Comentario sobre el papel de la mujer en la Iglesia

Mujeres obispos: el asunto tiene que ver con la Biblia, no con las falsas ideas del progreso. Por Tom Wright

 Carta publicada en el periódico inglés The Times el 23 de noviembre del 2012

Exhortar a la Iglesia Anglicana a que “se despabile” diluye el argumento a favor de mujeres obispos

“Pero eso sería volver al pasado,” dice boquiabierto un funcionario irresponsable en una de las historias de C S Lewis. “¿No sabes nada del progreso, del desarrollo?”

“He visto los dos en un huevo,” responde el joven héroe. “En Narnia decimos que se puso mal.”

Lewis da en el clavo contra una mentira que está en lo más profundo de nuestra cultura. Mientras sigamos repitiéndola, nunca entenderemos nuestro mundo, y mucho menos la vocación de la Iglesia. Y hasta que los proponentes de mujeres obispos dejen de utilizarla, los argumentos bíblicos a favor la ordenación de las mujeres nunca van a aparecer con toda su fuerza.

Nosotros, más que nadie, deberíamos entender. El “progreso” nos dio la medicina moderna, la democracia liberal, la Internet. También nos dio la guillotina, el Gulag y las cámaras de gas. En la década de los 1920, la elite intelectual occidental supuso que “la historia” se estaba alejando de la confusión y el desorden de la democracia hacia el nuevo mundo del comunismo ruso. En la década de los 1930 en Alemania, muchos consideraban que Dietrich Bonhoeffer y sus amigos estaban del lado equivocado de la historia. El punto fuerte de la postmodernidad es que las grandes historias nos han defraudado. Y la mayor de todas era el mito modernista del “progreso”.

“En Narnia decimos que se puso mal.” De acuerdo.

De nada sirve, entonces, decir, como lo hizo el Primer Ministro David Cameron, que la Iglesia Anglicana debería “despabilarse” en cuanto a las mujeres obispos. Y el Parlamento no debería tratar de forzar la Iglesia a actuar en relación con este asunto ni cualquier otro. Esa amenaza de interferencia política. . . la insistencia en que el Estado debe tener la última palabra en los asuntos de la Iglesia, se resistiría si se trataba de un intento de bloquear una reforma, y es una vergüenza que los “liberales” de la Iglesia la invoquen para su propia causa. La Iglesia que se olvida de decir “hay que obedecer a Dios antes que a las autoridades humanas” se ha olvidado de lo que significa ser la Iglesia. En todo caso, el espíritu de la época es notoriamente caprichoso. . .

Lo que es más, los documentos fundamentales de la Iglesia (por no hablar de su propio Fundador) se encontraban notoriamente en el lado equivocado de la historia. San Pablo dijo que para los griegos el Evangelio era una locura, y para los judíos un escándalo. Los primeros cristianos eran conocidos por creer en todo tipo de cosas ridículas, tales como la humildad, la castidad y la resurrección, por defender a los pobres y por colocar a los esclavos en el mismo nivel que las personas libres. Y por valorar a las mujeres más de lo que nadie lo había hecho nunca. La gente pensaba que estaban locos, pero siguieron con su Evangelio contra-cultural. Si la Iglesia hubiera permitido que los primeros ministros les dijeran qué tenían que hacer, en cincuenta años se habría hundido sin dejar rastro. Si Jesús hubiera permitido que Caifás o Poncio Pilato le dijera lo que tenía que hacer, nunca habría habido una Iglesia.

Entonces, ¿cuál es el verdadero argumento? La otra mentira que hay que aclarar es que las personas que “creen en la Biblia” o que “la entienden literalmente” se opondrán a la ordenación de mujeres. Tonterías. Sí, I Timoteo ii suele entenderse como una prohibición a que las mujeres enseñen a los hombres. Pero los estudiosos serios no se ponen de acuerdo acerca de su significado real, ya que las palabras griegas clave no ocurren en ninguna otra parte. En cualquier caso, ese no es el lugar correcto dónde empezar.

Todo ministerio cristiano comienza con el anuncio de que Jesús ha resucitado de entre los muertos. Y Jesús encomendó esa tarea, en primer lugar, no a Pedro, Santiago o Juan, sino a María Magdalena. Parte del sentido de la nueva creación lanzada en el Domingo de Resurrección era la transformación de los papeles y las vocaciones: de sólo para judíos a para todo el mundo, de monolingüe a plurilingüe (pensemos en Pentecostés), y del liderazgo de sólo los hombres a los hombres y mujeres trabajando juntos.

En unas pocas décadas, Pablo estaba enviando saludos a sus amigos, incluyendo a un “apóstol” llamada Junia (Rom. xvi, 7). Él confió esa carta a una diaconisa llamada Febe, quien iba para Roma por razones de trabajo. Normalmente, la portadora de una carta sería la persona que la leería a los destinatarios y explicaría su contenido. La primera expositora de la carta más grande de Pablo era una mujer de negocios ordenada [autorizada por Pablo].

La resurrección de Jesús es la única guía cristiana a la pregunta de hacia dónde se dirige la historia. A diferencia del “progreso” ambiguo de la Ilustración, está llena de promesas – especialmente la promesa de roles de género transformados.

La promesa de la nueva creación, simbolizada por el papel de María Magdalena en los relatos de Semana Santa, es la realidad. Las ideas modernas acerca del “progreso” son simplemente una parodia. La próxima vez que se presente ésta, sería bueno olvidarse del “progreso” – y los consejos de políticos – y aferrarse a la promesa.

Tom Wright, anteriormente Obispo de Durham, es profesor de investigación del Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo de la Universidad de Saint Andrews en Escocia.

 

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