos mencionaron la hambruna que le instó a volver a casa. En cambio, la gran mayoría de un grupo de rusos sí la mencionaron, porque cientos de miles de rusos murieron de hambre en la Segunda Guerra Mundial.

Western eyes portada

Disponible en Amazon

“En una tarde cálida y clara del verano del 2002, nos encontrábamos parados en medio de las pocas piedras visibles que quedan de la antigua ciudad de Laodicea. Randy era el profesor y yo, Brandon, un estudiante que por varias semanas iba a seguir los pasos de Pablo a través de Turquía y Grecia. Mientras estábamos en el vecindario, también visitamos las ciudades que albergaban las siete iglesias del Apocalipsis de Juan. Laodicea era una de ellas. De esa ciudad, ahora en ruinas, el Señor resucitado había dicho: “ Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16).

En mi infancia, había escuchado un montón de sermones acerca de este breve pasaje. Mis líderes religiosos generalmente interpretaban las palabras ‘caliente’, ‘frío’ y ‘tibio’ como designaciones de compromiso espiritual. Eugene Peterson llama a esto el “espectro de espiritualidad de Laodicea.” Esta interpretación sugiere que Jesús quiere que seamos calientes con celo espiritual, pero que, lamentablemente, muchos de nosotros, al igual que la iglesia de Laodicea, somos tibios. Creemos en Jesús, pero no tomamos nuestra fe suficientemente en serio. Eso es inaceptable, ya que Jesús preferiría que fuéramos completamente fríos –perdidos– en vez de tibios en la fe. Nunca entendí por qué la cosa era así, pero el significado del texto parecía evidente, así que me esforcé por mantener encendido el fuego del evangelio.

En el verano del 2002, sin embargo, parado ahí entre las ruinas de Laodicea, se presentó otra interpretación de ese famoso pasaje. Varios kilómetros al noroeste de Laodicea, en lo alto de una pequeña montaña, hay una ciudad llamada Hierápolis. En la base de Hierápolis hay una extraordinaria formación geológica producida por las aguas termales que salen a la superficie alrededor de la ciudad. Incluso hoy en día, la ciudad es conocida por sus baños minerales humeantes. A través de los siglos, los manantiales subterráneos han creado un depósito de calcio, blanco como la nieve, conocido en turco como Pamukkale, o “castillo de algodón”, que cae en cascada por las laderas como hielo. Desde nuestro punto estratégico en Laodicea, Hierápolis brillaba como una pista de esquí en la que recién cayó nieve.

Más o menos a la misma distancia de Laodicea en la dirección opuesta se encuentra Colosas. En el 2002, la ciudad no había sido excavada todavía, por lo que no podíamos verla, pero es casi seguro que en el primer siglo uno podía ver Colosas desde Laodicea. Epafras, el colega de Pablo, trabajaba en Colosas, y en Laodicea y Hierápolis también (Colosenses 4:13). La ciudad era menos importante que Laodicea, pero tenía una cosa que Laodicea no tenía: una manantial de agua dulce fría. De hecho, el agua –o la falta de ella– era lo que distinguía a Laodicea. A diferencia de sus vecinos, Laodicea no tenía manantial alguna. Tenía que importar su agua a través de acueductos de otros lugares: agua mineral caliente desde Hierápolis, o agua fría desde Colosas. El problema era que cuando el agua de cualquiera de las dos ciudades llegaba a Laodicea, había perdido las cualidades por las cuales era famosa. El agua caliente ya no estaba caliente, y el agua fría ya no estaba fría. La gente de Laodicea tenía toda el agua tibia que podía beber. Seguramente, ellos deseaban que su agua fuera una cosa u otra –caliente o frío. No hay mucho que se pueda hacer con agua tibia.

Me imagino que el significado de la advertencia del Señor era claro para los de Laodicea. Deseaba que su gente fuera caliente (como las aguas saludables de Hierápolis) o fría (como las refrescantes aguas de Colosas). En cambio, su discipulado era común y corriente.

El punto de esta historia es que el lugar donde nos encontramos influye en cómo leemos –y aplicamos– la Biblia. En las tradicionales reuniones de avivamiento del cristianismo de Norteamérica, el texto se lee como una advertencia en contra del compromiso cristiano nominal. Eugene Peterson explica lo que dicha interpretación exigía de los líderes religiosos de su juventud (y de la mía también): “La prioridad de cada pastor era mantener a la gente ‘en fuego’ por Jesús. La adoración en general, y el sermón en particular, eran un fuelle para soplar las brasas y provocar llamas.” “Caliente” (comprometido) era lo mejor, pero “frío” (perdido) era preferible a “tibio” (nominal), ¡porque por al menos era honesto! Desde las calles de mármol de Laodicea, caliente y frío son igualmente aceptables. En ambos lugares y épocas, el significado puede parecer evidente, a pesar de que las interpretaciones son claramente diferentes. No importa el lugar y la época en que la gente lee la Biblia, instintivamente echamos mano de nuestro propio contexto cultural para dar sentido a lo que estamos leyendo.”

E. Randolph Richards; Brandon J. O’Brien. Misreading Scripture with Western Eyes: Removing Cultural Blinders to Better Understand the Bible. 2012.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s